
domingo al mediodía.
nos juntamos con L, una amiga-hermana con la que compartimos, entre muchas otras cosas, nuestra pasión y profesión: la arqueología.
ella tiene que escribir un artículo, yo tengo que corregir uno. ambas nos encontramos taradas. después de almorzar, después de un cafe y charla, cada una en su notebook, se dispone a adentrarse en ese universo particular que significa escribir un artículo científico. cada tanto, una alza la voz para pedir ayuda sobre un párrafo que no sale o un comentario nimio sobre algo que le disparó. L se levanta varias veces a anotar en su mapa desplegado en el living un dato novedoso.
ambas trabajamos de esto y ambas amamos lo que hacemos.
trabajamos hasta la hora de la cena. ella me propone quedarme, así cuando llego a casa sólo me queda acostarme. acepto.
terminamos de cenar y nos vamos al living a fumar un cigarrillo antes de mi partida.
en el centro del living esta su nargile. el nargile es una pipa de origen árabe (para ser amplia, digamos cercano oriente). usa agua y tiene una, o más, magueritas con la que se aspira el humo del tabaco cocinado.
esa noche no fumamos en narguile. sin embargo, me quedé un largo rato mirando el artefacto de fumar.
-¿vos mirás cómo arqueóloga?
-si, todo el tiempo. me quema la cabeza, hay veces que es muy doloroso. ¿entendes?.
-si, te entiendo. no paro de prestar atención a los objetos, a la arquitectura, a la forma y disposición en que colocamos las cosas o nos dejamos colocar. las colas de los bancos, una casa demolida que aun tiene las marcas en la medianera de las habitaciones.
-si, hay veces que no me gustaría pensar asi, como desenchufarme.
-lo pensaba en relación a tu narguile, porque fijate como las cosas nos dicen sobre las sociedades que las producen.
el narguile es un instrumento para fumar. pero nada en él nos informa sobre una adicción. en todo caso, sus formas y sobre todo su tamaño, tienen que ver con un consumo ritual y sensual del tabaco. en un ámbito tranquilo. no es un objeto portable, no se puede ir con él para todos lados. tenés uno, pero lo tenés en tu casa, en tu carpa de beduino, pero no salís con tu narguile puesto a todos lados.
todo lo relacionado al narguile se me presenta como asociado a la sensualidad, al placer y al disfrute del tabaco.
examinemos los cigarrillos de hoy. son pequeños, vienen en paquetes portables. son fáciles de prender, de consumir y son baratos (relativamente). el cigarrillo, como objeto, es algo portable, desechable, consumible rapidamente. no nocesita más ritual que el de un encendedor. claro, hay cigarrillos y cigarrillos, pero la idea de cigarrillo es el consumo masivo. y el consumo masivo es adicción. en el objeto mismo del cigarrillo (y eso que aquí no pienso en algo tan elemental como la publicidad asociada a su consumo) se convierte en la posibilidad de la adicción. ya no más el perezoso armado de un tabaco, no, ahora listo, tira una del piolín y ya tiene el cigarrillo para consumir.
como dijo sigmund, hay veces que una lapicera es sólo una lapicera. pero cuando una empieza a pensar en cómo los objetos permiten la existencia de un mundo y participan de nuestro ser-en-el-mundo, al tiempo que lo construyen, una no deja de pensar nunca en eso. una vez captada la manera en que los objetos nos construyen y nosotros los construímos a ellos, entendemos un poco la frase que citaba el otro día de Merleau-Ponty, "no estamos solos, los hombres, en el mundo".
pensar cómo arqueólogo implica pensar muchas cosas que tienen que ver con la materialidad y en cómo esa materialidad nos interpela continuamente.
siempre que paso por plaza de mayo pienso en las vallas puestas al costado, siempre listas para cerrar el paso. siempre pienso en eso, desde el 2001. creo que una puede saber mucho de un pueblo, sin preguntar una sola cosa, si empieza a prestarle atención a como estan dispuestas sus plazas y espacios públicos. que la plaza en la que muchos argentinos se supieron congregar esta preparada, lista ya! con vallas habla muy mal de la capacidad de gobierno de los que fueron elegidos para esas funciones y habla muy mal de nuestra propia capacidad para elegirlos.
una plaza pública cerrada con rejas, que gran paradoja. ¿a quién dejamos entrar o quién no queremos que salga?.
nos juntamos con L, una amiga-hermana con la que compartimos, entre muchas otras cosas, nuestra pasión y profesión: la arqueología.
ella tiene que escribir un artículo, yo tengo que corregir uno. ambas nos encontramos taradas. después de almorzar, después de un cafe y charla, cada una en su notebook, se dispone a adentrarse en ese universo particular que significa escribir un artículo científico. cada tanto, una alza la voz para pedir ayuda sobre un párrafo que no sale o un comentario nimio sobre algo que le disparó. L se levanta varias veces a anotar en su mapa desplegado en el living un dato novedoso.
ambas trabajamos de esto y ambas amamos lo que hacemos.
trabajamos hasta la hora de la cena. ella me propone quedarme, así cuando llego a casa sólo me queda acostarme. acepto.
terminamos de cenar y nos vamos al living a fumar un cigarrillo antes de mi partida.
en el centro del living esta su nargile. el nargile es una pipa de origen árabe (para ser amplia, digamos cercano oriente). usa agua y tiene una, o más, magueritas con la que se aspira el humo del tabaco cocinado.
esa noche no fumamos en narguile. sin embargo, me quedé un largo rato mirando el artefacto de fumar.
-¿vos mirás cómo arqueóloga?
-si, todo el tiempo. me quema la cabeza, hay veces que es muy doloroso. ¿entendes?.
-si, te entiendo. no paro de prestar atención a los objetos, a la arquitectura, a la forma y disposición en que colocamos las cosas o nos dejamos colocar. las colas de los bancos, una casa demolida que aun tiene las marcas en la medianera de las habitaciones.
-si, hay veces que no me gustaría pensar asi, como desenchufarme.
-lo pensaba en relación a tu narguile, porque fijate como las cosas nos dicen sobre las sociedades que las producen.
el narguile es un instrumento para fumar. pero nada en él nos informa sobre una adicción. en todo caso, sus formas y sobre todo su tamaño, tienen que ver con un consumo ritual y sensual del tabaco. en un ámbito tranquilo. no es un objeto portable, no se puede ir con él para todos lados. tenés uno, pero lo tenés en tu casa, en tu carpa de beduino, pero no salís con tu narguile puesto a todos lados.
todo lo relacionado al narguile se me presenta como asociado a la sensualidad, al placer y al disfrute del tabaco.
examinemos los cigarrillos de hoy. son pequeños, vienen en paquetes portables. son fáciles de prender, de consumir y son baratos (relativamente). el cigarrillo, como objeto, es algo portable, desechable, consumible rapidamente. no nocesita más ritual que el de un encendedor. claro, hay cigarrillos y cigarrillos, pero la idea de cigarrillo es el consumo masivo. y el consumo masivo es adicción. en el objeto mismo del cigarrillo (y eso que aquí no pienso en algo tan elemental como la publicidad asociada a su consumo) se convierte en la posibilidad de la adicción. ya no más el perezoso armado de un tabaco, no, ahora listo, tira una del piolín y ya tiene el cigarrillo para consumir.
como dijo sigmund, hay veces que una lapicera es sólo una lapicera. pero cuando una empieza a pensar en cómo los objetos permiten la existencia de un mundo y participan de nuestro ser-en-el-mundo, al tiempo que lo construyen, una no deja de pensar nunca en eso. una vez captada la manera en que los objetos nos construyen y nosotros los construímos a ellos, entendemos un poco la frase que citaba el otro día de Merleau-Ponty, "no estamos solos, los hombres, en el mundo".
pensar cómo arqueólogo implica pensar muchas cosas que tienen que ver con la materialidad y en cómo esa materialidad nos interpela continuamente.
siempre que paso por plaza de mayo pienso en las vallas puestas al costado, siempre listas para cerrar el paso. siempre pienso en eso, desde el 2001. creo que una puede saber mucho de un pueblo, sin preguntar una sola cosa, si empieza a prestarle atención a como estan dispuestas sus plazas y espacios públicos. que la plaza en la que muchos argentinos se supieron congregar esta preparada, lista ya! con vallas habla muy mal de la capacidad de gobierno de los que fueron elegidos para esas funciones y habla muy mal de nuestra propia capacidad para elegirlos.
una plaza pública cerrada con rejas, que gran paradoja. ¿a quién dejamos entrar o quién no queremos que salga?.
15 comentarios:
Comparto esa idea, todo lo material que nos rodea es creado por seres humanos lo cual puede hablar bien o mal de nuestras capacidades aunado a que refleja la realidad de nuestro ser, de lo que esta lleno nuestro interior e intelecto.
Pao
Pao: creo que los objetos hablan tanto de quien los posee, como de quien los hace. Los objetos hablan de nosotros y nosostros hablamos de los objetos.
salutes
Los objetos se manifiestan en forma y contenido. La forma es la existencia material del objeto y su contenido es la manera en que se relaciona con el exterior (tanto lo que pretende comunicar como la interpretación que cada uno le da al objeto en cuestión). Asimismo forma y contenido interactuán para que el mensaje pueda ser decodificado de la manera prevista (puede fallar)
Saludos
creo que a todos nos pasa lo mismo desde nuestra profesiòn, desarrollamos ese anàlisis desde la perspectiva que nos mueve en este mundo, me ha fascinado el anàlisis que realiza sobre los objetos, lo pondrè en pràctica, un abrazote!
Un narguile, qué envidia, quién pudiera.
No viene a cuento, o sí, hace un par de años me contaron que Siria es el principal comprador de yerba mate de la Argentina. No "ceban" el mate, no usan mates, creo que usan un recipiente de vidrio, cada quien tiene el propio, y se sirve de una "pava" común.
Pipas y habanos: hay que saber, efectivamente.
Elegir el tabaco, cargarlo suficientemente, pisarlo, encenderlo, mantenerlo encendido.
Saber cortar el habano, testear el aroma y el entramado de las hojas, girar lentamente para que se encienda parejo, mantenerlo prendido.
Hay que saber, hay que saber...
Vallas y candados.
Bien mirado, excelente.
Caro: ud hace un muy buen análisis de cómo los objetos comunican y nos permiten comunicar mensajes. sin ser interpretativista (dios me libre), creo que al hacer y habitar los objetos, nosotros nos hacemos y dejamos que nos habiten. de ésta manera, podemos pensar que somos lo que somos, porque siempre somos nosotros (nosotros y nosotros-objetos)
salutes
Merly: hágalo, piense como se mueve, como usa lo que usa y que técnicas corporales aplica, vea los resultados y se sorprenderá de muchas cosas.
Naifa: como siempre un placer. es increíble como el tabaco, en su acepción más hedonista está tan lejos de la adicción mecánica de los cigarrillos. Fumar, beber, son placeres a los que se le debe dedicar un muy buen tiempo, si quiere una que sigan siendo placeres.
salutes
Casi toda reja en sí misma es una pena de observar. Cada vez que veo una casa con rejas por todos lados me enoja.
Besos
Erica: pichona, que bueno que pase por aqui. la extraño. le dejo un beso y que si, que las casas con rejas enojan!!!
salutes
Con todo gusto lo harè y le platico, gracias!!! un abrazote!!
María, hola. Bienvenida, lo sé. Sobre el narguile que reposa en mi living y la vida misma. Que el tabaco se cocine ahí húmedo, debajo del carbón, llenándose la casa de olor agradable. Que la manguera deba ser puesta nuevamente en el narguile y recién después pueda otro agarrarla. Que sea mal visto que un fumador apure a otro, cada uno debe tomarse su tiempo, para disfrutar, saborear. Que puedas inventar y ponerle miel, por ejemplo. Disfruto de pensar lo mágico que hay en todo esto mientras me fumo un philips morris y acepto la contradicción de mi existencia en este mundo en el que me toco nacer. Salud!
Bueno, me extrañás virtualmente, pero no podés negar que cada tanto nos vemos la cara, así que no llore, niña!
Beso
Pastora: querida amiga, aqui no vive María, solo talita, una pequeña arqueóloga que ud conoce bajo el mote de Don Zoilo. Y lo que uste dice, con razón la apoyo mientras me fumo mi pillip.
te queiro nena, mucho.
no hace falta ser arqueólogo para poder observar e inferir relaciones, sólo se necesita tener el cerebro en ON
Querida marga: es cierto no hace falta ser arqueólogo. Sin embargo, creo que una profesión, un modo de vida o lo que sea, hace que uno mire las cosas de determinada manera...
aunque ud bien lo dice, hay que tener el cerebro en ON.
salutes
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