lo medité. le puse nombre, lo delimité.
porque ponerle un nombre a algo es delimitarlo, tanto en su uso como en su campo.
y yo no sabía qué era lo que me pasaba si tiempo atrás yo misma lo había usado con mucha ligereza. ¿cuál es el problema?
el problema es estético, por un lado y por otro, es la bastardización de su uso. la diferencia entre lo erótico y lo pornográfico reside en que el primero sugiere y el segundo explicita.
lo que me molestaba (y ojo, me molesta a mi, la crítica es mía, de ninguna manera pretende ser dogmática, ya que carezco de las armas para ello) es el uso irrestricto de "coger".
digo irrestricto porque yo también lo uso. de hecho, hay muchos textos que lo contienen e, incluso, en muchos peco de un uso excesivo de la palabra.
vale una aclaración pertinente. cuando he tenido la oportunidad, he cogido, porque yo no hago el amor. el amor, me he dado cuenta, no es algo que se hace sino algo que es. entonces, yo no lo hago, yo cojo. algunas veces lo he hecho con gente a la que amaba y otras con gente a la que no amaba, pero sin embargo, deseaba.
le decía a una amiga, en esas charlas nocturnas que jurámos que se parecen a las charlas post sexo, solo que... sin sexo, que para mí acostarse con una persona a la que se ama es más fácil e implica mucho menos esfuerzo de una misma que acostarse con una persona a la que no se ama. cuando una se acuesta enamorada, todo sale natural, no hay impostación, las cosas fluyen (aguantese el chiste fácil) y no hay que hacer mucho esfuerzo. sin embargo, para acostarse con una persona a la que solo se desea, hay que poner mucho más de sí misma (sobre todo si una realmente se toma en serio esto de acostarse con una persona) porque hay que ser consciente. lo que en el caso del amor, sale natural, en estos casos, se juega mucho más el peso del cuerpo y la mente, la manera conciente de sentirse deseada y desear al otro. debe ser por eso que se prefiere coger enamorada, porque es más fácil. y le decía, que para mi, eso de coger por los porotos, que se lo guarden, que se vayan a dormir al futón, porque por los porotos, yo no me acuesto con nadie. ella se reía cuando le decía que yo soy profesional, en el sentido que pongo mi alma y mi cuerpo (y un poco de mi corazón) en esto compartir cama con alguien.
y me fui de tema. la cuestión es que siento una banalización, una bastardización de la plabra coger, sobre todo en su uso excesivo. a mi me gusta usarla, también uso acostarse, la porquería, dormir juntas, estar, sexo y, en menor medida, relaciones sexuales.
cuando es necesario emplear demasiado esa palabra en un texto se termina destruyéndo la potencia de su sentido.
no es necesario emplearla cada vez que sucede eso de compartir un cacho de ADN. se pueden usar frases, malas, pero frases al fin: "su piel desnuda contra la mía y su cuerpo latiendo bajo mi mano" (epa!!!! que noche la de anoche mamita). aquí se entiende que dos mujeres han establecido un lazo sexual pero sin ser literal y esta es la diferencia -a mi humilde entender- entre el chabacano display del sexo (chabacano porque termina siendo muy parecido al recuento de quien la tiene más larga) y el arte del erotismo de contar una historia sensual. la que escribe, también ha caido en el primer pecado, nada la exime ni justifica.
extracto para finalizar dos segmentos de 62/modelo para armar de Julito con dos escenas de sexo tan perfectamente contadas, que cuando las leí, me produjeron un estupor infinito, o simplemente deseo.
Todo el cuerpo de Hélène pareció brotar a su lado, la sintió al mismo tiempo en los tobillos, en los muslos, pegada a su flanco, y el pelo de Hélène le azotó la boca con el olor marino de su sueño. Quiso enderezarse, rechazarla sin violencia, obstinándose en creer que dormía y soñaba; sintió que las dos manos de Héléne buscaban su garganta con los dedos que la acaraciaban lastimándola. "Oh, no, qué haces", alacanzó a decir, negándose todavía a comprender, rechazándola sin fuerza. Un calor seco le apretó la boca, las manos resbalaban por su cuello, se perdían bajo las sábanas contra su cuerpo, volvían a subir enredadas en la tela del piyama, un murmullo como de súplica nacía contra su cara, todo su cuerpo estaba invadido por un peso que cambiaba de zonas, que la recorría cada vez con más fuerza, un calor y una presión insoportables en el pecho y de pronto los dedos de Hélène envolviéndole los senos, un quejido u Celia gritó, luchó por desasirse, por golpear, pero ya está llorando, como envuelta en una red se debatía sin resistirse verdaderamente, no alcanzaba a librar la boca o la garganta cuando ya la caricia bajaba por el vientre, nacía una doble queja, las manos se aliaban y se desanudaban entre sollozos y balbuceos, la piel desnuda se abría a látigos de espuma, los cuerpos enlazados naufragaban en su propio oleaje, se perdían entre cristales verdes, entre babas de alga.
El dardo de luz se clavó en el final de la risa de Hélène y Juan le vio unos ojos muy abiertos, de pupilas dilatadas, una expresión de maldad primordial, de una ignorada negativa a su propio deseo que se refugiaba ahora en las manos y las piernas anudándosa al cuerpo de Juan, acariándolo y llamándolo hasta que él la tendió boca abajo y cayó sobre ella hundiendo la boca en su pelo, obligándola a apartar los muslos para penetrarla duramente y quedarse en ella con todo su peso, sumido hasta el dolor, sabiendo que las quejas de Hélène eran gozo y repulsa a la vez, un placer rabioso que la sacudía espasmódicamente y le torcía la cabeza a uno y a otro lado bajo los dientes de Juan que mordían en su pelo y la ataban al peso de su cuerpo.
Julio Cortazar 62/modelo para armar.