ayer, buscando una foto mía de bebé me encontré con una foto con mi padre en la que puedo haber tenido 6 o 7 años. mi padre esta increiblemente apuesto en esa foto (barba de un día, aun pocas canas, está joven).
me puse a pensar en él. hace rato que vengo pensando en él.
hasta ahora he hablado de los aportes por rama femenina, salvo mi abuelo, pero era también del lado materno. pensaba en mi padre y en lo mucho en que me parezco a él. no sólo en lo fisonómico, sino en el carácter. los dos de leo, los dos caballos.
de chica tuve mi complejo de electra con mi padre, bien resuelto, por suerte. pero siempre lo ví como un hombre fuerte, decidido, importante y lindo. claro que después viene la adolescencia y una reniega, se cura y rompe. pero siempre sentí admiración por mi padre.
tenemos parecido en nuestra timidez, en nuestra incapacidad de hablar de lo que nos pasa y en nuestra forma brutal de meter la mata y decir cosas inapropiadas en momentos inapropiados. somos ambos fieles y mantenemos nuestra palabra a rajatabla.
somos tan parecidos que muchas veces, chocamos. de grande, he mantenido discusiones políticas con él muy fuertes que me alejan de su manera de pensar y ver las cosas, pero que sin embargo, nos acerca en otras tantas. las discusiones sobre política nacional han quedado vedadas entre nosotros. con los años he percibido que mi padre me eligió un poco como su confesora. me ha contado muchas cosas de cómo estaba él y de percepciones sobre nuestra familia de las que hemos compartido largas charlas, como en aquellos 900 km que hicimos cuando me vino a ayudar con la mudanza de Mercedes.
durante mucho tiempo me pesó no ser la hija que él hubiera deseado tener. es decir, él se imaginaba una hija a la que le pudiera comprar vestiditos (sólo me pudo comprar uno, ya que en edad temprana me negué rotundamente a llevarlos), pudiera bailar el vals de 15 (no hice fiesta por el mismo motivo: vestiditos) y llevara al altar en vestido de novia (y dale con los vestiditos, aunque lo del altar esté por verse).
durante mucho tiempo me sentí en falta con ese hombre que dió todo por mi. que me ama y que daría todo por mi felicidad. ese hombre que me sobreprotegió (ese es mi único reproche de crianza, pero bueno que le vamos a hacer). pero es que nunca me salió ser como a mi me parece que a él le hubiera gustado que yo sea.
sin embargo, el día de la defensa de mi tesis algo cambió. ellos no vinieron a verme (cuestiones de nervios y distancia) así que cuando terminó la defensa los llamé para avisarles que todo había salido bien. y cuando le dije, oí sus lagrimas de orgullo, sentí que él se sentía orgulloso de su hija. pero no fue ahí donde me di cuenta, sino mucho después cuando supe que él estaba orgulloso de mi por lo que soy y no por lo que a él le hubiera gustado que yo sea. se bancó comerse sus deseos de ver a su hijita en vestidito o de bailar el vals de 15 con ella para que su hija sea lo que ella quisiera ser. sé comió sus lágrimas el día que me vine a capital, en una despedida que en ese momento no entendí, pero que a la distancia comprendo.
nunca hablé sobre mi sexualidad con él, pero sé que lo sabe y me apoya. sé que comprende lo que soy y en lo que me convertí y está orgulloso de eso.
y él no sabe que fue mi mejor ejemplo de muchas de las virtudes que tiene la masculinidad bien entendida, que respeta y que hace respetar los deseos del otro. él me enseñó que ser hombre no implicaba amar a la violencia ni irse de las manos ni gritar. él me enseñó las buenas cualidades de la masculinidad que se esmera por ser buenos padres, respetables hombres, respetando a las mujeres como iguales. me lo enseño en el equipito que siguen formando con mi madre. en donde una no se imagina a los dos por separado. sé que tuvo que aprender a tragarse un poco su orgullo y modificar algunas cosas de masculinidad aprendidas por siglos. pero lo aprendió. y siguió. y me enseño a respetarme y a respetar.
en estos días hay veces que me hubiera gustado poder darle el gusto de ponerme un vestidito y bailar con él vals de 15. pero me gusta más decir que tengo un padre que supo renunciar a sus deseos para que su hija fuera lo que ella quisiera ser. fue mi mejor lección de respeto y amor. del más inconfundible. te quiero papá.
me puse a pensar en él. hace rato que vengo pensando en él.
hasta ahora he hablado de los aportes por rama femenina, salvo mi abuelo, pero era también del lado materno. pensaba en mi padre y en lo mucho en que me parezco a él. no sólo en lo fisonómico, sino en el carácter. los dos de leo, los dos caballos.
de chica tuve mi complejo de electra con mi padre, bien resuelto, por suerte. pero siempre lo ví como un hombre fuerte, decidido, importante y lindo. claro que después viene la adolescencia y una reniega, se cura y rompe. pero siempre sentí admiración por mi padre.
tenemos parecido en nuestra timidez, en nuestra incapacidad de hablar de lo que nos pasa y en nuestra forma brutal de meter la mata y decir cosas inapropiadas en momentos inapropiados. somos ambos fieles y mantenemos nuestra palabra a rajatabla.
somos tan parecidos que muchas veces, chocamos. de grande, he mantenido discusiones políticas con él muy fuertes que me alejan de su manera de pensar y ver las cosas, pero que sin embargo, nos acerca en otras tantas. las discusiones sobre política nacional han quedado vedadas entre nosotros. con los años he percibido que mi padre me eligió un poco como su confesora. me ha contado muchas cosas de cómo estaba él y de percepciones sobre nuestra familia de las que hemos compartido largas charlas, como en aquellos 900 km que hicimos cuando me vino a ayudar con la mudanza de Mercedes.
durante mucho tiempo me pesó no ser la hija que él hubiera deseado tener. es decir, él se imaginaba una hija a la que le pudiera comprar vestiditos (sólo me pudo comprar uno, ya que en edad temprana me negué rotundamente a llevarlos), pudiera bailar el vals de 15 (no hice fiesta por el mismo motivo: vestiditos) y llevara al altar en vestido de novia (y dale con los vestiditos, aunque lo del altar esté por verse).
durante mucho tiempo me sentí en falta con ese hombre que dió todo por mi. que me ama y que daría todo por mi felicidad. ese hombre que me sobreprotegió (ese es mi único reproche de crianza, pero bueno que le vamos a hacer). pero es que nunca me salió ser como a mi me parece que a él le hubiera gustado que yo sea.
sin embargo, el día de la defensa de mi tesis algo cambió. ellos no vinieron a verme (cuestiones de nervios y distancia) así que cuando terminó la defensa los llamé para avisarles que todo había salido bien. y cuando le dije, oí sus lagrimas de orgullo, sentí que él se sentía orgulloso de su hija. pero no fue ahí donde me di cuenta, sino mucho después cuando supe que él estaba orgulloso de mi por lo que soy y no por lo que a él le hubiera gustado que yo sea. se bancó comerse sus deseos de ver a su hijita en vestidito o de bailar el vals de 15 con ella para que su hija sea lo que ella quisiera ser. sé comió sus lágrimas el día que me vine a capital, en una despedida que en ese momento no entendí, pero que a la distancia comprendo.
nunca hablé sobre mi sexualidad con él, pero sé que lo sabe y me apoya. sé que comprende lo que soy y en lo que me convertí y está orgulloso de eso.
y él no sabe que fue mi mejor ejemplo de muchas de las virtudes que tiene la masculinidad bien entendida, que respeta y que hace respetar los deseos del otro. él me enseñó que ser hombre no implicaba amar a la violencia ni irse de las manos ni gritar. él me enseñó las buenas cualidades de la masculinidad que se esmera por ser buenos padres, respetables hombres, respetando a las mujeres como iguales. me lo enseño en el equipito que siguen formando con mi madre. en donde una no se imagina a los dos por separado. sé que tuvo que aprender a tragarse un poco su orgullo y modificar algunas cosas de masculinidad aprendidas por siglos. pero lo aprendió. y siguió. y me enseño a respetarme y a respetar.
en estos días hay veces que me hubiera gustado poder darle el gusto de ponerme un vestidito y bailar con él vals de 15. pero me gusta más decir que tengo un padre que supo renunciar a sus deseos para que su hija fuera lo que ella quisiera ser. fue mi mejor lección de respeto y amor. del más inconfundible. te quiero papá.
foto: mi padre y mi hermano, nótese la herencia peterpaniana que llevo en la sangre.
10 comentarios:
Tali, muy bella la semblanza de su Padre; con bellas y sentidas palabras, para el post. Felicitaciones por Ud. y su Padre.
Saúdos
Deveraz, lindo y edificante.. Es bueno saber que esas relaciones de crecimiento existen, sobre todo siendo filiales.. Pues las mias han sido un poco traumaticas... Me alegra por ud... Con razón la madera...
Se cuida
Lo que he leído hoy... hermoso.
un beso (y una palmadita en el hombro)
Del orden de la nobleza.
Sí, lo sé, del linaje.
Y también de noble, de persona noble..
De usted.
Felicitaciones.
Beso
Anda, díselo
Cuando entro a internet me invade una gran curiosidad por saber que me espera con usted... que nueva sorpresa habrà al leer su blog... y cada dìa es mejor!! Ha removido con esto fibras muy sensibles, precisamente 4 de septiembre es cumpleaños de mi papà y hace ya algunos años que èl no està, "anda dimelo" tiene razòn, ojalà Tali que su papà conozca todo esto, el agradecimiento y la admiraciòn es algo que se lleva siempre.
Lindísimo, emotivo.
Que bueno sentir ese orgullo mutuo y poder expresarlo.
Nunca le pregunté a mi papá si estaba orgulloso de mi. Supongo que tampoco me importó demasiado saberlo.
Saludos
Artus: gracias. y mire que siempre que hablo con él me agarro a las discusiones. la cuestión es que somos muy parecidos.
salutes
Pao: de buena madera, por los dos lados. salutes
If: gracias por la palmadita, ya sé porque me lo dice. besos
Neptuno: si, claro. un linaje que me ha dejado marcas indelebles. todas. salutes
Andadimelo: ayyy que se me complica, pues soy medio secota con {el, aunque tenemos nuestros rounds de cariño... bien brutitos somos...
salutes
Merly, él lo sabe. sé que lo sabe. por eso lo dejo hoy en día ayudarme todo lo que no me pudo ayudar en su momento. salutes
Caro: a mi es algo que me agarró con la edad. siempre pensé que la hija favorita de mi padre era mi prima, pero luego me di cuenta que había tenido el valor y la entereza de poner mis deseos por sobre los suyos y ahi me di cuenta cuento me quería...
salutes
Hermoso, muy hermoso.
Te diré que aunque te parecés a tu viejo, es a tu hermano al que te veo igualita.
Beso
Erica: sos la primera que lo dice, y más sin haber visto la parte en donde más nos parecemos, que son los ojos y la mirada.
besos
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