miércoles, 15 de julio de 2009

patio de juegos


La técnica consistía en citarse vagamente en un barrio a cierta hora. Les gustaba desafiar el peligro de no encontrarse, de pasar el día solos, enfurruñados en un café o en un banco de plaza, leyendo-un-libro-más. La teoría del libro-más era de Oliveira, y la Maga la había aceptado por pura ósmosis. En realidad para ella casi todos los libros eran libros-menos, hubiese querido llenarse de una inmensa sed y durante un tiempo infinito (calculable entre tres y cinco años) leer la opera omnia de Goethe, Homero, Dylan Thomas, Mauriac, Faulkner, Baudelaire, Roberto Arlt, San Agustín y otros autores cuyos nombres la sobresaltaban en las conversaciones del Club. A eso Oliveira respondía con un desdeñoso encogerse de hombros, y hablaba de las deformaciones rioplatenses, de una raza de lectores fulltime, de bibliotecas pululantes de marisabidillas infieles al sol y al amor, de casas donde el olor a tinta de la imprenta acababa con la alegría del ajo. En esos tiempos leía poco, ocupadísimo en mirar árboles, los piolines que encontraba por el suelo, las amarillas películas de la Cinemateca y las mujeres del barrio latino. Sus vagas tendencias intelectuales se resolvían en meditaciones sin provecho y cuando la Maga le pedía ayuda, una fecha o una explicación, las proporcionaba sin ganas, como algo inútil. "Pero es que vos ya lo sabes", decía la Maga, resentida. Entonces él se tomaba el trabajo de enseñarle la diferencia entre conocer y saber, y le proponía ejercicios de indagación individual que la Maga no cumplía y que la desesperaban.

De acuerdo en que en ese terreno no lo estarían nunca, se citaban por ahí y casi siempre se encontraban. Los encuentros eran a veces tan increíbles que Oliveira se planteaba una vez más el problema de las probabilidades y le daba vueltas por todos lados, desconfiadamente. No podía ser que la Maga decidiera doblar en esa esquina de la rue de Vaugirard exactamente en el momento en que él, cinco cuadras más abajo, renunciaba a subir por la rue de Buci y se orientaba hacia la rue Monsieur le Prince sin razón alguna, dejándose llevar hasta distinguirla de golpe, parada delante de una vidriera, absorta en la contemplación de un mono embalsamado. Sentados en un café reconstruían minuciosamente los itinerarios, los bruscos cambios, procurando explicarlos telepáticamente, fracasando siempre, y sin embargo se habían encontrado en pleno laberinto de calles, casi siempre acababan por encontrarse y se reían como locos, seguros de un poder que los enriquecía. A Oliveira le fascinaban las sinrazones de la Maga, su tranquilo desprecio por los cálculos más elementales. Lo que para él había sido análisis de probabilidades, elección o simplemente confianza en la rabdomancia ambulatoria, se volvía para ella simple fatalidad. "¿Y si no me hubieras encontrado?", le preguntaba. "No sé, ya ves que estás aquí..." Inexplicablemente la respuesta invalidaba la pregunta, mostraba sus adocenados resortes lógicos. Después de eso Oliveira se sentía más capaz de luchar contra sus prejuicios bibliotecarios, y paradójicamente la Maga se rebelaba contra su desprecio hacia los conocimientos escolares. Así andaban, Punch and Judy, atrayéndose y rechazándose como hace falta si no se quiere que el amor termine en cromo o en romanza sin palabras. Pero el amor, esa palabra...

Rayuela. Capítulo 6. Julio Cortazar.

16 comentarios:

Anónimo dijo...

Siempre me identifiqué con La maga Lucia... Uno de mis tantos pseudónimos de blog con que la seguí.
Muy lindo esto que subió...

talita dijo...

Ana: ahh mire ud!. no, yo siempre sentí que era talita, aunque hubo veces que pensé que era horacio y las menos, traveler.
que decir, tal vez ahora sea Elisewin.
salutes

Veronica dijo...

Este pasaje es precioso. Como en todos los trayectos de Rayuela, es casi imposible imaginárselos perdiéndose y encontrándose.

Besos.

Anónimo dijo...

Y bueno, pero ambas se complementaban no? Talita y la maga...

Grieguis dijo...

Siempre me encanto ese capitulo, en estos dias leo "Papeles inesperados" y me entraron unas ganas de volver a Rayuela que ni le cuento!!!

Te espero en mi blog para recibir un premio.

Abrazo
Ale

Anónimo dijo...

Cómo saber si una mujer es para mi... Le pregunto: sabés quién es Atalía Donosi? Si no sabe, no hay nada más que hablar...jajaja...
Besos...

talita dijo...

Verónica: contamos con el azar y nos aferramos a él. lo peor que puede pasar es quedárnos enfurruñados leyendo un buen libro en un cafe. por eso, siempre llevo uno en mi mochila. coincido con ud. el capítulo 6 es bellísimo.
salutes
Ana: para mi son opuestos complementarios. pero yo elegí a talita que será lo que la maga nunca podrá ser. que cada maga se encuentre a su horacio.
Ale: ya memsmo le voy! esta semana lo compro, es que anduve apuradísima!
salutes

Pili (Como Cher...) dijo...

Se ve que a mucha gente a llamado la atención ese capítulo, me incluyo. Justamente el otro día hablaba con unas amigas sobre el tema y siempre me imaginé más cerca de Oliveira que de La Maga o que de cualquier otro personaje, yo se que no habla bien de mí, pero si creo que soy Oliveira, es más La Maga siempre me cayó mal (perdón mi subjetividad y poca prosa de crítica literaria)
Saludos.

talita dijo...

Pili: si coincido plenamente. yo le tengo desconfianza a la maga, pero en mi primera lectura de Rayuela soñaba con ser un Oliveira cualquiera y encontrar a mi maga... después me di cuenta que Oliveira la dejó ir y que la maga se fue. por lo que me pareció que querer ser horacio se parecí más a querer ser un personaje que a la realidad. por otro lado, está el capitulo 90 que prontamente pondré y que es en que se podría decir yo más me parezco a horacio. pero sólo en un pasaje pequeño...
salutes

Anónimo dijo...

HOLA!

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SALUDOS!

talita dijo...

LesBlogs: muchas gracias es un honor!

Caro dijo...

El pasaje buenísimo. Y lo que acabo de escribir es una obviedad sabiendo que es de la pluma de Cortázar.
Saludos

talita dijo...

Caro: ese es genial. sin duda!
salutes

La Oveja dijo...

lo que ud no sabe es que ella y yo siempre hemos sido muy asi.

por un monton de cuestiones que no vienen al caso, ella no tiene celular y no creo que vuelva a tener y su respuesta ante mis replicas es un "para qué, si nos encontramos igual"

talita dijo...

Oveja: no, no lo sé. pero por eso mismo, porque han sido han sido así es una de las razones que intuyo las deben hacer más felices. grato es cuando la realidad supera estas ficciones.
salutes

talita dijo...

A IV.
Hundido