mi amiga rox me dijo sabiamente: las personas queremos dos cosas: querer y ser queridos. el problema siempre radica en el cómo queremos y cómo somos queridos.
cada persona debe poder definir como le gustaría ser querida y como le gusta querer. y creo que no todos estaríamos de acuerdo en el cómo. cada persona establece sus reglas, sus cómos, sus hasta aquí llegó mi amor.
decía en un post anterior hay una distancia entre lo que soy y lo que me gustaría ser y que trato de achicarla, a veces con poco éxito. sin embargo, puedo decir que he crecido.
podría haber elegido quedarme en ese lugar de pena y de dolor. tenía derecho a estar ahí. me sentía herida, desilusionada, decepcionada. tenía todas las razones para llorar.
pero como en todo derecho, éste engendra obligaciones. y tenía el derecho a estar triste, pero la obligación de estar mucho mejor.
pensé en cada una de las cosas que debía hacer para estar mejor, un día a la vez. contaba con mi propio conocimiento y sabía que había cosas que iban a ser inevitables.
sin embargo, antes de lo pensado, sucedió. no estoy hablando de un día en particular, estoy diciendo que tal vez en un asado, en un viaje, en una canción, yo me revelé a mi misma: no me voy a regodear en mi dolor, no me aferraré a los recuerdos, no me revolcaré en esa miseria. y ahí, quizás en la ruta y manejando -o quizás antes, cuando lo planeaba- fue que tomé la real conciencia de que ya estaba mejor. mucho mejor. antes de lo previsto por el libro rojo.
la revelación, la sola revelación de que era yo y nadie más que yo la que había logrado esa tarea me reconfortaba.
y luego Tami lo dijo, con palabras que sólo pueden salir de su boca. Tami dijo: es más fácil quedarse en el estar mal, que salir de ahí e intentar estar mejor, y más difícil porque implica mucho esfuerzo.
y esas palabras se hicieron mías. esas palabras y la firme decisión de que estaba convencida de lo que había logrado, de lo que era capaz (quizás no era capaz, pero estaba tan convencida de eso, que era lo mismo). cada día me inventé y cada día hice lo que sabía hacer. ponerla a laburar a Talita, dejarla tomar el timón y darle un merecido descanso a la otra, a la que soy todos los días y de la cual Talita es parte.
Talita es mi invención, una parte mía que sale a la luz de vez en cuando. parte de mi, pero no toda yo. y como es mi invención es mi tecnología del yo. mi propia obra maestra. la mina que me mira desde el espejo y me dice, toda suelta de cuerpo: hoy estás linda, sentite bien. la que me lleva a respuestas hilarantes con mis amigas y consejos de master yoda que no sé si dan resultado mas que por la confianza que inspiran en el otro .
el punto aquí es que estoy contenta del recorrido. porque si he sido responsable de la tristeza que me tocó vivir, también soy responsable de mejorar y de la alegría de estos días. fui yo, no el destino. o tal vez un poco el destino. pero Talita y yo le hemos dado una gran mano.
un asco de optimismo este post!