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lunes, 14 de septiembre de 2009

Informe shangai


Anexo V


Emprendo nuevamente el viaje, nuevos puertos me esperan. No hay mapa que trace semejante recorrido, pero me animaré a bajar en todos. Tal vez me espere un viaje de un tirón. El Oráculo de Delfos no me ha dicho mucho o lo que me ha dicho, no lo he sabido entender.
Atenas es una ciudad bellísima. Sus antiguos habitantes, dicen, le pusieron su nombre en honor a Pallas Atenea.
Pallas nació de la cabeza de su padre Zeus. Con armadura, ya grande, lista, preparada. Diosa de la hilandería, la agricultura y las artes. Diosa de la guerra, pero no de la guerra del cruel Ares, sino de la guerra por estrategia, planificada. Pallas jamás se dejó tomar ni subyugar. No se entregó jamás a nadie, para no perder su fuerza ni su sabiduría. Su espíritu hizo mella en los habitantes de la ciudad quienes le erigieron el más hermoso templo.
Atenas, al igual que Pallas, no cedió nunca a la presión de sus conquistadores. Ni el persa Darío pudo tomarla. Cuando los ejércitos cercaban sus fronteras, sus generales decidieron oponer un muro de madera (barcos hermosos, los trirremes) y hacerles frente utilizando la estrategia más que la fuerza.
Pero el precio a pagar por la estrategia fue que los atenienses tuvieron que dejar la ciudad. Prefierieron verla incenciada hasta los cimientos que ser subyugados por los Persas. Y así, Atenas fue incendiada mas no tomada.
Los atenienses volvieron. La reconstruyeron y la llevaron a la cima de la Grecia antigua.
Su puerto es bellísimo. Uno de los mejores por los que he pasado por mi viaje. Sus mercaderes, exquisitos y su sabiduría, inexpugnable.
Pero Atenas, como Pallas Atenea, sólo deja entrar a quien ella quiere. El resto, se contenta con sus puertos, con saborear la delicia desde la lejanía.
Y yo no tengo ni alma de Persa, ni temple de guerrero. Yo sólo soy una viajera con un sólo destino.
Ítaca.



martes, 4 de agosto de 2009

los verdes de un vestido

-Ya te habrás dado cuenta, Calac -dijo Nicole-. No hay gran cosa que decir, simplemente todo va mal y no sabemos qué hacer. Peor todavía, sabemos muy bien lo que debería hacer cada uno y no lo hacemos.

-¿La esperanza, entonces, esa puta vestida de verde?

-Oh, hace rato que no espero nada. Pero Mar sí, a su manera, y esa es mi culpa. Me quedo a su lado, nos miramos y dormimos juntos, y entonces el espera un poco más todos los días.
...

...

-Soy yo la que tendría que irme. -dijo Nicole-. Pero irme de verdad, sin dejar huellas. Entonces él se curaría. Un plan perfecto, como ves, pero que funciona mucho menos bien que esto que está sucediendo aquí y que es una perfecta locura.

-Ah eso, querida, acabás de decir una verdad inmortal... ....-Mirá Nicole, si has dejado de quererlo, pero entendeme bien, cuando digo de quererlo no estoy diciendo tenerle cariño o ser buena con él y esas otras sustituciones amables que son la flor de nuestra civilización, si has dejado de querelo no entiendo por qué no tenés la generosidad de irte.
...

...
-Pues es así, niña, y si el tren de que hablabas llegara a su destino con vos a bordo, te encontrarías con que él está pensando en saltar en un tren rumbo a Paris y que no lo hace por la misma razón que vos no vas a Viena, etcétera. Jugar a las esquinitas es muy divertido a los ocho años, pero más tarde tiende a resultar exasperante, y así vamos todos.
...

...
-No sé que voy a hacer -le dije- Todo está claro para los demás, como siempre. Pero después llega Mar y ya ves, cada día es como el anterior, la puta de vestido verde, tenés razón.

-De él no esperes nada -dijo Calac-. Él no hará nada para reolver las cosas. A menos que crea no hacer nada y...


...
Atarse al mástil, por miedo a la música, seguir de cerca a Marrast, y sentirse sucia y atarse lo mismo al mástil, por miedo a la inútil libertad que sería inevitablemente una puerta cerrada en Viena o una explicación cortésmente distante y unas cejas alzándose con el mínimo de sorpresa consentido por el bueno tono, Juan la miraría afectuosamente y la besaría en la mejilla, la llevaría a cenar, al teatro, distraído y amable, habitado por otra imagen imperiosa, y si su frivolidad le jugaba una mala pasada, si beso en la mejilla se corría hasta la boca, si después su mano buscaba los hombros de Nicole y la ceñían con más fuerza, ella sentiría todo eso como la limosna a la esperanza harapienta, el justo pago a la puta de vestido verde como había dicho Calac que acababa de levantarse...

Julio Cortazar 62 Modelo para armar


Los mástiles, la música y Ulises y sus sirenas. Todo se repite, you know.


lunes, 27 de julio de 2009

93


Pero el amor, esa palabra... Moralista Horacio, temeroso de pasiones sin una razón de aguas hondas, desconcertado y arisco en la ciudad donde el amor se llama con todos los nombres de todas las calles, de todas las casas, de todos los pisos, de todas las habitaciones, de todas las camas, de todos los sueños, de todos los olvidos o los recuerdos. Amor mío, no te quiero por vos ni por mí ni por los dos juntos, no te quiero porque la sangre me llame a quererte, te quiero porque no sos mía, porque estás del otro lado, ahí donde me invitás a saltar y no puedo dar el salto, porque en lo más profundo de la posesión no estás en mí, no te alcanzo, no paso de tu cuerpo, de tu risa, hay horas en que me atormenta que me ames (cómo te gusta usar el verbo amar, con qué cursilería lo vas dejando caer sobre los platos y las sábanas y los autobuses), me atormenta tu amor que no me sirve de puente porque un puente no se sostiene de un solo lado, jamás Wright ni Le Corbusier van a hacer un puente sostenido de un solo lado, y no me mires con esos ojos de pájaro, para vos la operación de] amor es tan sencilla, te curarás antes que yo y eso que me querés como yo no te quiero. Claro que te curarás, porque vivís en la salud, después de mí será cualquier otro, eso se cambia como los corpiños. Tan triste oyendo al cínico Horacio que quiere un amor pasaporte, amor pasamontañas, amor llave, amor revólver, amor que le dé los mil ojos de Argos, la ubicuidad, el silencio desde donde la música es posible, la raíz desde donde se podría empezar a tejer una lengua. Y es tonto porque todo eso duerme un poco en vos, no habría más que sumergirte en un vaso de agua como una flor japonesa y poco a poco empezarían a brotar los pétalos coloreados, se hincharían las formas combadas, crecería la hermosura. Dadora de infinito, yo no sé tomar, perdoname. Me estás alcanzando una manzana y yo he dejado los dientes en la mesa de luz. Stop, ya está bien así. También puedo ser grosero, fájate. Pero fijate bien, porque no es gratuito.

¿Por qué stop? Por miedo de empezar las fabricaciones, son tan fáciles. Sacás una idea de ahí, un sentimiento del otro estante, los atás con ayuda de palabras, perras negras, y resulta que te quiero. Total parcial: te quiero. Total general: te amo. Así viven muchos amigos míos, sin hablar de un tío y dos primos, convencidos del amor-que-sienten-por-sus-esposas. De la palabra a los actos, che; en general sin verba no hay res. Lo que mucha gente llama amar consiste en elegir a una mujer y casarse con ella. La eligen, te lo juro, los he visto. Como si se pudiese elegir en el amor, como si no fuera un rayo que te parte los huesos y te deja estaqueado en la mitad del patio. Vos dirás que la eligen porque-la-aman, yo creo que es al verse. A Beatriz no se la elige, a Julieta no se la elige. Vos no elegís la lluvia que te va a calar hasta los huesos cuando salís de un concierto. Pero estoy solo en mi pieza, caigo en artilugios de escriba, las perras negras se vengan cómo pueden, me mordisquean desde abajo de la mesa. ¿Se dice abajo o debajo? Lo mismo te muerden. ¿Por qué, por qué, pourquoi, why, warum, perchè este horror a las perras negras? Miralas ahí en ese poema de Nashe, convertidas en abejas. Y ahí, en dos versos de Octavio Paz, muslos del sol, recintos del verano. Pero un mismo cuerpo de mujer es María y la Brinvilliers, los ojos que se nublan mirando un bello ocaso son la misma óptica que se regala con los retorcimientos de un ahorcado. Tengo miedo de ese proxenetismo, de tinta y de voces, mar de lenguas lamiendo el culo del mundo. Miel y leche hay debajo de tu lengua... Sí, pero también está dicho que las moscas muertas hacen heder el perfume del perfumista. En guerra con la palabra, en guerra, todo lo que sea necesario aunque haya que renunciar a la inteligencia, quedarse en el mero pedido de papas fritas y los telegramas Reuter, en las cartas de mi noble hermano y los diálogos del cine. Curioso, muy curioso que Puttenham sintiera las palabras como si fueran objetos, y hasta criaturas con vida propia. También a mí, a veces, me parece estar engendrando ríos de hormigas feroces que se comerán el mundo. Ah, si en el silencio empollara el Roc... Logos, faute éclatante. Concebir una raza que se expresara por el dibujo, la danza, el macramé o una mímica abstracta. ¿Evitarían las connotaciones, raíz del engaño? Honneur des hommes, etc. Sí, pero un honor que se deshonra a cada frase, como un burdel de vírgenes si la cosa fuera posible.

Del amor a la filología, estás lucido, Horacio. La culpa la tiene Morelli que te obsesiona, su insensata tentativa te hace entrever una vuelta al paraíso perdido, pobre preadamita de snack-bar, de edad de oro envuelta en celofán. This is a plastic's age, man, a plastic's age. Olvidate de la perras. Rajá, jauría, tenemos que pensar, lo que se llama pensar, es decir sentir, situarse y confrontarse antes de permitir el paso de la más pequeña oración principal o subordinada. París es un centro, entendés, un mandala que hay que recorrer sin dialéctica, un laberinto donde las fórmulas pragmáticas no sirven más que para perderse. Entonces un cogito que sea como respirar París, entrar en él dejándolo entrar, neuma y no logos. Argentino compadrón, desembarcando con la suficiencia de una cultura de tres por cinco, entendido en todo, al día en todo, con un buen gusto aceptable, la historia de la raza humana bien sabida, los períodos artísticos, el románico y el gótico, las corrientes filosóficas, las tensiones políticas, la Shell Mex, la acción y la reflexión, el compromiso y la libertad, Piero della Francesca y Anton Weber, la tecnología bien catalogada, Lettera 22, Fiat 1600, Juan XXIII. Qué bien, qué bien. Era una pequeña librería de la rue du Cherche-Midi, era un aire suave de pausados giros, era la tarde y la hora, era del año la estación florida, era el Verbo (en el principio), era un hombre que se creía un hombre. Qué burrada infinita, madre mía. Y ella salió de la librería (recién ahora me doy cuenta de que era como una metáfora, ella saliendo nada menos que de una librería) y cambiamos dos palabras y nos fuimos a tomar una copa de pelure d'oignon a un café de Sèvres-Babylone (hablando de metáforas, yo delicada porcelana recién desembarcada, HANDLE WITH CARE, y ella Babilonia, raíz de tiempo, cosa anterior, primeval being, terror y delicia de los comienzos, romanticismo de Atala pero con un tigre auténtico esperando detrás del árbol). Y así Sèvres se fue con Babylone a tomar un vaso de pelure d'oignon, nos mirábamos y yo creo que ya empezábamos a deseamos (pero eso fue más tarde, en la rue Réaumur) y sobrevino un diálogo memorable, absolutamente recubierto de malentendidos, de desajustes que se resolvían en vagos silencios, hasta que las manos empezaron a tallar, era dulce acariciarse las manos mirándose y sonriendo, encendíamos los Gauloises el uno en el pucho del otro, nos frotábamos con los ojos, estábamos tan de acuerdo en todo que era una vergüenza, París danzaba afuera esperándonos, apenas habíamos desembarcado, apenas vivíamos, todo estaba ahí sin nombre y sin historia (sobre todo para Babylone, y el pobre Sèvres hacía un enorme esfuerzo, fascinado por esa manera Babylone de mirar lo gótico sin ponerle etiquetas, de andar por las orillas del río sin ver remontar los drakens normandos). Al despedirnos éramos como dos chicos que se han hecho estrepitosamente amigos en una fiesta de cumpleaños y se siguen mirando mientras los padres los tiran de la mano y los arrastran, y es un dolor dulce y una esperanza, y se sabe que uno se llama Tony y la otra Lulú, y basta para que el corazón sea como una frutilla, y...

Horacio, Horacio.

Merde, alors. ¿Por qué no? Hablo de entonces, de Sèvres-Babylone, no de este balance elegíaco en que ya sabemos que el juego está jugado.


Dante y Beatriz. Gustave Doré 1861.

Anexo V: informe enviado

martes, 21 de julio de 2009

when i'm 64

cuando tenga 64 iré a llevarte un café recién hecho. vas a estar sentada en un sillón de mimbre lleno de almoadones y una manta con los pies encima. será una tarde de lluvia -como ésta- que caerá sobre el tinglado de chapa que cubre la galería.
cuando tenga 64 te acercaré la taza a la mesita y vos ni te vas a dar cuenta, absorta como estás en tu libro, el cual vas por la enésima re-lectura. me sentaré en el final del sillón tomando mi libro con una mano y con la otra pasando el dedo desde tu rodilla hasta tus pies que ahora reposan sobre mi falda.
cuando tenga 64 leeré un par de páginas más y cuando deje el libro para tomar mi taza miraré el jardín verde de verano, pensando que tal vez fue así como tenía que pasar. ni más ni menos.
cuando tenga 64 y me vuelva a mirarte justo en el momento en que vos levantes tu mirada entre concentrada y ofuscada, y me regales una pequeña sonrisa.



(would you lock the door?)

miércoles, 15 de julio de 2009

patio de juegos


La técnica consistía en citarse vagamente en un barrio a cierta hora. Les gustaba desafiar el peligro de no encontrarse, de pasar el día solos, enfurruñados en un café o en un banco de plaza, leyendo-un-libro-más. La teoría del libro-más era de Oliveira, y la Maga la había aceptado por pura ósmosis. En realidad para ella casi todos los libros eran libros-menos, hubiese querido llenarse de una inmensa sed y durante un tiempo infinito (calculable entre tres y cinco años) leer la opera omnia de Goethe, Homero, Dylan Thomas, Mauriac, Faulkner, Baudelaire, Roberto Arlt, San Agustín y otros autores cuyos nombres la sobresaltaban en las conversaciones del Club. A eso Oliveira respondía con un desdeñoso encogerse de hombros, y hablaba de las deformaciones rioplatenses, de una raza de lectores fulltime, de bibliotecas pululantes de marisabidillas infieles al sol y al amor, de casas donde el olor a tinta de la imprenta acababa con la alegría del ajo. En esos tiempos leía poco, ocupadísimo en mirar árboles, los piolines que encontraba por el suelo, las amarillas películas de la Cinemateca y las mujeres del barrio latino. Sus vagas tendencias intelectuales se resolvían en meditaciones sin provecho y cuando la Maga le pedía ayuda, una fecha o una explicación, las proporcionaba sin ganas, como algo inútil. "Pero es que vos ya lo sabes", decía la Maga, resentida. Entonces él se tomaba el trabajo de enseñarle la diferencia entre conocer y saber, y le proponía ejercicios de indagación individual que la Maga no cumplía y que la desesperaban.

De acuerdo en que en ese terreno no lo estarían nunca, se citaban por ahí y casi siempre se encontraban. Los encuentros eran a veces tan increíbles que Oliveira se planteaba una vez más el problema de las probabilidades y le daba vueltas por todos lados, desconfiadamente. No podía ser que la Maga decidiera doblar en esa esquina de la rue de Vaugirard exactamente en el momento en que él, cinco cuadras más abajo, renunciaba a subir por la rue de Buci y se orientaba hacia la rue Monsieur le Prince sin razón alguna, dejándose llevar hasta distinguirla de golpe, parada delante de una vidriera, absorta en la contemplación de un mono embalsamado. Sentados en un café reconstruían minuciosamente los itinerarios, los bruscos cambios, procurando explicarlos telepáticamente, fracasando siempre, y sin embargo se habían encontrado en pleno laberinto de calles, casi siempre acababan por encontrarse y se reían como locos, seguros de un poder que los enriquecía. A Oliveira le fascinaban las sinrazones de la Maga, su tranquilo desprecio por los cálculos más elementales. Lo que para él había sido análisis de probabilidades, elección o simplemente confianza en la rabdomancia ambulatoria, se volvía para ella simple fatalidad. "¿Y si no me hubieras encontrado?", le preguntaba. "No sé, ya ves que estás aquí..." Inexplicablemente la respuesta invalidaba la pregunta, mostraba sus adocenados resortes lógicos. Después de eso Oliveira se sentía más capaz de luchar contra sus prejuicios bibliotecarios, y paradójicamente la Maga se rebelaba contra su desprecio hacia los conocimientos escolares. Así andaban, Punch and Judy, atrayéndose y rechazándose como hace falta si no se quiere que el amor termine en cromo o en romanza sin palabras. Pero el amor, esa palabra...

Rayuela. Capítulo 6. Julio Cortazar.

martes, 7 de julio de 2009

tell me a story

she said.
se colocó boca abajo. la sábana le llegaba a la cintura.
su mano se posó, palma abajo, sobre mi pecho.
respiración rítmica, dos patadítas, como expulsando los últimos demonios de la vigilia.
subo las sabanas hasta el comienzo de su cuello. el verano se resiste a ir, pero igual la madrugada está algo fresca.
por debajo, mi dedo recorre la columna, desde el foramen magnun hasta el sacro (lindo nombre para el hueso de justo ahí, el Sacro Imperio Romano y su caída). cervicales, dorsales, lumbares. se detiene entre las dos escápulas. no lo veo moverse. solo se desliza.
emerge, se dirige hasta su cara, puesta de costado hacia mi.
me encuentro en posición decúbito dorsal, con mi brazo sosteniendo mi cara mientras la miro dormir.
mi dedo vuelve a recorrer su piel pero esta vez elige el entrecejo, entre los arcos superciliares. acaricia y baja hasta la punta de nariz. ella mueve su boca bajo efecto de las supuestas cosquillas. sube mi dedo otra vez hasta el comienzo de la frente.
es bellísima (sí, todas lo han sido, quizás no eran lindas según el canon, pero seguro que eran bellísimas).
me vuelvo a poner boca arriba y ella se arrima hasta apoyar su cabeza sobre mi brazo izquierdo extendido y su mano abraza mi caja toráxica. mi brazo derecho guía mi mano y relata su cuello.
cuando despierte ya no estaré.
ella no sabe aún
que he sido un sueño.

viernes, 29 de mayo de 2009

demiurgo












si se me diese la posibilidad creadora, la potencia,
elegiría darte las respuestas más claras y luminosas.
si estuviese en mi ser-demiurgo la posibilidad de encontrar esas respuestas,
eligiría nuevas preguntas para hacerte
y así no te aburrirías.
si estuviese en mí ser valiente,
te diría que
lo que digo con la boca, lo defiendo con el cuerpo.
te quiero

lunes, 18 de mayo de 2009

en la noche

las epifanías son así. al menos el sentimiento de comprensión suele llegarme de esa manera.
ayer mientras hablaba por teléfono con una beloved person estalló la compresión.
entendí, fui capaz de enunciar.
¿por qué escribo?
en el momento en que escribí -e incluso ahora, pero ahora es más difuso, supongo que se hará claro más tarde- escribía porque no era. escribía para ser.
esa escritura era la única posibilidad de articulación del no-ser que era en ese momento, con el ser que debía realizarme.
sin la escritura no se hubiera desplegado. jamás se hubiera realizado.
no fue -y anoche fue tan real, tan palpable que me llenó los ojos de lagrimas- claro que ella no lo supo, pues no se lo dije.
la transición, mi no-ser en ese mundo, desplegaba su potencial mediante una escritura grotesca e incomprensible para mi y para otros.
me dí cuenta de que escribo mal -con errores, con fatigas, con vicios, con repeticiones- porque mi escritura es la manera en que mi no-ser se afirma en la potencialidad del ser. la escritura es mi ámbito de perfectibilidad, en donde el ser intenta afirmarse por un territorio tan vano como el de las palabras escritas por aqui.
¿será entonces que cuando no escribo es porque soy? ¿será que el ser se contrapone con la escritura de mi?
no se, anoche sólo pude vislumbrar la compresión de que en ese momento, cuando escribía años atras, escribía porque no-era. escribía desde el dolor que representaba ese no-ser. y escribía como manera de encontrar el resurgimiento de mi ser. será cuestión de afirmarse y desplegarse en un no-ser, que por primera vez se parece más a un ser timidamente esbozado, que a la tristeza del no-ser que hizo que anoche, se inundaran los ojos de lágrimas.
lo cierto es que no dejo de escribir, puedo saltearme, pero no dejo de escribir. escribo, pues porque aun no soy lo que quiero, aunque en este momento sea lo que quiero. escribo de maneras caóticas, desesperadas casi febriles. escribo desde un lugar que no es este nunca. escribo porque quiero, porque no puedo no-escribir. escribo desaforadamente, estúpidamente. escribo porque no tengo conciencia de mi, para tenerla. escribo desde las palabras de otros desde aquello que no es mio y nunca lo será. escribo para ser y no parecer. escribo porque no puedo evitarlo, entonces es inevitable. escribo porque es necesario escribir, para escribir. escribo porque no tengo otra manera, porque no la encuentro, porque no la he buscado jamás. escribo desde el dolor, desde la alegría, desde una profundidad oscura y llena de luz. escribo porque es mi deber escribir, mio y de nadie más. escribo porque son estas palabras, las mías y las de otros, las que me llenan. escribo para cantar, porque no sé cantar. escribo para la música, porque no la entiendo. escribo desde que tengo memoria, aunque no escribiera. escribo porque estas palabras no existen, más en la existencia de su enunciación. escribo para crear, crearme, creerme. escribo para ser, porque nunca soy cuando escribo.
y, pese a que ella no se dió cuenta de las lágrimas, las lágrimas existen ahora que las escribo.
gracias por la epifanía beloved person


sábado, 9 de mayo de 2009

un cuento chino


La sentencia
Aquella noche, en la hora de la rata, el emperador soñó que había salido de su palacio y que en la oscuridad caminaba por el jardín, bajo los árboles en flor. Algo se arrodilló a sus pies y le pidió amparo. El emperador accedió; el suplicante dijo que era un dragón yq ue los astros les habían revelado que al día siguiente, antes de la caída de la noche, Wei Cheng, ministro del emperador, le cortaría la cabeza. En el sueño, el emperador juró protejerlo.
Al despertarse, el emperador preguntó porWei Chaeng. Le dijeron que no estaba en el palacio; el emperador lo mandó a buscar y lo tuvo atareado el día entero, para que no matara al dragón y hacia el atardecer le propuso que jugaran al ajedrez. La partida era larga, el ministro estaba cansado y se quedó dormido.

Un estruendo conmovió la tierra. Poco después irrumpieron dos capitanes, que traían una inmensa cabeza de dragón empapada en sangre. La arrojaron a los pies del emperador y gritarion:
-Cayó del cielo.
Wei Cheng, que había despertado, la miró con perplejidad y observó:
-Qué raro, yo soñé que mataba a un dragón así.

Wu Ch'eng-en (c. 1505)

H.B.

martes, 14 de abril de 2009

domingo, 5 de abril de 2009

metodología

caracterización de la muestra.
universo finito, particionado.
fenómeno a investigar.
elección de aquellos elementos sensibles y observados que definan mejor la muestra.
selección de los estados posibles de cada uno de los elementos.

menú de opciones
espalda
a) larga y recta
b) de justa curva dorsal *
c) ancha de cintura definida

estómago (aka panza)
a) siguiendo contornos
b) son suaves ondulaciones *
c) prominente

manos
a) largas y finas
b) largas y gruesas
c) cortas y finas
d) cortas y gruesas
e) cuidadas *

marcas corporales
a) presencia *
b) ausencia

color de ojos
a) claros
b) oscuros
c) no me deja mirarle los ojos
d) indistinto *

la ciencia se define por particionar en elementos finitos un universo infinito. nosotros tenemos la ilusión que al ser analíticos conocemos mejor el fenómeno en su conjunto.
de lo particular a lo universal. de lo pequeño a lo grande.
de la parte al todo.
y el camino inverso
del todo a las partes, de lo general a lo particular.
de lo analítico a lo sintético.
de la dialéctica
y de la sopa.





sábado, 4 de abril de 2009

forager-collector

durante los años 60 hubo una explosión de estudios sobre los grupos actuales de cazadores recolectores. antropólogos y arqueólogos estaban convencidos de que al mirar como manejaban sus recursos estos grupos, podrían obtenerse respuestas tanto al pasado humano como al presente tan conflictivo de ese momento. en consonancia con el flower power, los antropólogos veían a esos grupos como prístinos humanos en contacto con la naturaleza, con una economía zen, en la que poco tenían porque poco deseaban. los despojaban de todas las características adscriptas a la sociedad violenta, consumista y guerrera. el buen salvaje roussoniano había vuelto, esta vez envuelto en la manta del espejo en donde se veían reflejadas las peores miserias de la sociedad occidental y de los valores de la burguesía en crisis.
en ese contexto surgió una conferencia, 1966, llamada Men the Hunter. como su nombre lo indica, preponderaban la figura del hombre y de la caza como definición del homo sapiens sapiens.
hubo, entre todos los conceptos que se acuñaron en esa conferencia, una clasificación de los grupos de cazadores recolectores de acuerdo a como se distrubuían los recursos en su ambiente.
deribado de los estudios de la economía formal, la teoría de la predación óptima dividió a los grupos en dos polos dentro de un continum: foragers y collectors.
los foragers eran los grupos que se movían a través del paisaje en busca de los recursos necesarios para la subsistencia. se asumía a priori (kant) que esta estrategia sería elegida por aquellos grupos que vivieran en ambientes donde los recursos estuvieran homogénaemente distribuídos en tiempo o en el espacio. en estos casos, la opción óptima para el grupo era moverse de una lado al otro cuando el costo de ir a buscar los recursos superara la ganancia efectiva de calorías.
los collectors eran aquellos grupos que establecian en un punto del espacio y de ahí se movían en pequeños grupos especializados a recolectar los recursos. estos grupos aparecerían en aquellos ambientes en donde los recursos estuvieran heterogéneamente distribuidos en tiempo y espacio. la elección de mover el campamento también se hacía en base a la disminución de la relación costo beneficio.
obviamente, los antropólogos sabían que ningún grupo caía dentro de esta clasificación sino que se manejaban dentro del espectro.
generalemente los collectors eran vistos como cazadores más especializados y complejos, mientras los foragers son considerados mucho más generalizados y de organización social más simple.
por lo tanto, evolutivamente se consideraba que la estrategia collector era la que había dado el puntapie para el desarrollo y compejización humana, mientras que las estrategias forager demostrarían la adaptación a ambientes mucho más predecibles.
-claro -le digo- yo siempre me consideré una forager. mi dieta ha sido lo suficientemente amplia como para poder sobrevivir. el problema conmigo, es que necesito ambientes estables y predecibles.
-no hay nada estable y predecible
-ya lo sé, estoy jodida.