
"Queda absolutamente claro que ni el mundo del niño, ni el del primitvo, ni el del enfermo, ni, con mayor razón, el del animal, en la medida que podemos reconstruirlo a través de su conducta, constituyen sistemas coherentes y que, por el contrario, el del hombre sano adulto y civilizado se esfuerza hacia esa coherencia. Pero el punto escencial es que no la posee, que dicha coherencia sigue siendo una idea o un límite jamás alcanzado de hecho, y que, por consiguiente, lo "normal" no puede cerrarse sobre sí, debe preocuparse por comprender anomalías de las que nunca está totalmente excento. Esta invitado a examinarse sin indulgencia, a re descubrir en sí mismo todo tipo de fantasias, ensoñaciones, condúctas mágicas, fenómenos oscuros, que permanecen omnipotentes en su vida privada y pública, en sus relaciones con los otros hombres, que hasta dejan en su conocimiento de la naturaleza, todo tipo de lagunas por las que se insiúa la poesía. El pensamiento adulto, normal y civilizado vale más que el infantil, mórbido o bárbaro pero con una condición, y es que no se considere como pensamiento de derecho divino, que se mida más honestamente con las oscuridades y dificultades de la vida humana, que no pierda contacto con las raíces irracionales de esta vida y que, por último, que la razón reconozca que también su mundo está inconcluso, que no finja haber superado lo que se limitó a ocultar y no tome como indiscutibles una civilización y un conocimiento cuya función más alta, por el contrario, es la impugnación"Podría hablar a partir de este fragmente de los conceptos de normalidad. Pero no. Porque hoy me voy a detener en algo diferente. Hace un tiempo, hice mi tesis de licenciatura con un tema que era novedoso, tan novedoso que no tenía antecedentes que citar. Era lo que se dice, original. Lo que me proponía averiguar era si a través de la fotografía era posible entender y dilucidar los patrones de visión del mundo de aquellos que las habían tomado. Trataba de comprobar la frase de Barthes sobre el mensaje fotográfico como analogon perfecto de la realidad y la fotografía como un recorte del mundo en el que esa realidad era reproducida. La fotografía retrataba la realidad porque, en un movimiento tautológico, la fotografía respondía a las manera en que se suponía que la realidad debía ser retratada. Cualquiera de las imágenes que se obtubieran y que no respondíeran a las leyes de la ortometría y la perspectiva clásica eran descartadas como irreales.
Al ser una tesis de arqueología, trabajé con las fotografías de dos maneras: una, como cultura material, es decir como objetos producidos por el hombre y dos, como objetos en los que era posible intentar dilucidar cierta perspectiva y visión del mundo. En este caso en particular, los hombres que sacaron esas fotografías eran hombres educados a fines del siglo XIX y principios del XX. Eran positivistas, liberales, anticlericales. Eran empíricos, y sin embargo, en sus trabajos escritos se dibuja una poesía que los textos académicos actuales han perdido. Románticos para la ciencia siglo XXI, ellos fueron los pioneros de los primeros trabajos arqueológicos en el Norte de Argentina.
No creo que el trabajo que hice esté acabado, muchos podrán decir que saqué mal las conclusiones. Pero hay algo que es indicutible: las fotografías sí funcionan como un recorte del mundo, tanto para el que la toma, como para el que la observa.
La impugnación de una imagen por sobre otra, el triunfo de una forma de ver por sobre otras, en un mundo en que la crítica esta subvaluada. Creo que si hay algo de verdad en la cita arriba tomada es que la razón debe siempre comprender que nunca está acabada, que es, fundamentalmente, inconclusa.
No perder el contacto con la poesía ni con lo irracional, es lo que nos salvará de caer en una ciencia vacía, tautológica y repetitiva. En las grietas de la razón es en donde se encuentra la belleza y la poesía, como creación, es lo que permite ampliar la plataforma en donde la razón se asienta. Tal y como los antiguos, la razón no debe olvidarse que se apoya sobre cuatro elefantes, en un mundo que en cualquier momento se le vuelve redondo.
Fotografía: F 15 C 278. Archivo fotográfico y documental Museo Etnográfico FFyL UBA.
Texto: Maurice Merlau-Ponty El mundo de la percepción
2 comentarios:
La fotografía da para hablar y mucho. Siendo un lenguaje y un arte - todo eso con una técnica -. Se captura y expone la realidad visual.
Todo aquello corriente, cotidiano, se convierte en "un algo" fascinante al mirarse desde una óptica personal. Y como bien dijo Ud., una mírada de aquel q' toma la fotografía, como de aquel q' la observa; y no siempre coincidentes.
Siendo un arte moderno (es ese, el término?) nos ha permitido retener momentos únicos, expresiones y situaciones, y todo eso con una carga de belleza y de significado, q' nos hace ver q' con algo tan técnico, Uno puede expresarse poéticamente.
Perdón por mi delirio, pero el tema me "puede". Amo la fotografía y no todos poseemos ese "ojo" fotográfico...
Saúdos.
Artus: creo que la fotografía tuvo la capacidad de sublevar más de una cosa. creo que no es un arte "menor", creo que es un arte en toda su expresión, es por eso que desconfío de la realidad fotográfica.
salutes
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