
los yámana tenían un sistema educativo consetuidinario muy firme.
imponían desde pequeños una separación sexual entre varones y mujeres a partir de cierta edad.
después de los 4 años aproximadamente, separaban en la crianza a los varones de las mujeres. los varones pasaban a la órbita del padre mientras que las mujeres aprendían de sus madres todo lo relacionado con sus actividades.
en los juegos, los niños no solían jugar juntos, aunque había juegos compartidos.
como las familias nucleares viajaban separadas varias familias se juntaban muy de vez en cuando en alguna playa o por motivos de abundancia de algún recurso.
ahí los más pequeños se conocían, entablaban amistades y jugaban.
según Martín Gusinde, era en esos momentos en donde se comenzaban a forjar los amores entre hombres y mujeres. este etnólogo y prebítero que pasó con ellos dos años, en los momentos finales de la disolución cultural y étnica de los yámana estaba en contra de pensar que los matrimonios estaban arreglados.
él manifiesta que el amor surgía entre los jóvenes a temprana edad y se consolidaba a los largo de los repetidos encuentros entre las familias.
la costumbre marcaba que nunca los enamorados dirían a sus padres que lo estaba, ni que pretendían contraer matrimonio con alguien. los jóvenes yámana sentían un profundo respeto por sus padres y jamás se atrevían a hacerle un comentario al repecto.
a lo largo del tiempo todos se daban cuenta que una parejita de niños iba creciendo junta y que el afecto entre ellos era cada vez más grande.
cuando pasaban una cierta edad (luego que las mujeres tuvieran la menarca y pasaran por el ritual de chiejaus, los mismo que los hombres aunque a ellos se les sumaba el ritual del kina, el paso necesario para adultez) los muchachos iban haciendo entender cuáles eran sus intenciones pero de manera indirecta.
para ello contaban con aliados indíscutibles: su tío paterno indáruwa, para los varones, y su tía materna para las mujeres, yekaddabi. ellos les hacían la venia dicíendo en voz alta lo que ellos no podían decir. "oye, pasas mucho tiempo con esa/e muchacha/o, estaría bueno que formalizaras tu matrimonio", "esa/a muchacha/o es muy trabajador, sería una/un buena/buen esposa/o".
son ellos los que comienzan a cantar a viva voz el amor entre los jóvenes.
luego, una vez que le han preguntado a los chicos por sus intenciones, son los encargados de decírselo a los padres, que no son ni tontos ni ciegos, pero que mantienen el silencio.
luego de una charla en la choza entre los tíos y los padres, salen los primeros y dicen en voz alta: "a tu madre y a tu padre les parece muy correcto esa pareja para ti, es hora de ir preparando el matrimonio". luego, el muchacho le lleva un presente a la choza de los padres de su pretendida. si éste es aceptado, ya que para la muchacha ya ha hablado su yekaddabi, es que el matrimonio puede realizarse. este es el momento en que los dos jóvenes pueden pasar más tiempo juntos y a solas, pero no mucho, pues las tareas y el contínuo movimiento de las familias no les deja márgen.
son los tíos maternos y paternos los encargados de todo el ceremonial. son ellos los que comunican la noticia al resto del grupo y los que interceden por los jóvenes en caso de que el matrimonio sea resistido por alguno de los padres.
los tios maternos y maternos son los segundos padres, en caso de que los padres fallezcan durante la crianza de los niños, éstos los toman a cuidado. no existieron casos en que los niños fueran dejados son auxilio en caso de muerte parental.
estos "celestinos" yámana eran el nexo entre el respeto hacia los padres y la libertad de los hijos para elegir en matrimonio.
la proximidad de un matrimonio era simbolizada por la pintura facial en las muchachas y por el trabajo que el muchacho hacía para con sus suegros.
el yerno nunca le hablará de manera directa a su suegro, siempre tendrá por voz a su mujer que expresará los deseos de uno y otro. de esta manera, asumían el respeto y lugar que cada parte tenía en la relación.
generalmente, antes de la consumación del matrimonio, el padre del muchacho le ayudaba a construir una canoa para que pudiran autoabastecerse cuando se casaran. sin embargo durante un tiempo seguirían viviendo cerca de la familia del muchacho. la independencia final se lograba con la llegada del primer hijo.
no sé, pero me gusta la idea de que no decir de manera directa: "hola pa, hola ma, esta es mi novia". me cae simpática la idea de que la proximidad de las relaciones dieran por sentado que había cariño y afecto y que el ritual se simbolizara por medio de los tios.
y entre las chicas que gustan de las chicas, el ritual vuelve a repetirse. todas tenemos esas tías que dicen lo que a veces no nos atrevemos a decir. nuestras pequeñas celestinas. las que nos dan el visto bueno y nos ayudan a construir la choza. nos pintan la cara y nos dan el empujón.
Lapushunentsis y Tapakoloeli. fotografía Mission Scientifique Cap do Horn. 1880.
imponían desde pequeños una separación sexual entre varones y mujeres a partir de cierta edad.
después de los 4 años aproximadamente, separaban en la crianza a los varones de las mujeres. los varones pasaban a la órbita del padre mientras que las mujeres aprendían de sus madres todo lo relacionado con sus actividades.
en los juegos, los niños no solían jugar juntos, aunque había juegos compartidos.
como las familias nucleares viajaban separadas varias familias se juntaban muy de vez en cuando en alguna playa o por motivos de abundancia de algún recurso.
ahí los más pequeños se conocían, entablaban amistades y jugaban.
según Martín Gusinde, era en esos momentos en donde se comenzaban a forjar los amores entre hombres y mujeres. este etnólogo y prebítero que pasó con ellos dos años, en los momentos finales de la disolución cultural y étnica de los yámana estaba en contra de pensar que los matrimonios estaban arreglados.
él manifiesta que el amor surgía entre los jóvenes a temprana edad y se consolidaba a los largo de los repetidos encuentros entre las familias.
la costumbre marcaba que nunca los enamorados dirían a sus padres que lo estaba, ni que pretendían contraer matrimonio con alguien. los jóvenes yámana sentían un profundo respeto por sus padres y jamás se atrevían a hacerle un comentario al repecto.
a lo largo del tiempo todos se daban cuenta que una parejita de niños iba creciendo junta y que el afecto entre ellos era cada vez más grande.
cuando pasaban una cierta edad (luego que las mujeres tuvieran la menarca y pasaran por el ritual de chiejaus, los mismo que los hombres aunque a ellos se les sumaba el ritual del kina, el paso necesario para adultez) los muchachos iban haciendo entender cuáles eran sus intenciones pero de manera indirecta.
para ello contaban con aliados indíscutibles: su tío paterno indáruwa, para los varones, y su tía materna para las mujeres, yekaddabi. ellos les hacían la venia dicíendo en voz alta lo que ellos no podían decir. "oye, pasas mucho tiempo con esa/e muchacha/o, estaría bueno que formalizaras tu matrimonio", "esa/a muchacha/o es muy trabajador, sería una/un buena/buen esposa/o".
son ellos los que comienzan a cantar a viva voz el amor entre los jóvenes.
luego, una vez que le han preguntado a los chicos por sus intenciones, son los encargados de decírselo a los padres, que no son ni tontos ni ciegos, pero que mantienen el silencio.
luego de una charla en la choza entre los tíos y los padres, salen los primeros y dicen en voz alta: "a tu madre y a tu padre les parece muy correcto esa pareja para ti, es hora de ir preparando el matrimonio". luego, el muchacho le lleva un presente a la choza de los padres de su pretendida. si éste es aceptado, ya que para la muchacha ya ha hablado su yekaddabi, es que el matrimonio puede realizarse. este es el momento en que los dos jóvenes pueden pasar más tiempo juntos y a solas, pero no mucho, pues las tareas y el contínuo movimiento de las familias no les deja márgen.
son los tíos maternos y paternos los encargados de todo el ceremonial. son ellos los que comunican la noticia al resto del grupo y los que interceden por los jóvenes en caso de que el matrimonio sea resistido por alguno de los padres.
los tios maternos y maternos son los segundos padres, en caso de que los padres fallezcan durante la crianza de los niños, éstos los toman a cuidado. no existieron casos en que los niños fueran dejados son auxilio en caso de muerte parental.
estos "celestinos" yámana eran el nexo entre el respeto hacia los padres y la libertad de los hijos para elegir en matrimonio.
la proximidad de un matrimonio era simbolizada por la pintura facial en las muchachas y por el trabajo que el muchacho hacía para con sus suegros.
el yerno nunca le hablará de manera directa a su suegro, siempre tendrá por voz a su mujer que expresará los deseos de uno y otro. de esta manera, asumían el respeto y lugar que cada parte tenía en la relación.
generalmente, antes de la consumación del matrimonio, el padre del muchacho le ayudaba a construir una canoa para que pudiran autoabastecerse cuando se casaran. sin embargo durante un tiempo seguirían viviendo cerca de la familia del muchacho. la independencia final se lograba con la llegada del primer hijo.
no sé, pero me gusta la idea de que no decir de manera directa: "hola pa, hola ma, esta es mi novia". me cae simpática la idea de que la proximidad de las relaciones dieran por sentado que había cariño y afecto y que el ritual se simbolizara por medio de los tios.
y entre las chicas que gustan de las chicas, el ritual vuelve a repetirse. todas tenemos esas tías que dicen lo que a veces no nos atrevemos a decir. nuestras pequeñas celestinas. las que nos dan el visto bueno y nos ayudan a construir la choza. nos pintan la cara y nos dan el empujón.
Lapushunentsis y Tapakoloeli. fotografía Mission Scientifique Cap do Horn. 1880.
10 comentarios:
aguante el celestinaje!
about my last post: es melancolicamente criptico, que se le va a hacer... eso pasa cuando una se encierra a preparar finales
Oveja: nunca me funciono el celestinaje... pero si tengo tías que me aconsejan.
(si, entediendo que venía por ahi, pero nada... esta bien asi)
Me gusta es el tiempo para conocerse, ese silencio ensordecedor que se da entre personas que se gustan, se atraen y respetan. Algo que se a perdido y solo se satisfacen necesidades!!! en cuanto al celestinaje... no me parece, en particular mi madre siempre va por un lado y yo por otro total nada que hacer
Pao: creo, como ya dije antes, que ambas cosas son posibles y necesarias. Y estoy de acuerdo con el celestinaje, creo que no cualquiera puede hacer de celestino. A mi siempre me eligen a la equivocada... gente que no pone el alma en su trabajo che...
salutes
Eso si, no se esfuerzan o es que usan muy bien sus mascaras.. y nosotras!! Cual sera mi problema con que siempre me quedo con la equivocada? :(
Pao: a mi me encanta quedarme con la equivocada. es que seguro, que para mi es la correcta.
salutes
Como me encanta este tema!no tein fin... chas gracias!
Entonces, los yamanes sí podían "elegir" a su pareja. El tema es que les gustara a sus padres. Si les gustaba, se casaban. Y si no les gustaba? Buscaban otro/a? Se fugaban?
saludos
"Todas tenemos esas tías que dicen lo que a veces no nos atrevemos a decir".
No todas.
Pero comparto la simpatía por esa costumbre de los yámana. Qué bien y qué bueno que lo ha narrado.
stef: este tema no tem fim. hablamos? beso
Caro: ud ha dado en el clavo,parece que si, quepodian elegir. los tios convencían a los padres de la viavilidad del matrimonio. algunos se fugarían pero como la estructura socialo requería cirta pertenncia eran los menos.
Naifa: adoro a mis "tías". muchas gracias.
salutes a todas
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