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viernes, 15 de junio de 2012

Bugapack 24

hace muchos años, el 19 de diciembre de 2001, entré a un negocio de ropa deportiva ubicado sobre Av de Mayo. A unas cuadras nomás, empezaba de nuevo a juntarse la gente, gente que había sido echada de la Plaza y que se concentraría nuevamente con sus cacerolas y su enojo (diferente del que flamea hoy en día). 
entré y había colgada una mochila Columbia Bugapack 24 litros, pregunté el precio y me dijeron 40 pesos. La compré y desde ese momento, hasta el día que me la robaron 4 años después, la amé. Todos mis amigos sabían lo que yo quería a mi mochila, era mi caparazón. Mi mochila tenía todo lo que yo necesitaba para moverme, para vivir. Amaba esa mochila, tanto, que años después, en un congreso en Rio Cuarto vi a unos chicos que tenían esa mochila y durante varios minutos pensé en robarla. 
Esa mochila es, sin duda alguna, una buena mochila. Los cierres no se habían roto, las costuras estaban intactas, no se había descosido. Din duda, habríamos durado juntas mucho tiempo más. Las cosas no se dieron así, pero es el día de hoy que aun mido a mis mochilas con la vara de la Columbia (encontré un modelo, de otra marcar que se le parece mucho, aunque con detalles mejorados). Mi mochila siguiente fue una Montange, que como todos sabemos, pasan sin pena ni gloria. Antes Montange hacía buenas cosas, ahora no tanto. No son confiables. Pero se la bancó, esa mochila, se bancó y se sigue bancando muchas cosas. 
En el año de mi primera campaña a Ushuaia me compre otra mochila que es la que tengo hoy por hoy: una Salomon de 24 litros mentirosos, que es muy cómoda, muy buena y resistente. Llevamos juntas tres años y no tiene un atisbo de rotura. Es una buena mochila. 
Anoche soñe que me la robaban, de mi vista, trataba de buscar al que lo había hecho y no lo encontraba. Desesperación y tristeza. Darme cuenta de todas las cosas que llevo en ella, que no las tengo más. Eso es lo que me duele de mi mochila, perder cosas valiosas. 
Me levanté triste. Vi a mi mochila sobre el puf y me tranquilicé. Hay pocas cosas que me pongan tan mal como perder mi mochila. Creo que mi espíritu nómade reside en ella. Que si tengo una buena mochila, la recargo y salgo, voy a donde quiera. 
Pero mis sueños me generan angustia. No quiero que mi mochila se ponga celosa de como estuve mirando a la Outside de 23 litros. Quiero que sepa que me gustan sus detalles, los elestiquitos para sostener las correas, su buena espaldera y su cinto ancho para darle balance a la mochila. 
Quiero que lo sepa y así decide quedarse conmigo. Porque tengo esa idea primitiva y animista de que las mochilas deciden quedarse con una. Espero que las cosas que tienen adentro sigan estando conmigo. 

Para aquellos que tengan dudas: mi relación con las mochilas es fraterna, no perversa. Mis amigos han sido testigos de que las pongo sobre las sillas, las cuido y las trato como si fueran una parte de mi. No me doy cuenta, solo sé que me gustan y lo hago. Cuando me robaron la otra, mi amiga L me llamó compungida: sabía como me sentía y no quería que hiciera una locura. Esa es la relación que tengo con mis mochilas. Psicología al palo!

domingo, 14 de agosto de 2011

despedida

siempre son tristes las despedidas. bueno, algunas no, pero en general, tienen ese sabor amargo.
pero hay veces que son necesarias.
al final, se honró lo que se debía honrar. nosotras.
es mentira la frase de Serrat, nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio. es triste la verdad y es aún más triste cuando no tiene remedio.

entrás así en ese lugar reservado a las buenas minas. las minas que me quisieron. que me cuidaron. que me respetaron. entrás con honores. y me honra a mi haber sido tu compañera en este viaje. me honra haber tenido la posibilidad de amarte. y que lo hayas hecho conmigo.

la vida es todo esto, también. y pasar todo esto es parte de lo que nos ha tocado. yo no se si fue un mal timming o fue algo por lo que se debía pasar para crecer. una puede putear, una puede estar triste y enojarse. pero es así. hay veces que es así y no se puede más. y aceptar que no se puede por ahi es más doloroso que saber que no se quiso.

así que bueno, esta es mi despedida. te recordaré. con mucho amor. con todo el que te merecés. y si empezó con boleros, me voy a regalar la posibilidad de que sea uno el que lo despida. pero no uno triste. uno con música linda. como el recuerdo que me llevo de vos.





jueves, 11 de agosto de 2011

quiero

quiero.
quiero trabajar de lo que me gusta.
quiero que me cuiden de verdad.
quiero ser una persona valiente.
quiero saber que siempre hice lo posible aunque no haya dado resultado.
quiero saber que hice el menor daño posible.
quiero tener conciencia de mis errores.
quiero pedir perdón por ellos.
quiero aceptar mejor las cosas.
quiero no tener que volver a arrepentirme de algo.
quiero llenar las palanganas y seguir camino.
quiero aprender a soltar.
quiero ser soltada.
quiero ir a la opera.
quiero que hegel me de la razón una vez en la vida.
quiero París en verano.
quiero cumplir mis promesas.
quiero que cumplan sus promesas.
quiero que las palabras tengan peso y que se las respete.
quiero.


sábado, 6 de agosto de 2011

el verde no es solo de esperanza

-vos te fijas mucho en las estadísticas. para todo haces una estadística.

esto lo decía mientras se ponía una remera verde (la misma que le había sacado la noche anterior). lo decía y se reía. yo esbozaba una sonrisa envuelta en las sábanas aun sin poder despertarme, a pesar que los 30 minutos entre que sonó el despertador y ella se levantó era lo único que había podido dormir.
me lo decía mientras lo verde cubría su torso desnudo. esa noche sólo habíamos dormido juntas (para no faltar a la verdad) pero no era la primera vez que ella estaba desnuda frente a mi. y se manejaba con la soltura de quienes ya han mostrado su cuerpo ante esos ojos que la miran. linda. con tatuajes en los puntos justos (nadie puede saber cuáles son, pero una lo sabe) que la enmarcan. se reía. yo pensaba que ella sabe mierdas de mi mucho más que otras personas.
mientras iba y venía a mi se me caían las lágrimas.

ya se había bañado y mientras se ponía el pantalón me había hecho voltearme (signo sublime de de pudor) así que tenía una buena excusa para mirar por la ventana mientras le contestaba.


nos despedimos en la parada. los rastros de una noche se leían en mi cara. la sed, el insomnio, el pelo revuelto. marcas de una noche que no había sido lo recomendable por un galeno, pero que había servido.
enrolladas. al menos era el catalítico que necesitaba para largar el llanto contenido. para abrir de nuevo el apetito y para comenzar a transitar la segunda parte del plan.
una noche.

palabras trasnochadas

se me esboza una sonrisa. siempre es lindo que de la nada se te caiga una sonrisa. hablarle amablemente a alguien. sonreir.
mirar el atardecer desde la ventana de mi trabajo y ver que ya vuelve a ser cada vez más tarde. no hay nada en las cartas que no devuelva esperanza. la naturaleza es sabia. todo recomienza. la noche invernal se retira y comienza el día a hacerse un poco más largo. un poco más largo cada vez.

las grietas de borges, en donde un dios acecha, están presentes en cada una de las cosas. tengo que confiar en las grietas de borges. porque han demostrado ser persistentes. siempre pienso en ese poema. y en los puentes y su mágica escencia. el de lugar de paso. en la transición.

creo que comparto con una buena amiga la máxima hegeliana de que todo lo que es, es porque debía ser. y que no hay que tenerle miedo a eso, porque si no es, es porque no debía ser. porque hay más grietas a punto de mostrar la luz para que el camino fatal de la flecha detenga, una vez más por un rato, su camino inexorable.

y si acaso la pelota no doblara, quien te dice y soy un "tata" Brown agazapado y te hago un gol en la final. (si ud supiera la sonrisa que me sacó con esa frase, otra que saber que entre las grietas anda ud pispeando)

jueves, 28 de octubre de 2010

ojos llorosos

hombres grandes llorando. una mujer en medio. estoica. lleva 9 horas acompañando el cajón de su compañero.
acomoda los pañuelos y ciertas cosas que ha ido colocando sobre el cofre. ella. sola. nadie le ayudaba.

la gente. el llanto. el barítono cantando el Ave María. ella acercándose a una chica que llorando le pedía por favor. y ella la consolaba mientras le acomodaba el pelo en un gesto de gran cariño. extraño ¿no? la sensibilidad de una mujer en la presidencia.

gardel decía que con el llanto de un pueblo, está todo dicho.

yo vi gente llorar. yo vi gente reir. yo vi.


miércoles, 27 de octubre de 2010

Saludos al ex presidente

Su gobierno y obras fueron ricas en contradicciones. Hubo momentos, muchos por suerte, en que lo aplaudí y hasta fui a la plaza. Y hubo otros en que no podía evitar mirarlo con ojo crítico, cuestionarlo a él o a su entorno, sus motivaciones o la inteligencia misma de sus acciones.Pero las contradicciones, el conflicto y las concesiones son inherentes a la vocación política, al ejercicio del poder. Es fácil mantenerse en una pureza virginal desde afuera, cuando no se toman decisiones que afectan a miles o millones.

Se fue un tipo que gobernó la Argentina en uno de sus peores momentos políticos y sociales. Eligió fortalecer el rol del estado e instaurar una política de derechos humanos que iba a contrapelo de la década del 90. Para muchos esto fue un acto de demagogia, parte de una insaciable voluntad de poder que vio en un progresismo una fuente de legitimación. La verdad es que más allá de la mera conjetura nadie puede saber a ciencia cierta si esto fue así. Lo que para mi es cierto, o al menos va más allá de toda duda, es que Kirchner pudo gobernar de muchas formas distintas. Eligió la que eligió, y yo lo aplaudo por eso. Mi más sentido homenaje al ex-presidente.

Carlos R. Belotti.


viernes, 4 de diciembre de 2009

Agua Pasada

Hoy es viernes. iba a poner otro tema, pero Emi, me lo sugirió en un comentario. gracias por haberla hecho canción.


Lo peor del amor cuando termina
son las habitaciones ventiladas,
el solo de pijamas con sordina,
la adrenalina en camas separadas.

Lo malo del después son los despojos
que embalsaman los pájaros del sueño,
los móviles que insultan con los ojos,
el sístole sin diástole ni dueño.

Lo atroz es no querer saber quién eres,
agua pasada, tierra quemada,
que de igual esperarte o que me esperes,
que no seas tú entre todas las mujeres,
que la cuenta esté saldada.

Las canciones de amor que no quisiste
andan rodando ya por las aceras,
las tocan las orquestas de los tristes
pa´ que baile don nadie con cualquiera.

Las maletas que llegan sin tu ropa
giran perdidas por los aeropuertos,
la pasión cuando pasa es una copa
de sangre desangrada en el mar muerto.

Remendar las virtudes veniales,
condenar a galeras los archivos,
cuando al punto final de los finales
no le siguen dos puntos suspensivos.

Peor es no querer saber quién eres,
agua pasada, tierra quemada,
que de igual esperarte o que me esperes,
que no seas tú entre todas las mujeres,
que la cuenta esté saldada.




dedicado a todxs aquellxs que saben lo que esta canción significa. y a los que aun no lo saben, mi mayor deseo, que no lo sepan nunca...

lunes, 5 de octubre de 2009

two years in a journey

soplo las velitas. nuevamente.
dos años. increíble lo que pasa el tiempo. y la vida con él. dos años hace ya de la fatídica noche en la que pronunciaste las palabras "quiero tenerte en mi vida pero no te deseo como mujer".
yo no lo supe en ese momento, pero lo sé ahora, que hace dos años me subía definitivamente a la plataforma de aquel tren que me traería desde Mercedes.
dos años atrás aun no tenía ni la beca ni estaba atornillada a mi rutina de "tan arqueóloga, tan conicet, tan vos" que me hace feliz.
hace dos años tus palabras marcaban el comienzo de un viaje que no quería hacer, pero que viéndolo a la distancia ha sido uno de los mejores que he hecho. hace dos años empezaba a ser soltera de nuevo (mas no sola). hace dos años me daba cuenta que volver a enamorarme sería mi nuevo desafío, aunque hace dos años no sabía exactamente que eso volvería a suceder.
esa noche, empezaba a llorar con lágrimas que no se cansaban de caer. quizás el tiempo me ha demostrado que no fuiste la mujer que más amé, pero después de ese llanto no habrá otro llanto igual. y no porque ame menos o porque ame más. no porque no me vaya a volver a enamorar, ni tampoco porque mi proxima historia será la definitiva (no creo en historias definitivas) sino porque como dice Voltaire, una vez que desfloran a una doncella, es difícil volver a desflorarla otra vez. así con el corazón. la primera vez duele como la ostia. después ya no tanto. duele, si que sí, pero no tanto.
así que te dediqué mis mejores lágrimas, las más abundantes, las más sentidas.
te fuiste de mi vida sin más explicación que la que pobremente esgrimiste esa noche. y yo aprendí a no saber de vos. supe lo que era vivir el mundo en esa viudez sin muerte que es una separación.
es que con vos aprendí (inserte aquí la música del bolero correspondiente) qué era lo que quería de una relación. gracias a vos sé que quiero una compañera, alguien con quien compartír el viaje. me devolviste esa esperanza, nena. eso te lo agradezco tanto.
pero en ese momento todo era la desesperanza de pensar que no me volvería a enamorar y resulta que casi tres veces y seguro una vez.
y todo sigue y la vida me reecuentra esta vez con mi agradable compañía mejor que nunca. disfrutando de todo lo que me prometí disfrutar hace dos años. y vos que me queres agradecer por haberte querido tanto. flaca, si al final tenías razón: yo me merecía alguien mejor que vos. y vos lo supiste ver antes que yo. ayy de nosotros!! ¿que seríamos sin esos iluminados que nos dan los mejores consejos?.
si, merecía buscarme durante este tiempo y reecontrarme conmigo. ¿y sabés que? me caigo bien. tanto, tanto que a mi no se me vuelve "una imperiosa cuasi necesidad" saber de vos. espero, si, que estés bien. que encuentres quien te merezca y a quien vos merezcas.
hace dos años, un día como hoy, empecé este viaje. y si las cosas son como en el ying y el yang, si lo empecé llorando como una marrana, pienso terminarlo riendo feliz.
que entiendas que no estamos juntas no porque vos no quieras atarte a mi, sino porque yo no quiero estar con vos. simple como eso.
hace dos años hubiera puesto un post tristísimo. hace un año, si hubiera abierto el blog, hubiera puesto un título triste, pero hoy hace dos años, solo me resta recordarte con una sonrisa.
que favor que me hiciste, linda. y por eso, por eso nada más te voy a estar muy agradecida.
sé feliz, tan feliz como soy yo.
y no es para tanto como en esta canción, pero bueno...

domingo, 4 de octubre de 2009

el búfalo

se vino duro este año.
muchos procesos que concluyen.
muchas despedidas.
mucha gente que ya no va estar de esa manera casi tangencial pero tan necesaria en el cotidiano.
se vino duro este año.
pero me quedo con su música.
y este tema que me encanta.
ahhh. pichon! Feliz Cumpleaños, sobrino del alma! te quiero con cada pedacito de mi ser.

lunes, 1 de junio de 2009

un poco menos de jucio

sorpendida por la rapidez del dentista
hoy me he quedado con un 25 % menos de juicio
un salto evolutivo hacia una mandíbula más pequeña que el Homo Sapiens Sapiens nunca pudo completar.
ah, y me llevé la muela a casa, no vaya a ser

jueves, 2 de abril de 2009

homenaje

tenía creo que seis años y era una gurrumina.
había vivido sin entender mucho la guerra de malvinas.
mis padres lo adoraban y debe haber sido eso lo que me condujo a admirarlo también. casi una admiración visceral, sin entendimientos. se me aparecía como un hombre apasionado de mirada franca. fueron sus discursos encendidos los que actuaron en mi para volverme una niña muy política.
pero en ese momento yo tenía como seis años, estaría en primer grado y tenía que recitar un poema en un acto.
estaba muy nerviosa y parada frente a toda la escuela. mi madre, para mi horror, me había puesto vestidito (oh dios) y tenía un lazo en el pelo.
y estaba tan nerviosa que dije el poema de un saque.
y me salió bien.
y estaba tan nerviosa que cuando terminé de recitar hice el ademán que tantas veces había visto hacer a aquel hombre que mis padres tanto admiraban. crucé mis manos a la altura de mis hombros.
como signo de victoria sobre mis temores. no recuerdo, creo que sí, si el público se rió.
con todos sus aciertos, con todos sus errores. con las críticas que le puedo hacer hoy ya de grande a su gestión. se me han caido una lágrimas al saberlo muerto.
te regalo este, mi recuerdo, como homenaje. RA

lunes, 16 de marzo de 2009

la espada de odín

en el principio
en el principio ella no le gustaba a una. linda era, sin lugar a dudas, pero no.
en el principio ella y una se juntaron en un café, a dirimir esto que había comenzado como un juego y que ahora estaba tomando proporciones desmedidas. ese domingo y ese café, en san telmo, quedarían en el recuerdo. esas dos manos despidiéndose sin hacer más que nada.
es que las cosas suelen ser mucho más complicadas que las palabras que se usan para contarlas, contentémosnos con decir que ella le era imposible a una.
y así, una y ella casi sin darse cuenta se fueron enamorando, la una de la otra (creo que esa parte es verdad) teniendo entre medio una espada de odín. es que el destino les había prohibido a ella y a una que se encontraran en otro lugar que no fuera el de las palabras.
y asi, sin otro espacio posible, una y ella contruyeron un mundo de palabras, la pragmática pura, la acción de how to do things with words.
en el principio todo fue palabras y solo eso. la única materialidad era esa espada cruzada en el lecho.
pero hubo un momento en que la espada se removió y una supo que el destino estaba sellado. la remoción de la espada anunciaba felicidad, pero llevaba consigo mucho dolor. y en su presagio, como un cielo negro, también vaticinaba los tiempos por venir. una leyó el vaticinio, lo leyó en las caras conocidas y en el dolor de los demás. pero una sabía que hay cosas que una debe hacer, porque es así como funciona el destino. así como aquiles pudo elegir entre una destino de gloria y una vida corta o una vida larga pero sin gloria alguna, una supo que de elegir, de tomar esa espada, estaba eligiendo mucho más que su propia felicidad. estaba eligiendo el dolor ajeno. y el suyo propio (aunque esto lo sabría después).
y una bajó del tren, tomado a las tres de la tarde, en esa tarde de otoño y se dispuso a tomar parte en su destino.
y esa tarde, tras un beso, sus cuerpos, el de ella y el de una, se encontraron sobre un colchón y se dieron amor y mil besos más. y leyeron las páginas de un libro desnudas y escucharon la música prometida.
y así, tan lentos, tan complejos transcurrienron los meses de invierno.
una y ella aprendieron de las risas, de las compañias, de ser copilotos en una ruta. y trazaron planes y proyectos.
y cuando el invierno pasó, el destino se volvió presente y ella y una se separaron.
ya no hubo más estaciones de trenes ni desayunos en el jardín. desaparecieron los amaneceres de pelos revueltos y los pequeños fuegos nocturnos.
con la llegada del calor, el jardín se puso de un verde furioso y la casa se mantuvo en silencio.
una llegó a comprender que su destino con ella aún estaba atado por algún lado, lado que no conseguía desunir.
una tomo la suficiente cantidad de alcohol como para sanar sus heridas (recibidas)
una pudo decir las cosas a quien tenía que oirlas y sanar las heridas (inflinjidas)
una finalmennte comprendió el valor del mensaje de odín
comprendió que no habría sabido quien era realmente, si no hubiera tomado esa felicidad y ese dolor. de una manera macabra, la única posibilidad de realización del vaticinio mismo, era que una lo eligiera, sabiendo incluso las consecuencias.
en el final
una comprendio
cuando algo cuesta más que lo que vale, es mejor dejarlo pasar.
pero que la única forma de aprender las moralejas, es no haciéndoles caso

miércoles, 4 de marzo de 2009

54

Dentro del montacargas la luz era vagamente azul y se bajaba con un zumbido de science-fiction. En el sótano no había nadie vivo, pero una de las puertas del refrigerador estaba entornada y por la ranura salía un chorro de luz. Talita se paró en la puerta, con una mano en la boca, mientras Oliveira se acercaba. Era el 56, se acordaba muy bien, la familia tenía que estar al caer de un momento al otro. Desde Trelew. Y entre tanto el 56 había recibido la visita de una amigo, era de imaginar la conversación con el viejo de la paloma, uno de esos seudodiálogos en que al interlocutor lo tiene sin cuidado que el otro hable o no hable siempre que esté ahí delante, cualquier cosa, una cara, unos pies saliendo del hielo. Como acababa de hablarle él a Talita contándole lo que había visto, contándole que tenía miedo, hablando todo el tiempo de agujeros y de pasajes, a Talita o a cualquier otro, a un par de pies saliendo del hielo, a cualquier apariencia antagónica capaz de escuchar y asentir. Pero mientras cerraba la puerta de la heladera y se apoyaba sin saber por qué en el borde de la mesa, un vómito de recuerdo empezó a ganarlo, se dijo que apenas un día o dos atrás le había parecido imposible llegar a contarle nada a Traveler, un mono no podía contarle nada a un hombre, y de golpe, sin saber cómo, se había oído hablándole a Talita como si fuera la Maga, sabiendo que no era pero hablándole de la rayuela, del miedo en el pasillo, de agujero tentador. Entonces (y Talita estaba ahí, a cuatro metros, a sus espaldas, esperando) eso era como un fin, la apelación a la piedad ajena, el reingreso en la familia humana, la esponja cayendo con un chasquido repugnante en el centro del ring. Sentía como si se estuviera yendo a sí mismo, abandonándose para echarse -hijo (de puta) prógido- en los brazos de la reconciliación, y de ahí la vuelta todavía más fácil al mundo, a la vida posible, al tiempo de sus años, a la razón que guía las acciones de los argentinos buenos y del bicho humano en general. Estaba en su pequeño, cómodo Hades refrigerado pero no había ninguna Eurídice que buscar, aparte de que había bajado tranquilamente en montacargas y ahora, mientras abría una heladera y sacaba una botella de cerveza, piedra libre para cualquier cosa con tal de acabar esa comedia.
-Vení a tomar un trago-invitó-. Mucho mejor que tu limonada.
Talita dio un paso y se detuvo.
-No seas necrófilo -dijo-. Salgamos de aquí.
- Es el único lugar fresco, reconocé. Yo creo que me voy a traer un catre.
- Estás pálido de frío- dijo Talita, acercándose-. Vení, no me gusta que te quedes ahí.
- ¿No te gusta? No van a salir de ahí para comerme, los de arriba son peores.
- Vení, Horacio- repitió Talita-. No quiero que te quedes aquí.
-Vos... -dijo Oliveira mirándola colérico, y se interrumpió para abrir la cerveza con un golpe de la mano contra el borde de la silla. Estaba viendo con tanta claridad un boulevard bajo la lluvia, pero en vez de ir llevando a alguien del brazo, hablándole con lástima, era a él que lo llevaban, compasivamente le habían dado el brazo y le hablaban para que estuviera contento, le tenían tanta lástima que era positivamente una delicia. El pasado se invertía, cambiaba de signo, al final iba a resultar que La Piedad no estaba liquidando. Esa mujer jugadora de rayuela le tenía lástima, era tan claro que quemaba.
-Podemos seguir hablando en el segundo piso- dijo ilustrativamente Talita-. Traé la botella, y me das un poco.
-Oui madame, bien sur madame- dijo Oliveira.
-Por fin decís algo en francés. Manú y yo creíamos que habías hecho una promesa. Nunca...
-Assez- dijo Olivera-. Tu ma'as eu, petite, Celine avaint raison, on se croit enculé d'un centimètre et on l'est déjà de plusieurs mètres.
Talita lo miró con mirada de los que no entienden, pero su mano subió sin que la sintiera sintiera subir, y se apoyó un instante en el pecho de Olivera. Cuando la retiró, él se puso como a mirarla desde abajo, con ojos que venían de algún otro lado.
-Andá a saber- le dijo Oliveira a alguien que no era Talita-. Andá a saber si no sos vos la que esta noche me escupe tanta lástima. Andá a saber si en el fondo no hay que llorar de amor hasta llenar cuatro o cinco palanganas. O que te las lloren, como te las están llorando

Julio Cortázar Rayuela

Andá saber si no es así.

martes, 13 de enero de 2009

trasmutación

este es el fin de una historia que empecé a contar desde desgajos. quizás porque así fue como se hizo.
así termina la historia de una y ella.
ella se comunicó con una y, pese a la reticencia de una, siguiendo los consejos de los astros chinos (?), una accedió a un encuentro con ella.
una había madurado de tanto pensar en esa historia trunca, mal parida desde el principio y abortada en el final. había buscado tanto las respuestas que ya no las quería, o al menos pensaba que no.
pero las respuestas no llegan cuando una quiere que lleguen sino cuando una puede escucharlas y entenderlas. porque escuchar no es lo mismo que oír.
así, sin ya buscarlas y quererlas las respuestas llegaron todas juntas. pesadas, calientes pero certeras y sencillas.
las respuestas se fueron deslizando desde la boca de ella, en esa noche de verano, fresca y con un poco de viento. se fueron formando en su cabeza y fueron espetadas. creo que una sospecha que ella no fue del todo consciente de decirlas. pero una estaba preparada para escucharlas y entenderlas.
y tras unas idas y venidas, tras una cerveza en palermo y una caminata y un taxi a su casa. ella y una pudieron volver a escucharse.
una se quedó sorprendida de entender que las respuestas que ella estaba dando eran las mismas a las que una había llegado. dichas en otras palabras, mojadas en lágrimas. una la miraba, solo la miraba y la escuchaba. solo la dejó hablar y decir esa catarata que había esperado tanto por caer.
entonces una, sin lágrimas en sus ojos -porque no había más lágrimas que verter- le tomó la mano. las dos manos se encontraron y se abrazaron.
y de pronto la mano de una deslizó hacía si misma esa otra mano entrelazada y entonces fueron las bocas las que se quedaron juntas.
después no hubo más espacio entre una y ella que el espacio necesario que dos cuerpos se dan cuando vuelven a encontrarse después de tanto tiempo.
el espacio en el que lentamente, con suavidad, las cuatro manos fueron retirando las ropas que sobraban, que estaban de más. no había tiempo, solo espacio.
entonces, al haber solo espacio no había lentitud sino un territorio que se dibujaba de arriba a abajo, de espaldas y de frente.
la música fue muda y en un solo tempo. y las dos, una y ella, se dedicaron a regalarse lo único que podían darse en ese espacio. una noche, la última. un beso, el ultimo. un recorrido, el último.
tan distantes estaban y tan cerca. de los miles de puntos que las ponían en espacios diferentes, ella y una eligieron aquellos pocos que las colocaban en un mismo punto espacial. la piel. punto de contacto.
ella y una encastraron su piel en un mismo y único movimiento que se deslizó a través de un espacio libre de tiempo.
no hubo juegos. no había tiempo para jugar.
una y ella se encontraron en ese espacio sabiendo que nunca más volverían a encontrarse.
una y ella disfrutaron ese encuentro.
una y ella se despidieron.
una entendió finalmente como puede ser que dos personas se quieran tanto y que sin embargo no exista el fragüado. de la imposibilidad. de la certeza, la terrible, terrible certeza.
una, finalmente, no lloró.
hasta escribir estas palabras.

vertigo o contemplación de algo que termina
esta lila se deshoja desde si misma cae
y oculta su antigua
sombra
he de morir de cosas asi
(la pizarnik, quien otra)

jueves, 11 de diciembre de 2008

Ex-terminio

He llegado a la fatídica conclusión de que las ex te huelen. No se cómo, no se cuál es el mecanismo, pero huelen nuestra felicidad.

Reaparecen de las maneras más inesperadas e insólitas. O las más comunes y silvestres.

Podés encontrártelas a la vuelta de la esquina de un barrio por el que no pasa nadie, nunca. Ni vos misma. Esa es una situación incómoda puesto que una no llega a develar como supo la ex que una deambulaba por un barrio y por una esquina donde no pasa nadie, nunca. Pueden suceder dos cosas, que la ex te hable y una no le responda, que la ex no te hable y una no le responda. En cualquier caso, una se queda medio voyando.

Cabe aclarar aquí mismo, que hablamos de esas ex a las que se juró entre lágrimas y litros de alcohol que jamás le volveríamos a dirigir la palabra.

Pueden aparecer también en el teléfono, si es que no te mudaste o cambiaste de línea telefónica después de la separación.

O pueden aparecer en un msj de txt o en el msn, situación por demás enervante.

Ellas saben, presienten, asechan en el aire, que una se siente mucho mejor. Pero no es sólo que estas mejor que cuando se separaron, sino que estas mucho mejor que antes de conocerla. Puede que sólo estés bien, o que estés feliz, que estés sola, en pareja o iniciando una.

Aparecen para perturbar. Para molestar. Pero sobre todo, aparecen como recordatorios vivientes de porque no estamos junto a ellas.

Ex: pese a tu hostilidad, quería decirte bla, bla, bla,

Una: no es hostilidad, es distancia

Ex: la respeto pero no la entiendo bla bla bla.

Ex: espero algún día romper la coraza

Una: silencio de radio

la respeto pero no la entiendo” es exactamente la razón por la cual no estamos juntas, nena. Porque no entendiste nunca nada, porque no registraste nada de nada. Porque es mentira que respetes mi distancia sino, no estarías escribiendo este mensaje. Porque, además, la distancia la impuse porque vos no respetaste ni honraste lo pactado.

Pero por sobre todo, la distancia la mantengo porque no entendes. Porque sos sádica. No tenés ni vas a tener nunca, la capacidad de entender que fue lo que pasó y no existe mejor razón que esa para mantener la distancia.

Porque las ex quieren de alguna manera mantener vivo un vínculo que ya desapareció.

Es por eso que hago mías las palabras de Alice Piezeky y digo:

“You’re an emotional cripple”

“So, step off, bich!!!!!!!”

Salutes

viernes, 21 de noviembre de 2008

des-cubrir

des-tapar
de-velar
(sacar el velo que nos cubre)
re-velar
(mostrar, dejarse ver)
des-cubrir
des-vestir
des-nudar
des-esperar
des-eos
de-verte
de-tocarte
de-amarte
de-dormir
de-escribirte
de-tu piel
de-mañana
de-mañanas
de-mate
de-tostadas
de-vos
des-cubrirte
durmiendo
soñando
des-estimo
des-creo

viernes, 14 de noviembre de 2008

mercedes

Capitulo dos
Un aprenderse, un saberse, un sabor amargo en una boca que no dejaba de repetir su nombre, nombre que se desvanecía en esa tarde de primavera que anunciaba tan bonito un verano caliente.
María miraba el atardecer como se mira algo que se va, que dura lo poco que tiene que durar y es tan lindo que sea así.
Se fue a la estación, tenía visitas, de esas que le ayudaban a pasar el fin de semana. Cosas de todos los Domingos de ese verano, cortar el pasto, preparar el fuego. Se fue a la estación a esperar a las visitas. Pero María no esperaba visitas, se puede decir que ciertamente las esperaba, pero no las esperaba a ellas, la esperaba, como quien espera que ese cielo negro que anuncia tormenta de verano no se caiga a baldazos de agua fría en quince minutos, cosa que efectivamente sucederá. María la esperaba a ella, esperaba verla bajar del tren, saludarla con un fuerte abrazo. Mirarse, reírse, saber que había despertado, que esa realidad era la realidad, que lo anterior era un mal sueño.
No bajó, no vino. Sí vinieron sus visitas, las saludó.
No sabía si había un tiempo para curarse ni un tiempo para esperar. No había que esperar a nadie, nadie iba a bajar de ese maldito tren. Solo para contemplarlo, solo para mirarlo, solo para saber que habían cosas que se marchaban y cosas que venían. Que tal vez ella era de las que se marchaban y sabía que era de las que no vuelven.
La certeza se despejaba sola en su cabeza una vez más. María sabía que ella no iba a elegirla nuevamente. Cualquiera fuera la razón no había manera de volver. Siempre que bajara de ese tren, si es que alguna vez volvía a bajar, lo haría viniendo desde otro lugar. Desde ese otro lugar que María empezaba a odiar, con un odio sordo, opaco. Igualmente, sabía que las probabilidades de que bajara de ese tren nuevamente desde ese otro odiado lugar, incluso, eran pocas. No volvería a Mercedes. No iba a pasar. María se marcharía de Mercedes en Abril del año que viene, con una beca en la mano, con las ganas de empezar algo nuevo, con el sabor del deseo cumplido. Un departamento en capital, las mañanas y las tardes trabajando en su tesis. Las noches en casa, sus amigos, extrañando las tardes de mate y sol en Mercedes, pero disfrutando lo nuevo en su vida.
Tal vez a fin del año que viene, se sintiera preparada para empezar algo de nuevo. Tal vez a fin de ese año, sintiera que no había que esperar ese tren. O que tal vez en ese tren iba venir alguien más. Alguien diferente, nuevos olores, cuerpos y bocas. Ese empezar de nuevo una vez más. Más tranquila, reservándose un poco, cuidándose. Y sin embargo, cada tanto le asaltaría la pregunta, tirada en la cama, desnuda, fumándose ese cigarrillo que se resistía a dejar, antes de dormirse, luego de una noche de coger o hacer el amor (que más da) si valía la pena amar así, si se podía reservar, si cuando uno ama se reserva. Se acordaría (en secreto) de ese tren, de ese invierno. De ese darse a pleno. Esa forma de entregarse, que nunca más había podido y (sobre todo) querido hacer. Amar racionalmente, psicológicamente, metódicamente, pacientemente, reservadamente. Dejar lo intensamente, apasionadamente, locamente, entregadamente del amor en un vagón de TBA rumbo a Mercedes, para que alguien, que no era María ciertamente, lo esperara en el andén de la estación a las ocho y veintitrés de la tarde.
Amar en colectivo o en subte, racionalmente, dando de a poco, en cuenta gotas. Ese amor que no se escapa de las manos, ese amor mentiroso.
Otro buen amor, diferente, para no caer en ese odiado, sordo y opaco lugar. Otro amor que inaugurara el año a besos, a mordidas en el cuello, en los hombros, ese encontrarse en otros ojos, saberse amada, amar (racionalmente, lógicamente, psicológicamente), pero amar al fin. Jugar con un nuevo cuerpo, disfrutarlo como se disfrutan las cosas buenas de la vida. Aceptarlo como se acepta todo bueno de la vida. Decirse las cosas en los ojos y en las espaldas, escribirse el cuerpo, buscarse y encontrarse.
Así ese año empezaría con María enamorada (racionalmente, lógicamente, psicológicamente, cuidadamente) escribiendo su tesis, queriendo a su amor, a su gato, a su departamento. Y de vez en cuando, muy de vez en cuando, cuando ella se durmiera luego de coger o hacer el amor (que más da) pensaría en ese tren y en la persona que estaría esperando ese amor de los que aman locamente, apasionadamente, intensamente, entregadamente.
Pero de tonta solo tengo la suerte -gracias Julio por prestarme esa frase- diría entre risas, apagaría el cigarrillo, la abrazaría, como se abrazan las cosas buenas de la vida y se quedaría dormida soñando con un tren que se va, con ella adentro.

lunes, 3 de noviembre de 2008

cigarra

la increíble sensación de haber estado ahí. de haber escrito estas palabras.

la hermosa sensación de saber que cada vez que te caés de la bicicleta, siempre hay que volver a subirse.

la sublime certeza, de que te vas a caer tantas veces, pero que todo lo que se rompe puede ser arreglado.


te vas a ir, te vas a ir tan lejos de mi, otra vez lo inalcanzable, lo que no se puede tocar, lo onírico.

te vas a ir, y con vos todo esto que se armó.

es que es como que si nada, como si el amor (esa palabra) se cayera a cada paso. como si lo que una vez significó se fuera desdibujando, saquitos de té puestos a secar en un platito color porcelana pearl ware viejo con dibujitos.

y tu cuerpo, ese cuerpo gris de ensueños, esa perfección en caderas, esa panza. todo eso que alguna vez pude acariciar, ya no va a estar, ya no va estar al otro lado de esa cama convé, buscando irse a cada paso, buscando el mío para abrazarlo.

y que le voy hacer, princesa, si con estas mañanas me levanto y en estas noches me acuesto. con la promesa de que ya no estás cumplida, desde un calvario incipiente que ya empieza a tolerarse como único y universal. con la resignación de saberte lejos, jugando otros juegos que no son los míos.

de este amor (esa palabra) que le queda chica a este vacío humano. a este corazón que se zurce a cada instante y que busca pensar en las mil formas que tiene para latir, que sístole y diástole , y que demases.

de estas noche negras en las que me despierto de madrugadas pensando, llorando, que más da, ya no hay diferencia. ya no hay espera, ya no hay dolor, ya queda solo lo que pasó. sólo tus miradas, la manera de hacerlo, la manera en que ya no tengo más palabras que escribir que no sean las de tu nombre, lo cual coarta mucho mis reales posibilidades, de porque no te pusieron un nombre compuesto, carajo, así yo podía pronunciar mas de una palabra.

lenguaje inútil, creo habértelo dicho mil y una vez, ya se va. ya se está, ya no queda nada mas que un adiós en cuclillas esperando.

ya no queda amor, ni promesas, ni nadie que las diga.

sábado, 1 de noviembre de 2008

un manjar que se come frio


Capitulo nueve

Tomo el frasco con su mano izquierda, con la derecha saco la tapa de goma y lentamente lo vertió en la pileta sucia de platos.

Nueva mudanza, nueva limpieza, después de tanto tiempo había logrado desparramar ese contenido sobre la inmundicia de los platos de la noche anterior.

Los nuevos olores que habitaban en sus manos desde hace mucho tiempo, las nuevas formas de habitar su cuerpo y el de las otras. Las nuevas prácticas que había aprendido para poder aprehenderse, configurarse, desaprenderse, despegarse, irse y volver.

No había más que decir, el silencio de los años era la mejor respuesta a esas preguntas que se había hecho hace tanto tiempo. Preguntas infantiles y sin sentido, menos aún ahora. Había elegido esa forma tan absurda de castigarse por haber elegido esa forma tan dolorosa de ser feliz. Odín siempre lo supo y por eso atravesó la espada, pero se olvidó cuando fue a buscar su tesoro. ¿Cuánto se ha de pagar? Si para lograr lo que uno quiere debe atravesar demasiado dolor, es que tal vez no sea eso lo que realmente se desea.

Muchas de esas relaciones que le marcaban las manos y la piel con olores habían sido resueltas bajo ese precepto. Cuando algo parecía costar demasiado, probablemente no valiera la pena. Jamás volvió a dejar que su felicidad interfiriera con la de los demás. Donde algo empezaba a no cuajar, que era lo habitual, optaba por salidas oportunas, casi siempre elegantes, viajes, trabajos, etc.

Al final el castigo había inflingido marcas en su cuerpo, lo había moldeado, atravesado, formateado de manera tal que los recordatorios de su dolor ya no debían ser externos. Le bastaba con mirarse, reconocerse y tocarse, para saber que su cuerpo había pagado con justicia el castigo que su alma le había propiciado. ¿Para qué, entonces, conservar un frasco? Ya no tenía necesidad de actualizar el recuerdo de su dolor, la cicatriz estaba bellamente incrustada en su piel, los bordes sobresaliendo producto de la infección causada por la exposición prolongada al aire y los microbios. Muchas veces se le infectó y muchas veces volvió a sanar. La marca estaba hecha. La yerra, que era fiesta y regocijo, había quemado en su piel el signo de la propiedad.

Desnuda se miró al espejo, en todo su esplendor aparecía la cicatriz, por doquier, ubicua en su piel, en cada rincón, como la varicela mal curada.

¿Cuántas de ellas sabrían que su cuerpo antes no era así? ¿Cuántas de ellas podrían atisbar que su cuerpo antes no había tenido más marcas que las de los lunares?

No, ninguna de ellas, ni ella misma lo recordaba en su estado prístino sin dolor, sin marcas. Ahora ellas eran ella, parte de su encanto, de su forma.

Lentamente se dirigió a la habitación.

Dormía, casi tan placidamente como había dormido su venganza todos estos años. Colocó el frasco en la mesa de luz, tapado y vacío. Tomo su ropa desparramada por ahí, y salió tan lentamente como había entrado. Afuera se vistió, tomó el celular de ella, buscó su agenda y borró su número. Eliminó sus mensajes. Se dirigió a la puerta, la destrabó, sutil y pausadamente, sin hacer ruido. La abrió. Salió hacia el palier. La cerró nuevamente.

Bajó las escaleras, siete pisos, cada uno de ellos como círculos. Llegó al hall, las puertas abiertas y el portero baldeando. Lo saludó con un buen día y caminó hacia la vereda.

Un avión a Barcelona.

anoche soñé.
ya sé por donde van los caminos.a