hubo un tiempo en el que pensé que mediante acciones buenas, lindas y justas podía yo enamorar a una dama. entonces elucubraba planes de escritura, convocaba a mis musas, hacía regalos, tejía y destejía.
la cruel realidad me demostró lo contrario. cuando alguien no está destinado a ser contigo, no hay nada ni nadie que pueda hacer que eso suceda.
no importa cuantos puentes cruces ni a cuantos ejercitos presentes en valiente batalla. ella no será para tí.
el ser buena y generosa, el emprender gloriosas cruzadas en pos del amor deseado, no enamora.
me empecé a deshacer así, de mi complejo de omnipotencia -que aun permanece como tema candente en terapia- y de la idea de que algo de lo que yo hiciera podía torcer los caminos y designios de lo que sea que nos designe.
y fue así que el caracter de mis acciones cambiaron. ya no regalaba flores, ni duraznos, ni nada, para enamorar. lo hacía porque me parecía bien hacerlo. porque me hacía feliz darle a alguien a quien yo quería una muestra de mi cariño.
en el dar por ser feliz me encontré frente a otra perspectiva de mi misma.
aun sabiendo que esas cosas no enamoran, aun con plena conciencia en que-nada-de-lo-que-pueda-yo-hacer-te-va-a-enamorar, me encontré dando regalos a las personas por mi queridas.
esos regalos fueron y se transformaron en lo más puro de mi. el don sin obligación. o mejor dicho, la materialización del don que antes ellas ya me habían dado. las ganas de quererlas.
por que no se habla mucho de eso. de que alguien que te brinde la posibilidad de quererlo, de enamorarte, de amar, eso es algo que una persona te da.
y comencé a darme cuenta que cuando escribía no lo hacía por ellas. que cuando regalaba, no lo hacia por ellas. no esperaba su amor a cambio, pues ellas me habían dado antes la posibilidad de generar ese sentimiento en mi. mis regalos tomaban, en el orden del don, el de la reciprocidad devuelta a quien ha recibido un enorme regalo.
aprendí a no menospreciar la capacidad de querer a alguien con la más prístina inocencia del que no espera que esa persona se enamore. es que eso que nosotros llamamos enamorar, no se consigue con flores, con gestos bonitos, con palabras dulces cantadas a los oidos. eso constituye, en palabras de Jorge Luis, las magias inútiles del amor.
pero digamos con cierto tono de verdad. para las flores, las hojas en blanco de los escritos, el toner de la impresora, un libro, una cena y los otros demases, puede una contar con su tarjeta de crédito usual. pero nada de esto, que podemos adquirir con el vil plástico, nos permitirá enamorar a la damisela. dejémosnos ya de estupideces. liberemos a las flores y a los libros, a los escritos y a las medias de tan pesada carga.
o se enamoran, o te enamoras. punto. no hay tutía. no existe fórmula. no existen las alquimias del amor.
o empezamos a dar por el gusto de dar y el placer que nos causa el ver un rostro de alegría. o dejamos de dar.
y no me vengan con sandeces. los actos del amor hacen al amor. pero no lo inventan. alli donde no está, no lo busquen y alli en donde no está, no va a aparecer.
me quedo con los buenos consejos. y si me doy el gusto de regalar una palabra y una flor, es porque tengo ganas de hacerlo. y si tengo ganas es porque antes he recibido la posibilidad de tenerla.
por eso doy.
la cruel realidad me demostró lo contrario. cuando alguien no está destinado a ser contigo, no hay nada ni nadie que pueda hacer que eso suceda.
no importa cuantos puentes cruces ni a cuantos ejercitos presentes en valiente batalla. ella no será para tí.
el ser buena y generosa, el emprender gloriosas cruzadas en pos del amor deseado, no enamora.
me empecé a deshacer así, de mi complejo de omnipotencia -que aun permanece como tema candente en terapia- y de la idea de que algo de lo que yo hiciera podía torcer los caminos y designios de lo que sea que nos designe.
y fue así que el caracter de mis acciones cambiaron. ya no regalaba flores, ni duraznos, ni nada, para enamorar. lo hacía porque me parecía bien hacerlo. porque me hacía feliz darle a alguien a quien yo quería una muestra de mi cariño.
en el dar por ser feliz me encontré frente a otra perspectiva de mi misma.
aun sabiendo que esas cosas no enamoran, aun con plena conciencia en que-nada-de-lo-que-pueda-yo-hacer-te-va-a-enamorar, me encontré dando regalos a las personas por mi queridas.
esos regalos fueron y se transformaron en lo más puro de mi. el don sin obligación. o mejor dicho, la materialización del don que antes ellas ya me habían dado. las ganas de quererlas.
por que no se habla mucho de eso. de que alguien que te brinde la posibilidad de quererlo, de enamorarte, de amar, eso es algo que una persona te da.
y comencé a darme cuenta que cuando escribía no lo hacía por ellas. que cuando regalaba, no lo hacia por ellas. no esperaba su amor a cambio, pues ellas me habían dado antes la posibilidad de generar ese sentimiento en mi. mis regalos tomaban, en el orden del don, el de la reciprocidad devuelta a quien ha recibido un enorme regalo.
aprendí a no menospreciar la capacidad de querer a alguien con la más prístina inocencia del que no espera que esa persona se enamore. es que eso que nosotros llamamos enamorar, no se consigue con flores, con gestos bonitos, con palabras dulces cantadas a los oidos. eso constituye, en palabras de Jorge Luis, las magias inútiles del amor.
pero digamos con cierto tono de verdad. para las flores, las hojas en blanco de los escritos, el toner de la impresora, un libro, una cena y los otros demases, puede una contar con su tarjeta de crédito usual. pero nada de esto, que podemos adquirir con el vil plástico, nos permitirá enamorar a la damisela. dejémosnos ya de estupideces. liberemos a las flores y a los libros, a los escritos y a las medias de tan pesada carga.
o se enamoran, o te enamoras. punto. no hay tutía. no existe fórmula. no existen las alquimias del amor.
o empezamos a dar por el gusto de dar y el placer que nos causa el ver un rostro de alegría. o dejamos de dar.
y no me vengan con sandeces. los actos del amor hacen al amor. pero no lo inventan. alli donde no está, no lo busquen y alli en donde no está, no va a aparecer.
me quedo con los buenos consejos. y si me doy el gusto de regalar una palabra y una flor, es porque tengo ganas de hacerlo. y si tengo ganas es porque antes he recibido la posibilidad de tenerla.
por eso doy.
Me puse ochentosa...
10 comentarios:
Aplaudo este texto.
Me gustaría decir que raramente aparece. No me responda con una frase. Raramente aparece. Y mucho más raramente, perdura.
Saludazos!
Naifa: le respondo con algo que conocí gracias a ud: ámame menos, pero amame más tiempo.
de las magias inútiles.
abrazos!!!
muy bueno...
es una explicación?
besotes
ale
Ale: si, si lo es. gracias y espero que se mejore pronto.
salutes
Lo que plantea es lo ideal. Y lo ideal rara vez se da.
Concuerdo en que hay que hacer las cosas pq nos gustan y no con el difícil propósito de enamorar a alguien. Sin embargo, también creo que si no se hace nada, si una se queda quieta, es muy dificil que alguien pueda fijarse en esa una.
Saludos
Talita, ha llegado Ud. a un buen pensamiento-conclusión. Creo q' bastante temprano - sólo cuanta con unos 30 años ;) -. Podría decirle: bienvenida, Tali :)
Me permite agregárle unos pensamientos de Hugh Prather, en Palabras a mí mismo?
¿Cuál es la diferencua entre
el deseo de comer y el deseo sexual?
Este último requiere estar de acuerdo.
Deseo a una mujer
y ella no siente igual.
Si aceptara este hecho plenamente
dejaría de desearla.
Pero lo dudo.
continúa es largo, pero esto poco, vale....
Saúdos :)
Talita: Una persona muy querida por mi tiene un dicho que me puede encantar:
"Cuando no te toca...
aunque te pongas,
y cuando te toca...
aunque te quites"
Jajaja! Gran filosofìa...
Alguien por aqui anda enamoradita eh??
Mil felicidades!
Un fuerte abrazo!!
Si bien tal vez sea cierto que lo ideal raras veces se da, yo creo que esas raras ocasiones son las unicas que cuentan, las que realmente valen, ocasiones en las que uno puede amar libre y verdaderamente, sin la necesidad de andar mirando por sobre el hombro cada vez que escuchamos pasos detras nuestro.
La filosofia que cita Merly me parecio muy buena, mañana mismo la pongo en practica con los parciales que se me vienen.
Me permito disentir, para ser sincero sin muchos argumentos, con las palabras de la primera estrofa que cita Artus, no siento que mi deseo sexual y mi deseo de comerme dos porciones de poyo con rusa sean del todo diferentes, me resulta imposible no recordar aquel capitulo de rayuela en que ossip y la maga hacen una diferenciacion entre amor y sexualidad, como necesita la primera a la segunda y no a la inversa, no se, simplemente me vino a la mente.
Al leer el texto que escribiste tuve la idea de barcas que bajan mecidas por un tranquilo arroyo, todo muy suave, una extraña sensacion de fluidez que no logro explicar, siempre me parece asi cuando leo algo que me resulta poco forzado, lograr que hasta un insipido lector como yo pueda sentirse comodo leyendo algo es algo dificil, realmente te ha quedado muy bonito, Gracias talita!
Saludos!
Caro: ud tiene toda la razón. es imposible quedarse quieta. hay que hacerlo, hay que moverse. pero teniendo siempre en mente la felicidad del dar y cuál es la razón por la cual damos.
Artus. ahhh el deseo... no lo se. no lo se. espero afirmarme. salutes
Merly: me en can to!! pero no se si enaoradadita es la palabra eh!!!
otro abrazo
gayito ciego: ponga en práctica para los parciales, seguro que le irá bien. gracias por lo que dice que mi texto le inspiró. siempre es bueno saber esas cosas!
salutes
una vez leí un artículo, ojalá recordara dónde y por quién estaba escrito (a lo mejor lo comenté alguna vez en mi blog) que decía que lo más lindo de amar era eso, amar, no ser amado, que lo que más placer da es el sólo hecho de amar, y yo coincido plenamente
salu2!
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