
esa fue una oportunidad maravillosa que culminó generando nuevas amigas que tengo hoy en día. así que yo, que había ido con toda la intención de conseguir novia, volví soltera como siempre pero con algo mucho mejor, nuevas personas que convertirían en familia elegida.
el encuentro estaba organizado en talleres y acudí a uno que me había parecido interesante: erotismo y sexualidad.
en ese taller se trataba de discutir sobre los difeferentes aspectos que puede adquirir el erotismo y la sexualidad dentro de un grupo como las lesbianas y las bisexuales. como llegamos tarde, la conversación ya había empezado. con atención escuchaba cada uno de lo comentarios. había, en todo esto algo que no me estaba cuajando. las chicas estaban hablando de pasivas, activas, de arriba, abajo, de penetración y no penetración.
yo no estaba del todo cómoda con el uso de esos términos, hasta que de pronto alcé mi mano y lo dije. durante unos minutos lancé mi perorata. lo que más me sorprendía era que muchas de las que estaban allí eran militantes feministas, lo mínimo, que habían leido muchas más cosas que yo seguro y que estuvieran colonizadas por ese lenguaje me sorprendía.
nos vivimos quejando, protestando y escribiendo sobre cómo hemos sido caracterizados desde la heteronormatividad como activo el que la pone, pasivo el que la recibe, como menos puto el primero, como una loca la segunda y eso se ha transpasado al leguaje que usamos las lesbianas. y resulta que ahora somos pasivas y/o activas. no hay una crítica hacia el uso de ese lenguaje. el único sexo en donde considero que hay una persona pasiva, es en el sexo no consentido, en la violación y en el abuso, dije, en donde incluso, puede haber una activa resistencia. yo creo que cualquier relación sexual implica dos sujetos activos. adoptar ese lenguaje sin nisiquiera hacer una crítica del contenido heronormativo y homófobo que puede llegar a tener, desvirtua cualquier tipo de discusión sobre el tema. estamos hablando de erotismo y de sexualidad, estamos hablando de lo que nos gusta hacer y que nos hagan en la cama, que nos calienta. el sexo -dije ya envalentonada por la atención que estaba recibiendo- debe ser un espacio lúdico, de juego, de placer, en donde cada una se libere de muchos de los encierros de closet que tenemos. la liberación de un espacio sobre el deber ser. ahh si yo soy chongo entonces soy la que da siempre. no, no jodamos con eso, pensemos primero que es lo que decimos y porque lo decimos. el lenguaje, ya lo dijo la Butler, y antes que ella Arendt, es performativo. el lenguaje crea identidades al crear representaciones. no hay nada pasivo en el sexo entre dos mujeres.
eso dije, y eso sigo pensando hoy en día.
acto seguido, las militantes apoyaron lo por mi dicho (apoyaron verbalmente, ehh nada de acercamiento físico, aunque el taller daba para eso)
para descomprimir, una de las coordinadoras propuso charlar sobre que eran las cosas que más nos gustaban o no.
y cómo ya venía hablando me sentí en mi momento de confesión, lo dije y lo hice público: que a mi me deserotizaban totalmente los zapatos en punta exesiva. de esos que parecen que se afinan hasta el infinito. esos y las botas sobre el pantalón.
risas generales, claro. había un par de botas sobre pantalón, a las que pedí disculpas en tono de gracia, aunque aclaré que en la situación en la que me encontraba en ese momento, jamás desperdiciaría una oportunidad aunque viniera de semejantes zapatos.
a lo que va el título del post. hoy en día, debo decir, que un buen par de botas negras altas, bien puestas, me ponen... no sé.
me di cuenta que he cambiado. eso es bueno y saludable.
bienvenido sea, nomás para tener la experiencia dominatrix.
(igual los zapatos de punta exesiva me siguen deserotizando).
iba a poner audio y no video, pero no me pude contener





