viernes, 29 de junio de 2012

arcos, trampas y mujeres


asumamos por un momento una mentira (sigame ud lectorx atentx, créame un ratito, solo por placer).
pensemos que la ley máxima del ser humano es minimizar costos maximizando beneficios, la consabida ley del mínimo esfuerzo.
todo lo que hacemos está diseñado por esa ley, que es nuestro libre albedrío. supongamos que esa ley nos lleva a buscar hacer las cosas más fáciles para obtener mejores tasas de beneficio.
en el intermedio, podemos trabajar de más (nunca pensamos eso) pero siempre con la meta de optimizar el tiempo y los costos.
uds saben, porque lo he dicho más de una vez por aca y porque uds lo saben de otros lados ya que son piolas. una persona puede optimizar más de una cosa: tiempo, costos o energía. puede gastar más tiempo, optimizando los costos y maximizando la energía, o puede optimizar el tiempo y los costos, minimizando la energía.
al mismo tiempo, las personas viven en ciertos ambientes, sociales y naturales, que les presentan los condicionantes y los desafíos que deben superar. nosotros, como seres humanos, queremos optimizar, no importa qué, pero queremos optimizar algo. siganme (?) en esta mentira.




ud es un cazador recolector que la verdad es que le gusta holgazanear con su señora esposa todo el día y le importa un pito comer lo justo y necesario. ud quiere a su esposa y quiere pasar tiempo con ella. entonces, diseña un método de caza super efectivo: invierte tiempo y energía para minimizar luego los costos y el tiempo, maximizando el retorno obtenido. si ud está en un ambiente de recursos abundantes, eso no será nada dificil. por ejemplo, está en un lugar en donde hay muchas aves o pequeños mamíferos. entonces, invierte tiempo y energía en diseñar una trampa para capturarlos, sin que ud esté ahí. dos veces por día camina hasta el bosque y mira sus trampas. si hay resultado, lleva las presas a su casa y junto con su compañera, se dedican a procesar la comida para que dure. así, al principio invirtió mucho, pero luego puede disfrutar de grandes beneficios sin mucho esfuerzo. y pasar tiempo junto a su esposa. 


su vecino, otro cazador recolector, no quiere mucho a su esposa y, para ser justos, su esposa tampoco lo quiere mucho a él. sin embargo, no pueden separarse. la única forma de que es cazador consiga otra esposa, es teniendo mucho back up de energía. entonces, este cazador sabe que el tiempo no es una variable a optimizar, ya que no quiere estar en casa mucho. este cazador es un buen cazador, es efectivo, un muy buen arquero y sólo caza presas especiales, muy ricas. es además, muy apreciado en su comunidad. regala mucha comida y está siempre afuera. su meta es optimizar energía, es decir, obtener toda la posible, lograr el favor del padre de alguna muchacha para casarse con ella y al menos tener un poco de tranquilidad conyugal. este cazador maximiza energía y costos, pero no tiempo, ya que invierte mucho para obtener un surplus que le permita obtener una segunda mujer (y mantenerla). 



en realidad lo que (no) demuestra este ejemplo es que todos perseguimos diferentes fines, intentando llegar a ellos de distintas maneras. al mismo tiempo, diferentes maneras de hacer las cosas pueden tener un mismo fin. ¿cómo se llama esto en arqueología? equifinalidad.
la equifinalidad demuestra que bajo una misma explicación se pueden esconder diferentes medios de lograr un fin y a la inversa, diferentes fines pueden ser adquiridos por un mismo medio.
ok, ya expliqué lo de arcos y trampas del título.
¿y las mujeres?
no lo sé, las mujeres no lo sé, solo las puse en el título porque me hizo acordar al título de un libro de Marvin Harris "Vacas, cerdos, guerras y brujas". (uds saquen sus propias conclusiones, ríanse o puteen por lo bajo, es vuestra la interpretación)
la cuestión es que la equifinalidad y la optimización están unidas a las mujeres, tanto para Marvin como para mi, e incluso para nuestro hipotético segundo cazador.
sigue siendo una terra incognita para mi, aquellas mujeres que dicen desear algo y para obtenerlo hacen el camino totalmente opuesto al que la racionalidad indicaría. (ud, si ud, seguro que se ríe ¿porqué se ríe? ¿porque lo hizo o porque se lo hicieron a ud?).


seguro que habrá unx lectorx desprevenido que alzará su voz para imprecar que las mujeres carecemos de racionalidad. sepa, mi amigx, que las mujeres no carecemos de ella, sino que muchas veces para llegar a nuestro objetivo, tomamos no el camino más corto, sino el más tortuoso. porque si hay algo que nos han enseñado a fuerza de barbies y corin tellados es que mejor que llegar es sufrir. y mejor que sufrir, es contar lo que hemos sufrido.


por mi parte, me alegro de que la condición tanguera tenga en mi una saludable expresión. no tengo anhelos nostálgicos por cosas que han sido o que no pudieron ser. me he vuelto un animal racional. de los deseos a la acción. de la acción al deseo.
es como una versión mejorada de Perón, pero sin Perón. claro. aunque igual de positivista (ojo, positivista y no positiva). navaja de ockham. buen fin de semana. ojo con las mochilas y elijan bien los objetivos. no vaya a ser que vayan por lana y terminen esquilados. se los digo por experiencia.



martes, 26 de junio de 2012

de trenes, museos y tortas

que en estos atribulados tiempos de los ferrocarriles argentinos se haya elegido como costumbre su uso como medio de transporte para el paseo dominical, habla de, al menos, cierta temeridad.

como todo viaje domincal o sabático tiene como condimento la necesidad de un picnic obligado, que incluye sanguchitos en un taper, sendas botellas de agua y algo para el postre. se puede agregar un consabido repasador, depende de quién prepare qué. 


se puede visitar el Museo de La Plata, tomando en constitución el ramal del Roca a La Plata. la conocida y estricta etiqueta implicaba que ir a tal museo obligaba a usar la remera de Lucy. se puede ir a los servicios del mismo museo y al entrar que suene "Por tu amor" cantado por la reina (SM). quien se queja de la falta de inversión del estado en cultura no sabe que los baños de los museos tienen música personalizada. 


destino turístico masivo Tigre, a través de no menos turístico Tren de la costa, previa parada en San Isidro -gorda- y al puerto de frutos. So trillado, pero que le vamos a hacer, me gustan las chucherías.  se puede volver en tren con un espejo grande (?) y la mochila llena de cosas.
se puede tomar, para finalmente llegar a destino, un colectivo y quien te ceda el asiento por lástima ya que parecés un ekeko, sea una señorita. puede ser que estás tan ocupada en ordenar las cosas para que no se caigan/molesten a un pasajero que cuando levantes la vista para agradecerle a la señorita, esta te mire y en el gesto más chongo de los chongos, te guiñe el ojo. puede ser que pasen estas cosas. -la señorita en cuestión iba con su también señorita novia-.

cosas que pasan mientras te das cuenta que tu simpatía futbolística volvió a primera y que la lucha por ese ascenso es la mejor de todas las metáforas que vos puedas imaginar.

viernes, 15 de junio de 2012

Bugapack 24

hace muchos años, el 19 de diciembre de 2001, entré a un negocio de ropa deportiva ubicado sobre Av de Mayo. A unas cuadras nomás, empezaba de nuevo a juntarse la gente, gente que había sido echada de la Plaza y que se concentraría nuevamente con sus cacerolas y su enojo (diferente del que flamea hoy en día). 
entré y había colgada una mochila Columbia Bugapack 24 litros, pregunté el precio y me dijeron 40 pesos. La compré y desde ese momento, hasta el día que me la robaron 4 años después, la amé. Todos mis amigos sabían lo que yo quería a mi mochila, era mi caparazón. Mi mochila tenía todo lo que yo necesitaba para moverme, para vivir. Amaba esa mochila, tanto, que años después, en un congreso en Rio Cuarto vi a unos chicos que tenían esa mochila y durante varios minutos pensé en robarla. 
Esa mochila es, sin duda alguna, una buena mochila. Los cierres no se habían roto, las costuras estaban intactas, no se había descosido. Din duda, habríamos durado juntas mucho tiempo más. Las cosas no se dieron así, pero es el día de hoy que aun mido a mis mochilas con la vara de la Columbia (encontré un modelo, de otra marcar que se le parece mucho, aunque con detalles mejorados). Mi mochila siguiente fue una Montange, que como todos sabemos, pasan sin pena ni gloria. Antes Montange hacía buenas cosas, ahora no tanto. No son confiables. Pero se la bancó, esa mochila, se bancó y se sigue bancando muchas cosas. 
En el año de mi primera campaña a Ushuaia me compre otra mochila que es la que tengo hoy por hoy: una Salomon de 24 litros mentirosos, que es muy cómoda, muy buena y resistente. Llevamos juntas tres años y no tiene un atisbo de rotura. Es una buena mochila. 
Anoche soñe que me la robaban, de mi vista, trataba de buscar al que lo había hecho y no lo encontraba. Desesperación y tristeza. Darme cuenta de todas las cosas que llevo en ella, que no las tengo más. Eso es lo que me duele de mi mochila, perder cosas valiosas. 
Me levanté triste. Vi a mi mochila sobre el puf y me tranquilicé. Hay pocas cosas que me pongan tan mal como perder mi mochila. Creo que mi espíritu nómade reside en ella. Que si tengo una buena mochila, la recargo y salgo, voy a donde quiera. 
Pero mis sueños me generan angustia. No quiero que mi mochila se ponga celosa de como estuve mirando a la Outside de 23 litros. Quiero que sepa que me gustan sus detalles, los elestiquitos para sostener las correas, su buena espaldera y su cinto ancho para darle balance a la mochila. 
Quiero que lo sepa y así decide quedarse conmigo. Porque tengo esa idea primitiva y animista de que las mochilas deciden quedarse con una. Espero que las cosas que tienen adentro sigan estando conmigo. 

Para aquellos que tengan dudas: mi relación con las mochilas es fraterna, no perversa. Mis amigos han sido testigos de que las pongo sobre las sillas, las cuido y las trato como si fueran una parte de mi. No me doy cuenta, solo sé que me gustan y lo hago. Cuando me robaron la otra, mi amiga L me llamó compungida: sabía como me sentía y no quería que hiciera una locura. Esa es la relación que tengo con mis mochilas. Psicología al palo!

lunes, 4 de junio de 2012

consecuencias no intencionadas

pensaba mientras viajaba en el subte A el otro día, en uno de esos vagones viejos y hermosos de madera que tienen 90 años. pensaba, decía en que muchas cosas han sido hechas sin pensar que harían muchas otras cosas más en el futuro. aquellas que inicialmente no estaban pensadas para eso. 
en esos vagones que estaban hechos para durar para siempre, pero que seguro que sus fabricantes imaginaban que serían reemplazados por el progreso. porque los que hicieron eso eran hombres de principio de siglo XX y ellos pensaban, creían y adoraban el progreso del hierro, la electricidad; lo mismo que sus abuelos habían creído del vapor y las hilanderías y la mar en coche. 
pensaba en esos coches y el bronce y el cobre que tienen. en el hierro de sus vías.
y pensaba en esa gente que hace 7 mil años, hace 5 mil años, hace 3 mil años, encontró el cobre y empezó a hacer sus herramientas, sus adornos y sus armas con esos nuevos metales, que eran más duros que la cerámica y la piedra. y luego, encontraron como fundir y hacerlos aún mejores. 
y esos tipos querían solo mejores azadas, pulseras y espadas. mejores escudos. 
y por esos tipos, por las consecuencias no intencionadas de una acción (como dice Guiddens) es que yo ahora puedo viajar en un subte de 90 años y escribo en una computadora que tiene conexiones y chips hechos con con cobre y oro. 
de cómo se puede empezar con cualquier cosa y llegar a esto. pero siempre se puede empezar con cualquier cosa. se debe empezar con cualquier cosa.