El viernes pasado fui testigo de algo maravilloso.
En mi mente, mientras se sucedían los hechos, pensaba la mejor manera de escribirlos.
Tres damas, arqueólogas especialistas en lítico, de tres generaciones diferentes confluyeron en mi trabajo para ver el material lítico que había sido encontrado en la última campaña. Fueron invitadas por mi jefe, un caballero, arqueólogo de los de antes, pensador e inteligente, para ver si algo de lo que había salido se parecía remotamente a lo que ellas estaban acostumbradas a encontrar en Patagonia continental.
Las tres damas llegaron, claro que como son damas, vinieron provistas de una munición de sanguchitos de miga y facturas para amenizar semejante evento.
Es que los condicionamientos burocráticos de los investigadores, muchas veces los alejan del día a día de la arqueología, de encontrarse con aquellas razones que las llevan a ser unas apasionadas de lo que hacen.
Las tres damas han sido profesoras mías. A dos las he tratado mucho más que a la otra que es titular en una materia introductoria.
Me emocionó el placer con el que, luego de tomar el café y degustar sanguchitos y facturas, comenzaron a mirar el material. Emocionadas por lo nuevo, porque eran instrumentos que no se parecían a lo que habían visto ellas.
Entre risas, decían que si era toldense (el toldense es una industria lítica típica de momentos tempranos de patagonia y que tiene unas características tecnológicas propias, pero esa denominación está ya perimida) y planteaban una difusión al estilo menghiniana. Claro que esto quedaba entre las cuatro paredes de la oficina.
Las risas y la emoción de estas tres mujeres y el orgullo del caballero fueron más que suficientes para arrancarme un montón de carcajadas y no sólo a mi. Como espectadores estábamos, aparte de mi, mi directora de tesis y otro investigador, pero todos eramos más "chicos". Los mirábamos con maravilla.
Y en ese momento, las damas y el caballero, fueron niños otra vez y en vez de líticos parecían comentarse las figuritas con las que cada uno en su vida había llenado su álbum.
Deseé con todas mis fuerzas, poder llegar a esa edad y demostrar con una sola mirada, la pasión que puede despertar la arqueología.
fotografía: uno de los instrumentos hallados. se denomina "trinchete" y es un instrumento rarísimo, puesto que sólo se lo ha encontrado en el canal de Beagle con una antigüedad de 8000 años
En mi mente, mientras se sucedían los hechos, pensaba la mejor manera de escribirlos.
Tres damas, arqueólogas especialistas en lítico, de tres generaciones diferentes confluyeron en mi trabajo para ver el material lítico que había sido encontrado en la última campaña. Fueron invitadas por mi jefe, un caballero, arqueólogo de los de antes, pensador e inteligente, para ver si algo de lo que había salido se parecía remotamente a lo que ellas estaban acostumbradas a encontrar en Patagonia continental.
Las tres damas llegaron, claro que como son damas, vinieron provistas de una munición de sanguchitos de miga y facturas para amenizar semejante evento.
Es que los condicionamientos burocráticos de los investigadores, muchas veces los alejan del día a día de la arqueología, de encontrarse con aquellas razones que las llevan a ser unas apasionadas de lo que hacen.
Las tres damas han sido profesoras mías. A dos las he tratado mucho más que a la otra que es titular en una materia introductoria.
Me emocionó el placer con el que, luego de tomar el café y degustar sanguchitos y facturas, comenzaron a mirar el material. Emocionadas por lo nuevo, porque eran instrumentos que no se parecían a lo que habían visto ellas.
Entre risas, decían que si era toldense (el toldense es una industria lítica típica de momentos tempranos de patagonia y que tiene unas características tecnológicas propias, pero esa denominación está ya perimida) y planteaban una difusión al estilo menghiniana. Claro que esto quedaba entre las cuatro paredes de la oficina.
Las risas y la emoción de estas tres mujeres y el orgullo del caballero fueron más que suficientes para arrancarme un montón de carcajadas y no sólo a mi. Como espectadores estábamos, aparte de mi, mi directora de tesis y otro investigador, pero todos eramos más "chicos". Los mirábamos con maravilla.
Y en ese momento, las damas y el caballero, fueron niños otra vez y en vez de líticos parecían comentarse las figuritas con las que cada uno en su vida había llenado su álbum.
Deseé con todas mis fuerzas, poder llegar a esa edad y demostrar con una sola mirada, la pasión que puede despertar la arqueología.
fotografía: uno de los instrumentos hallados. se denomina "trinchete" y es un instrumento rarísimo, puesto que sólo se lo ha encontrado en el canal de Beagle con una antigüedad de 8000 años
2 comentarios:
Si lo deseaste (si lo deseó Ud...) con todo su corazón, seguro, seguro se le va a cumplir. Aunque puedo decirle que, si virtualmente llega de esta manera tan fuerte, su pasión por la arqueología, no me quiero imaginar qué deber ser verlo en persona, con su media sonrisa de satisfacción...
(He suprimido mi cuenta Gmail, me harté, entonces firmo así...)
Ana; a mi me causa gran satisfacción y alegría. y verlo en otras personas más aun.
salutes
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