rescataba en el blog hace algunos años una anécdota sobre una técnica que había empleado para seducir con buenas artes a una chica y lograr una novia para mi cumpleaños número 30.
resulta que la vida tiene caminos evolutivos espiralados que te llevan a rondar años siguientes por los mismos lugares pero con diferentes fines.
haberme levantado a las seis de la mañana a trabajar, darme un baño y poner un lavarropas por sí mismo no constituyen nada sobre lo escribible, al menos en mi modesta versión.
sin embargo, suceden cosas que hacen que eso que antes no era escribible tornase en algo medianamente literaturizable (sin pretensiones ojo!).
resulta que al ir a poner el lavarropas en funcionamiento, me encuentro que el tanque del edificio (que se encuentra sobre el techo de mi cocina) estaba perdiendo agua. salgo a la terraza y compruebo que, efectivamente, todo parecía apuntar al flotante como culpable de esta tragedia.
en mi caso, como el edificio es pequeño no tenemos consorcio ni expensas. ergo, no hay nadie a quien llamar y que te mande un plomero. además, hay que coordinar entre los vecinos. de los cinco somos tres más o menos copados, del resto no se puede hablar.
bueno, espero, me dije. cuando el edificio empezó a levantarse, el tanque dejó de perder por un momento, pero al rato ya estaba otra vez tirando agua. escucho a mi vecina bajar a llevar la nena al cole y espero a que vuelva para decirle lo que estaba pasando.
mi vecina es un personaje, de esos que se encuentran en los barrios de Buenos Aires. parece y tiene todas las fichas de ser del gremio, pero no lo sé con seguridad. así que en el momento en el que le dije que estaba perdiendo agua el tanque me miró y me dijo: "no te preocupes, yo sé cambiar el flotador".
y allí fuimos, al techo mismo y más allá a desarmar el flotador y comprar los repuestos, a los que luego se sumó una llave de paso porque pensamos que la que tenía, contaba con la edad jubilatoria mínima y los aporte hechos.
terminamos, no sin muchos contratiempos, dignos de dos plomeras con experiencia en cueritos, flotadores de inodoros pero nunca en cosas mayores (aunque la que escribe se jacta de haber ayudado a poner el sistema de agua de un criadero de cerdos). luego, el agua no subía. si, queridos amigos, el agua no subía. no sabíamos por qué ni cómo, pero el agua no llegaba al tanque.
intercambiamos celulares y a la tarde me mandó la feliz noticia. el cambio había funcionado. el tanque cargaba agua y se detenía en el límite. fuí feliz.
la más ñoña me abrazó orgullosa y seguramente pensando en que sería buena idea eso de dejarme que cambie los vástagos de la canilla de agua fría que cuesta cerrar horrores, mientras yo le contaba entre alegre y preocupada que ese mito de los plomeros, era verdad...

