la historia, como cualquier construcción humana, es subjetiva. esto quiere decir, lisa y llanamente, que la forma en la historia nos es relatada es parte del punto de vista de los sujetos que construyen colectivamente esa visión de la historia. lo que podríamos considerar como "objetivo" en la historia son los hechos en los que se basa su narración: la revolución francesa existió, pasó, aunque lo que podríamos interpretar es si fue una revolución de proletarios, de burgueses, de antimonárquicos, etc.
esta historia se me ocurrió una noche en que trataba de dormir y pensaba en cosas para relajarme y entonces me acordé de la libélula.
uds saben la libélula es un insecto famoso (Bernardo y Bianca) al que le tengo aprecio en dosis justas y un poco de asco cuando vienen en bandadas, como en el verano.
este relato tiene poco de verosimil aunque esté basada en hechos que sí sucedieron.
hace años alguien me dijo que había visto una remera en un escaparate (linda palabra) de una conocida marca de jeans, una remera que le gustaría para mi, que era para mi, porque parecía tener mi estilo. cuando nos encontramos, me llevó a ver esa remera y efectivamente, me gustó mucho y tenía mi onda. pero me negué a adquirirla por el elevado precio y creo también haberme negado a que ella la compre (no sé si ella tenía la intención, solo que yo me adelanté y le dije que no).
cuando nos fuimos de la tienda voltee a ver la remera y creo recordar (pero por ahí es mentira) que le dije que era linda de verdad.
tiempo después, meses después, la relación con la persona que me había señalado la remera se terminó. tiempo después, meses después, nos juntamos a tomar un café con una muchacha que, por razones de lejanía, no había conocido en persona. para reconocernos, en el lugar que yo había seleccionado, le di indicaciones de cómo estaría vestida: jeans, camisa a rayas, sueter gris, saco largo beige y rulos. ella, que es medio parca, me indicó que iría como siempre va a trabajar. jeans, remera negra y una campera.
remera negra con una libélula, dijo.
siendo que yo llego primero a los lugares de reunión (en la mayoría de los casos analizados) me senté en una mesa de las de la vereda y me dispuse a tomar una cerveza (es sabido que el café es una excusa). miraba sin mirar, es cierto, mientras esperaba la llegada de la muchacha en cuestión y de otra convidada.
la muchacha llegó -más no la otra convidada- y cuando me vio al bajarse del taxi dice haberme reconocido, yo no.
llegó, dije, y se acercó a la mesa que ocupaba, me preguntó si yo era yo, a lo que -algo insegura de mi ser mismo- le respondí que sí. nos saludamos, la invité a sentarse y empezamos a recodar los santos y señas de las vestimentas.
-no vi tu saco, te reconocí por los rulos-
-ahh, pero si lo tengo puesto, y tu remera?-
y me mostró su remera negra.
la remera era negra y tenía una libélula dibujada y como en toda historia que se precie de ser contada, era el mismo modelo (distinto color) que me habían recomendado como mi estilo meses, parecían muchos, atrás.
nos quedamos charlando y cenando y no importa que sucedió más luego (unos meses después).
la remera de la libélula nunca me la compré, sigo pensando que era muy cara. y los hechos son los hechos pero como aquí lo que importa es cómo se interpretan, lo que la noche de insomnio me deparó fue en la coincidencia entre la remera con libélula que me habían señalado como "para vos, muy tu estilo", que meses después conociera a una dueña de remera-libélula y que hoy esa remera y su dueña estuvieran a mi lado en la cama, durmiendo.
quien iba a decir que le iba a terminar dando la razón: esa remera es definitivamente mi estilo.

