jueves, 23 de febrero de 2012

de juegos no inocentes

la foto que ilustra este post la encontré en un sitio muy conocido con la leyenda que decía "wow!! mi primera cocina!!". la guardé porque ilustra a la perfección algo sobre lo que hace tiempo quería escribir y que se dejó traslucir en algunos de los post anteriores sobre los cazadores recolectores. 
hace rato que desde el colectivo, cuando medito camino a casa, vengo pensando sobre cómo influye la educación en lo que luego terminamos siendo, pero sobre todo en construir la brecha entre lo que somos y lo que debemos ser. 

en mi forma rizomática de pensamiento lo primero que me vino a la cabeza fue producto de observar como se subían a un auto un grupo de sudorosos cuarentones, luego de jugar al fútbol. a partir de ahí empecé a notar la cantidad de veces que un hombre decía: me voy a jugar al fútbol con los chicos, o que una mujer mencionaba que su pareja había ido a jugar a fútbol. notable, no? el afán deportivo de los hombres que para mantenerse en forma, siguen jugando al fútbol ya de grandes. 

después pensé en que circunstancias yo escuchaba eso mismo de las mujeres: una reunión de mujeres que comenzara con un "me voy a jugar". porque es cierto, las mujeres se juntan y hacen diversas actividades sociales pero son las menos las que salen a "jugar". por caso, podemos decir aquellas que han realizado un deporte desde pequeñas y que continúan esa actividad de grandes (volley, por ejemplo). pero pensemos
cuantas veces escuchamos que una mujer diga: "me voy a jugar al [inserte deporte] con las chicas". son pocas, casi nulas en comparación a la cantidad de hombres que se reúnen a jugar al fútbol, como mínimo. 
los hombres [gayito, por ejemplo] me dirán que las mujeres tienen más tiempo libre porque están en la casa y hacen otro tipo de actividades distractivas o que van al gimnasio. contestaré que si, pero al punto al que quiero referirme pasa por este lado: ¿han notado cómo la mayoría de los deportes o actividades recreativas femeninas no son en grupo? son individuales: ir al gimnasio, aparatos, spa, tenis. No implican la coordinación ni la cooperación entre mujeres para lograr una meta. no son actividades grupales que sean lúdicas en sí mismas. 

y eso se construye desde la más tierna infancia con los juguetes:
los nenes reciben autitos, pistas, mecanos, pelotas de fútbol, juegos de mente y de desarrollo de habilidades motoras y coordinación. 
las nenas reciben: cocinas, juegos de té, bebes, vestidos y pinturitas. 

es decir, los juegos para los nenes son puramente lúdicos o creativos, implican el desarrollo de habilidades y de la coordinación con otros. los juegos de las nenas resultan ser: los trabajos que "debería realizar" de mujer adulta. una nena, recibe desde pequeña el entrenamiento para ser una buena mamá, una buena cocinara, una buena mujer. ¿se imaginan una mujer diciéndole a una amiga: "vamos a jugar a la casita y a tomar el te?" no! claro, si eso no es juego, es la vida real, es el trabajo diario de cualquier mujer, sea ama de casa o no. no hay en el repertorio de juegos de nenes ninguna cosa similar, salvo los juguetes de "oficina" que son escasos o los de medico, que nos son exclusivos de ellos. 

los nenes son entrenados desde pequeños a "jugar". nunca pierden esa parte lúdica porque desde pequeños juegan en juegos con reglas simples que pueden mantener de grandes. y juegos que implican la coordinación y cooperación entre varios individuos. mientras que los juegos de las niñas son mucho más solitarios e implican las tareas domésticas y trabajos que "son propios de la mujer". 

cuando comentamos esto en un seminario que cursé, el profesor mencionó que debajo de su departamento había una escuela. un día él había mirado al patio y se había dado cuenta que los varones ocupaban la mayor parte del patio con sus juegos y que las chicas, estaban confinadas a un espacio reducido, sin que las maestras hicieran algo. de chica tuve que soportar que me dijeran varias cosas por querer jugar al futbol con mis compañeros. y pese a que había alguna reticencia de parte (algunos) de los chicos, los que más me aceptaron eran mis compañeros. los comentarios más negativos partían de ¡mis maestras!. 

el punto es que desde pequeños somos entrenados para que podamos realizar ciertas labores de adultos y eso no está mal. sin embargo, hay diferencias en la forma en que es encarada la parte lúdica entre hombres y mujeres. los hombres siguen jugando de grandes, porque entre los juegos que aprenden de pequeños hay juegos que son verdaderamente juegos. las mujeres muy pocas veces siguen jugando juegos grupales porque desde chica son muy pocos juegos grupales los que son enseñados. y no es un problema de dimorfismo sexual. es un problema de educación. las mujeres son muy aptas para el jugar el futbol. no es un deporte violento (de hecho, en EEUU, es uno de los deportes "femeninos" por considerarselo menos agresivo que el Football americano). 

yo creo que desde pequeñas se nos enseña a no cooperar entre mujeres, al aislamiento, a la individualidad. de ahí en más, tenemos ciertas características estereotípicas femeninas. pero por sobre todo, se nos despoja de nuestra capacidad de jugar por jugar. de tener un juego que no implique responsabilidades, o que esas responsabilidades se limiten a ganar, jugar bien o mejorar. que ensalcen habilidades como la cooperación y la coordinación para lograr una meta. que no sea producto de habilidades individuales o procesos propios, sino colectivos. pero sobre todo, que sea un juego. solo un juego que puedas seguir jugando de grande, con tus amigas, con alguien que recién conoces en la playa o cuando una chica se acerque y diga: nos falta una para un picadito, quien se prende?

pd: la que suscribe se ha prendido varias veces en ir a jugar al futbol y al handball entre mujeres.
pd2: la mayoría de las chicas que jugaban al fútbol NO eran tortas. por las dudas, aclaro, porque siempre hay unx desubicadx que dice que sólo a las lesbianas les gustan jugar al fútbol. 

lunes, 13 de febrero de 2012

las cosas buenas

un café con leche a la mañana y una ducha. 
un alfajor terrabusi clásico negro.
aceptar las cosas buenas que tiene la vida. 
cruzar el charco de un salto tempranero y con los ojos cerrados sumergirse por un rato en otro mundo. un mundo de batallas, filibusteros, esclavos y aljibes. 
jugar en el agua. 
aceptarlas y disfrutarlas, como se disfruta un alfajor terrabusi negro o una cocacola luego de la resaca.
como se disfruta una siesta con el sol de las ocho de la noche entrando por las ventanas en esquina, tornasolando la luz.


aceptar las cosas buenas que tiene la vida también es de buena gente.



pd:  pongo etiqueta placeres y le sumo: aceptar las cosas buenas de la vida como hacer pis en la ducha. listo. lo dije. 

miércoles, 8 de febrero de 2012

apariencias

no hay manera de comer una banana que no sea considerada una metáfora sexual.

sábado, 4 de febrero de 2012

analisis de consecuencias

se había quedado reflexionado. después de todo, no quería esa clase de gente en su vida.
se había dado cuenta que, por mucho que intentara justificarse, durante ese lapso de tiempo se había relacionado con gente que no le hacía bien.
mucho tiempo es mucho tiempo. no es que fueran malas personas, no. como le había dicho su buena amiga, seríamos incapaces de relacionarnos con malas personas, simplemente, eran limitadas. tenían sus limitaciones, como ella tenía las suyas, pero, pensaba, esas limitaciones no se entendían.
la razón, esgrimía, de que esas personas podían permanecer juntas, a pesar de que realmente eran en muchos aspectos desagradables, residía en que eran como un montón de puercoespines juntos. las espinas de cada una aislaban de las del resto.
sus propias espinas eran de un caracter diferente. no se consideraba una persona buena. había caido más de una vez y muy profundo. sabía que sus instintos le jugaban en contra la mayor parte de las veces. pero sus espinas eran de un caracter diferente al de ellas. ella mantenía una especie de lealtad con quienes pensaba que habían sido leales con ella. una moral discutible, pero al menos una moral.
cuando alguien no jugaba de acuerdo a esa moral -por desconocimiento, omisión o a propósito- simplemente entraba en la lista de personas a las que le importaba un pito.  no sentía responsabilidad ni culpa. pero el punto al que había llegado esa noche era que se trataban de dos tipos diferentes de espinas. y lo cierto era que eran diferentes a las de ella.
y la reflexión final giró sobre algo que había estado evitando durante meses. el tiro del final, la gracia. sabía que tenía que hacerlo porque sino todo sería un espiral que lo único que lograría sería irritarla.
a lo largo de su vida sabía que se encontraría con personas y situaciones desagradables. pero sería una necia si no se alejaba de aquellas personas que ya sabía que podían tener, en ocasiones, comportamientos sumamente molestos.
meditó largo y tendido sobre cómo sería la forma más apropiada. sopesó un par de posibilidades y supuso que en un punto, era algo que sucedería solo sí se presentaban ciertas condiciones.
luego, recordó el detalle, no menor, de que ella había hecho lo mismo. intentó darle vueltas al asunto y la verdad es que no lo encontró. era igual de responsable. con una pequeña y ligera diferencia. no había sido sistemático. eso no la exculpaba. en ciertos lugares, parecía, las espinas no eran tan diferentes.
aun así, eso no anulaba su anterior conclusión. no quería tener nada que ver con esa clase de gente. había llegado a su punto de saturación. estaba cómoda con su nivel de maldad, pero jamás se le hubiera pasado por la cabeza hacerle daño a la persona que quería. era mala, si. todos lo somos. pero su maldad tenía un límite. una sola vez lo había sobrepasado equivocada y no lo volvería a hacer.
las espinas que la diferenciaban de todas ellas era esa: ella jamás le había hecho daño a una persona que a la que amase. siempre había primado el respeto. por la otra persona y por sí misma.

era el final. lo sabía. pero aun le quedaba ese resto de lealtad, de respeto. esperaría. y cuando llegara la hora, tendría que hacer lo que había evitado por meses. cerró los ojos, los volvió a abrir y miró por el balcón  una vez más antes de cerrar la persiana. solo quedaba una vez más.