
de los cazadores recolectores siempre se pensó que eran autosuficientes. cada individuo sabía hacer las cosas necesarias para subsistir, tallar la piedra, confeccionar los astiles de sus flechas, sus arcos, sus prendas. eran todos hábiles cazadores de todas las presas disponibles en un ambiente.
la realidad demostró que esta concepción casi individualista, económica, racional y occidental de la vida de los cazadores y recolectores era ligeramente diferente.
cierto es, que los cazadores necesitaban saber hacer todas esas cosas en orden de valerse en el mundo que habitaban. pero eso no los convertía en eximios artistas en todos los campos.
todo lo contrario, los buenos artistas en la confección de arcos, astiles o los exelsos talladores eran tenidos en gran estima. los grandes cazadores, aquellos de la flecha certera eran apreciados por sus pares, siempre alabados en las historias que se contaban alrededor del fuego.
pequeños intercambios se establecían en el boca a boca. quienes sabían que tal era un artesano del arco, se acercaban a visitarlo e intercambiaban pigmentos, puntas de proyectil o pieles de animales por un arco bien confeccionado.
los talladores eran también apreciados. porque no todos tenían la misma habilidad para sacar de una roca una punta para un cabezal de proyectil.
es así que también nosotras no somos tan hábiles en todos los campos. hay quienes son buenas talladoras de materiales expeditivos y en un abrir de ojos se van con el producto. hay quienes apelan al intercambio de información y bienes con tal de acceder a una materia prima de exquisita calidad.
pero hay quienes carecen de los dones de la oratoria rápida, de la capacidad de regatear o legar las pieles de un fino zorro a cambio de productos exquisitos de pedernal.
su lenta tarea consiste en caminar hasta la cantera, escoger la roca, formatear el núcleo, extraer una lasca y, lentamente, darle la forma a las aletas, al pedúnculo, a los laterales. caminar al bosque, elegir la rama de canelo adecuada, ponerla a secar en el fogón, alisarla con el alisador, hacerle las pequeñas endijas y preparar el betún para asegural el cabezal. preparar las plumas y cortarlas para darle dirección y estabilidad. de otro árbol, extraer madera para el arco, la cual irá curvando con mucha paciencia. preparará luego los tendones para tensar la cuerda y el cuero para el carcaj.
una vez preparado esto, una vez que el tool kit está listo, se adentran en el bosque. estos cazadores son lentos, menos prolíficos que los demás. quizás más certeros, pero menos famosos. gustan de tomarse sus tiempos y mientras la carne del último guanaco se asa en las brasas del fogón toman otra lasca del núcleo para recomenzar la eterna tarea de formar el tandem entre el arco, la flecha y su presa.
hay quienes piensan que en la eterna caza de este cazador se encuentra su ruina. hay quienes saben, los pocos, que algunos de estos cazadores cazan siempre el mismo guanaco, en cada una de sus partidas. ellos son los que intuyen que el juego siempre es de los que se disponen a jugar con tan solo lo poco que le han dado y que hay sólo una presa que puede ser alcanzada por su proyectil. y que, al mismo tiempo, desea serlo.
Quod natura non dat, Salmantica non praestat
la realidad demostró que esta concepción casi individualista, económica, racional y occidental de la vida de los cazadores y recolectores era ligeramente diferente.
cierto es, que los cazadores necesitaban saber hacer todas esas cosas en orden de valerse en el mundo que habitaban. pero eso no los convertía en eximios artistas en todos los campos.
todo lo contrario, los buenos artistas en la confección de arcos, astiles o los exelsos talladores eran tenidos en gran estima. los grandes cazadores, aquellos de la flecha certera eran apreciados por sus pares, siempre alabados en las historias que se contaban alrededor del fuego.
pequeños intercambios se establecían en el boca a boca. quienes sabían que tal era un artesano del arco, se acercaban a visitarlo e intercambiaban pigmentos, puntas de proyectil o pieles de animales por un arco bien confeccionado.
los talladores eran también apreciados. porque no todos tenían la misma habilidad para sacar de una roca una punta para un cabezal de proyectil.
es así que también nosotras no somos tan hábiles en todos los campos. hay quienes son buenas talladoras de materiales expeditivos y en un abrir de ojos se van con el producto. hay quienes apelan al intercambio de información y bienes con tal de acceder a una materia prima de exquisita calidad.
pero hay quienes carecen de los dones de la oratoria rápida, de la capacidad de regatear o legar las pieles de un fino zorro a cambio de productos exquisitos de pedernal.
su lenta tarea consiste en caminar hasta la cantera, escoger la roca, formatear el núcleo, extraer una lasca y, lentamente, darle la forma a las aletas, al pedúnculo, a los laterales. caminar al bosque, elegir la rama de canelo adecuada, ponerla a secar en el fogón, alisarla con el alisador, hacerle las pequeñas endijas y preparar el betún para asegural el cabezal. preparar las plumas y cortarlas para darle dirección y estabilidad. de otro árbol, extraer madera para el arco, la cual irá curvando con mucha paciencia. preparará luego los tendones para tensar la cuerda y el cuero para el carcaj.
una vez preparado esto, una vez que el tool kit está listo, se adentran en el bosque. estos cazadores son lentos, menos prolíficos que los demás. quizás más certeros, pero menos famosos. gustan de tomarse sus tiempos y mientras la carne del último guanaco se asa en las brasas del fogón toman otra lasca del núcleo para recomenzar la eterna tarea de formar el tandem entre el arco, la flecha y su presa.
hay quienes piensan que en la eterna caza de este cazador se encuentra su ruina. hay quienes saben, los pocos, que algunos de estos cazadores cazan siempre el mismo guanaco, en cada una de sus partidas. ellos son los que intuyen que el juego siempre es de los que se disponen a jugar con tan solo lo poco que le han dado y que hay sólo una presa que puede ser alcanzada por su proyectil. y que, al mismo tiempo, desea serlo.
Quod natura non dat, Salmantica non praestat
5 comentarios:
o en criollo, viva el long play, abajo el SMS. Tortas unidas contra el chamuyo líquido.
He dicho.
Nadim: no tengo la astucia de la frase dicha a tiempo y con justeza.
lo mio es de tejedora consumada.
casi como esas mantas de lana que una aprecia con el tiempo...
saludos
hay cazadores que no pueden mucho más que basar su estrategia en el cansancio de la presa... como ya he dicho se come poco, pero suficiente para seguir jugando.
saludos
Ana
pd: creo que mis rasgos están ligeramente aguanacados?
Siempre que leo "cazadores recolectores" en este blog pienso en el Age of Empires.
Ana: si bien esa es una estrategia de caza, no digo que sea la empleada aquí... no la conozco como para decir que ud es ese tipo de presa...
raro no? colocarse en el lugar de cazada y no de cazadora...
saludos
siciliana: jajajaja, si si, me imagino que debe ser la mejor forma de ponerle imagen a un concepto algo vago.
saludos
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