sábado, 10 de julio de 2010

Tablón


leo mientras viajo. la tarde de sol promete más calidez que la que dice el cruel pronóstico de 15º.
leo a Julito y sus papeles y lo leo salteado. leo a lucas y me saca sonrisas, carcajadas. leo el libro como si no debiera haber un orden perentorio. solo azar. como cuando agarro mi rayuela y lo dejo abrirse. es hora de que compre nueva edición, pues siempre se abre en el 93, 90, 54 y 41.
julito me cuenta que el 41 fue uno de los primeros que escribió y me arracanca una sonrisa. dice que escrbió el que ahora se concoce como el capitulo del Tablón (raro porque yo le dije el capitulo del Tablón sin saber que ya había gente que lo había bautizado asi).
y habla de Talita, Traveler y Oliveira como los primeros pasos de la novela. dice que escribió ese capítulo de manera violenta. y lo leo. leo Talita y Traveler y siento (por primera vez lo siento) que yo soy Talita y que Julito habla de mi. hace 30 años que escribió una reseña con ese capítulo sobre mi. y después cuenta que esas cosas no deberían extrañarle. si, claro. no le extrañan.
leo Talita y sé que soy yo. la del Tablón. Talita Traveler. y siento que es así que él debe haber escrito ese capítulo primero. no hay caso es así. que cuando imaginó a Oliveira sosteniendo ese puente, Julito sabía que no, que no lo iba a sostener y que atrás debía venir un montón de puentes no construídos y ganas de soltar el Tablón a la mierda, porque nada vale un paquete de yerba y unos clavos.
y Talita se volvió. no cruzó. Talita no cruzo. y yo soy tan Talita. tan de quedarme en esa ventana ahora, después de haber intentado cruzar puentes monológicos -monopuentes-. ahora Talita mira desde una ventana y Oliveira desde otra y Julito sabía que Oliveira no era de los que sostienen el puente por mucho y tenía que superar a Horacio y por eso Talita -oseayo- en el cuento.
y Julito me lo dice, y mientras el sol se cuela en la ventana y me río cerca de la facultad de veterinaria leo un maravilloso Lucas y me lanzo a reir. pero a reir tanto que me brotan las lágrimas.
no, si no hay caso. vos te volviste una Talita. y esas lágrimas no son por el sillón Luis XV en el que Lucas niega sentarse. esas lágrimas son el recordatorio de los tablones de los que te tuviste que bajar ni bien te diste cuenta que del otro lado (de ese otro lado) estaba Horacio a punto de soltarlo.
y metete la yerba y los clavos en el culo, che, que con este calor, mejor me quedo a la sombra.

4 comentarios:

Ico dijo...

Qué buenos momentos me dio Rayuela, había olvidado el capítulo del tablón, qué buena metáfora de lo que es a veces una relación..

talita dijo...

Ico: sip. me dió un gustazo saber que Julio había escrito ese capítulo entre los primeros. creo que es como la confirmación tardía de porque siento que le pegué al elegir a mi alter ego literario.
beso

Gabriela Aguirre dijo...

Y no sé qué decirte...
Me siento tan Horacio, tan de sostener el puente por un tiempo cortito y luego soltarlo, sin ver si el otro/la otra terminó de cruzar o se cae porque, como bien dice Julito, un puente no se sostiene de un solo lado, Talita, un puente lo sostienen ambos/as o no lo sostiene nada ni nadie.
Aquí me ves, agarro el tablón un ratito, pero el tablón -o más bien lo que viene caminando por él- me da miedo y lo suelto.
Hace rato, hace mucho rato que no sostengo tablones.
Vos sos Talita, te tocó la mejor parte.
Yo soy Horacio.

talita dijo...

Gabriela: no me tocó ser Talita, yo devine Talita, que es distinto.
y por ahora, mismo me quedo mirando por la ventana. por en seri: ¿a quién se le ocurre poner un tablon para pasar un par de clavos y un paquete de yerba? hay que ser necia para tirarse a pasar 20 metros arriba de algo por algo que sale 20 guitas...
no si no, no hay caso, ser Talita puede ser la mejor parte, pero te la regalo cuando estás en el medio del tablon tambaleandeo y las viejas abajo miran y cuchichean.
besos