martes, 13 de diciembre de 2011

La filosofía del que nada tiene.

el año pasado decidí tatuarme cuatro palabras shelk'nam: 
Haupt'in (la belleza perfecta)
Sho'on (el cielo)
Auhp'am (aquel que solo desea aquello que puede llevar consigo, que no practica la gula)
Tusaicilien (aquel de buen corazón)

las dos últimas palabras se encuentra en la base de mi espalda. elegí esa ubicación porque son los pilares de la ideología cazadora recolectora, pero también constituyen virtudes humanas.

Auhp'am es una cualidad sorprendente en estos tiempos de ambición desmedida. muchas veces, cuando tengo que explicar su campo semántico me cuesta referirme a ella porque mucha gente la relaciona con el conformismo, ya que la traducción literal sería: aquel que no desea más que lo que tiene. no hay ambición, no hay progreso, no se puede aspirar a más porque una cualidad de los cazadores recolectores nómades es que sólo pueden llevar lo que son capaces de cargar. la acumulación infinita de cosas como la practican los sedentarios es imposible. por eso, un cazador recolector debe elegir bien cuáles son las cosas imprescindibles para llevar y cuáles son prescindibles. 

este tipo de reflexión llevó en el década del sesenta al antropólogo Marshall Sahlins a considerar a los cazadores recolectores como la sociedad opulenta primitiva. si bien pretendo explayarme en esto varios post, porque creo que hay bastante tela para cortar, empecemos por algo que no es menor.
Sahlins habla de sociedad opulenta primitiva en un contexto propio político y social muy particular: lo sesenta estaban estallando en EEUU, la decadencia por la guerra de Vietnam era inminente y se veía con decepción que el llamado sueño americano había conducido a la muerte a muchos jóvenes de la generación. Marshal, como cualquier cientísta social, miraba su contexto y este le influía en sus interpretaciones de otras realidades. 

de repente los cazadores recolectores dejaron de ser esos marginales del mundo, aquellos que no habían alcanzado el progreso que llevaba a la domesticación de plantas y animales, a la sedentarización y a todas las buenas virtudes de la vida civilizada. ahora cobraban otra dimensión, como los monos de Brecht que no hablaban para que no les hiceran trabajar, los cazadores recolectores del mundo moderno habían logrado evitar las presiones del capitalismo y vivían en una sociedad en donde lo poco era abundante para vivir: la economía ZEN. si deseo poco, obtengo todo lo que deseo y por ende, soy opulento. 

lejos de horarios, los cazadores recolectores comenzaron a ser vistos como el epítome de la sociedad armoniosa en donde una vez obtenido lo necesario para subsistir, los hombres se dedicaban al ocio y a cultivar las relaciones sociales mediante visitas. sacaron cuentas: trabajan 4 hs por día y el resto lo dedican a otras cosas. los agricultores incipientes dejaron esa paz y se transformaron en esclavos de la tierra y luego en esclavos de otros hombres. 

sin embargo, el planteo de Marshall, aunque novedoso y fresco en una antropología  que se anquilosaba, padecía de lo mismo que criticaba. estaba tan atada al contexto que era incapaz de ver sus propios límities. 
de eso, bueno, de eso hablaremos el próximo post. 

miércoles, 7 de diciembre de 2011

sonrisas

hay veces que la vida te devuelve una sonrisa. nomás no sea para seguir trabajando más. pero hay veces que te la devuelve y vos son feliz. por ese instante sos feliz y no pedis otra cosa que ser verte sonreir en ese espejo.
son pocas las veces.
pero son las veces en las que decís: hoy soy feliz. por este rato nomás. lo soy y nadie me puede quitar eso.
saludos. hoy que soy feliz. por algo tan lindo como es seguir.
gracias juan carlos, por darme el si.

pd: ludovica si lees esto, por casualidad, le pegaste en mucho este año. gracias también a vos!

martes, 6 de diciembre de 2011

enfrentamiento

acabo de terminar de leer el libro que recomendara Juan Forn en una contratapa que ha sido, a todas luces, la más catártica e iluminadora que he leído en años. de ella se desprendió un recital de la Chicana, una especie de epifanía mientras disfrutaba del mismo y un libro. De vidas ajenas es un libro bello. escrito de manera simple y sin demasiadas pretensiones. es un relato no ficcional de la vida de personas que ha conocido el escritor. es un libro sobre el amor. sobre ciertas cosas que pensamos que son la vida y el amor.

hay en el libro ciertos hilos que se entretejen, como las tramas de las colchas que se salen para los costados sin que veas hacia donde van y que marcan el final de la colcha y el principio de todo lo otro.

es un libro que no ensalza el amor, ni la lucha, ni el valor en las personas. sólo lo describe. y quién lo hace, lo hace desde un punto de vista desgraciado, de no verse envuelto por esa dicha de saber que es esa persona.

ayer en el colectivo me detuve a pensar, mientras el libro se apoyaba en mi falda, que yo comprendía ese punto de vista, más no lo vivía así. tal vez sea cierto algo que se me cruzó la cabeza en ese momento: que hubo personas que vieron "a través de mi" y que sufro de ciertas incapacidades emocionales (prefiero decir que en lo emocional soy una chica con capacidades diferentes). deseché ese pensamiento de manera rápida. no creo que esa apreciación sea la correcta.

creo más bien en que mi concepto de felicidad tiene un tope muy bajo. que he aprendido a ser feliz y a reconocerlo. y que no es necesario contar con muchas cosas para serlo. el punto es que para el amor, como para la vida, el quid de la cuestión no es encontrar la felicidad, sino saber reconocerla.

son los pequeños actos de arrojo, de fe y de ceguera los que nos hacen felices, independientemente de su éxito o fracaso. son actos egoístas que implican el propio y profundo placer. el saber que el terror que nos da vivir la vida no nos paraliza.
al fin y al cabo, como le dije a mi buena amiga:

"Si supiéramos a qué nos exponemos, nunca nos atreveríamos a ser felices"

jueves, 1 de diciembre de 2011

libros

un fin de semana de descanso, de recuperar fuerzas que quedó teñido por una persistente migraña tensional.
al calor de verano se le sumó la ausencia de piletas disponibles y la sensación de que expeler calor ya no es algo agradable. 
las largas charlas fueron coronadas con un llamado telefónico en medio de cortes totales de luz que salvaron lo agobiante con una frase feliz "estoy bajando a la pileta, ¿te venís?". 
cerveza, papitas, migral II (la migraña persistía y aumentó después de un semiclavado), mates y charlas. por supuesto, pileta. 
y a la noche, saqueo a mansalva de la biblioteca de efe, que me dejó provista de lectura para el verano, incluidos dos Aira, un Kawabata, un Barthes y otro que no me acuerdo el nombre*. 
porque no necesito la noche de las librerías. me basta pasar un ratito y cual godo, saquear la biblioteca del amigo que se niega a decirme qué es lo que está leyendo por placer....


*ahora lo encontré: Emmanuel Carrère: De vidas ajenas.