la piel tiene memoria, alguien ya dijo eso.
pero es cierto, la piel tiene la memoria de un ancestro.
son muchas las veces que la memoria de mi piel
me llama a jugar un juego infantil y necesario.
y es así que en las primeras horas del día, cuando está amaneciendo,
mi piel le manda señales al cerebro, aún dormido y omnubilado.
y le recuerda a otras pieles,
quizás algo más suaves que ella misma
o incluso un poco más rústicas.
mi piel recuerda las otras pieles
que ha tocado, que ha sorbido, que ha sentido.
pieles de espaldas, de panzas y de muslos.
pieles finas de mejilla, ásperas de codo.
pieles de rodillas y de los pliegues. pieles de nucas.
pieles transpiradas o pieles secas.
pieles con olores a perfumes o con olores propios.
pieles que desean ser tocadas, pieles ajenas.
pieles que no ven el sol. pieles que lo han visto por años.
mi piel evoca en un solo gran acto todas esas pieles.
a veces.
a veces no.
a veces recuerda una sola piel o un tramo de ella.
por ejemplo, mi piel suele recordarse a sí misma tocando
la piel de una panza o del nacimiento de una nariz.
y se queda largo tiempo recordándolas.
cómo eran, cómo se sentían y cómo deberían evocarse.
muchas veces piensa en pieles enteras
o en un pedazo de piel que no le gustó tanto.
el recuerdo de una piel puede despertar
las memorias de los ojos o de las manos.
y lentamente, entre la memoria de la piel,
la memoria de los ojos y la memoria de las manos
es posible recordar toda una gran silueta.
recordarla táctil, en la memoria visual y en la piel.
si a eso se le suma la memoria de ciertos olores o ciertos sabores...
pero la memoria que es más difícil de evocar, es la memoria del peso.
el peso de un cuerpo sobre otro cuerpo.
el sentirse aplastada por la fuerza de gravedad,
los kilogramos fuerza, los newtons
necesarios para sentir que en ese momento
el acompasamiento de las dos respiraciones
es una perfecta obra de ingeniería y sincronización.
son pocas, a decir verdad, las veces que recuerdo el peso.
pero cuando lo hago y a eso se le suma la memoria de la piel,
de las manos y de los ojos,
suelo despertarme con la sensación
de que la memoria no es aquello que no olvidamos
sino aquello que nos esforzamos por recordar.
y para recordarlo hace falta in-corporarlo, inscribirlo en el cuerpo.
como si la memoria de mi piel fuese un lienzo
en donde llevo marcadas
cada una de las pieles que mi piel tocó.
pero es cierto, la piel tiene la memoria de un ancestro.
son muchas las veces que la memoria de mi piel
me llama a jugar un juego infantil y necesario.
y es así que en las primeras horas del día, cuando está amaneciendo,
mi piel le manda señales al cerebro, aún dormido y omnubilado.
y le recuerda a otras pieles,
quizás algo más suaves que ella misma
o incluso un poco más rústicas.
mi piel recuerda las otras pieles
que ha tocado, que ha sorbido, que ha sentido.
pieles de espaldas, de panzas y de muslos.
pieles finas de mejilla, ásperas de codo.
pieles de rodillas y de los pliegues. pieles de nucas.
pieles transpiradas o pieles secas.
pieles con olores a perfumes o con olores propios.
pieles que desean ser tocadas, pieles ajenas.
pieles que no ven el sol. pieles que lo han visto por años.
mi piel evoca en un solo gran acto todas esas pieles.
a veces.
a veces no.
a veces recuerda una sola piel o un tramo de ella.
por ejemplo, mi piel suele recordarse a sí misma tocando
la piel de una panza o del nacimiento de una nariz.
y se queda largo tiempo recordándolas.
cómo eran, cómo se sentían y cómo deberían evocarse.
muchas veces piensa en pieles enteras
o en un pedazo de piel que no le gustó tanto.
el recuerdo de una piel puede despertar
las memorias de los ojos o de las manos.
y lentamente, entre la memoria de la piel,
la memoria de los ojos y la memoria de las manos
es posible recordar toda una gran silueta.
recordarla táctil, en la memoria visual y en la piel.
si a eso se le suma la memoria de ciertos olores o ciertos sabores...
pero la memoria que es más difícil de evocar, es la memoria del peso.
el peso de un cuerpo sobre otro cuerpo.
el sentirse aplastada por la fuerza de gravedad,
los kilogramos fuerza, los newtons
necesarios para sentir que en ese momento
el acompasamiento de las dos respiraciones
es una perfecta obra de ingeniería y sincronización.
son pocas, a decir verdad, las veces que recuerdo el peso.
pero cuando lo hago y a eso se le suma la memoria de la piel,
de las manos y de los ojos,
suelo despertarme con la sensación
de que la memoria no es aquello que no olvidamos
sino aquello que nos esforzamos por recordar.
y para recordarlo hace falta in-corporarlo, inscribirlo en el cuerpo.
como si la memoria de mi piel fuese un lienzo
en donde llevo marcadas
cada una de las pieles que mi piel tocó.
12 comentarios:
Qué bien escribe Ud... Perfecto engranaje de recuerdos, vivencias y deseos...
Digamos Talita que su memoria es sensorial, en extremo. Yo nunca lo hubiese descripto así.
Será que, c/u retiene esos recuerdos de diferente manera. Lo suyo es un bello ejercicio.
En mi caso, los recuerdos pasan por un perfume, un soplido (aliento) en mi oído, gestos diversos y principalmente el recuerdo de la mente del otro (sus pensamientos).
Todos los q' pasemos por aquí, tendremosa partir de su escrito, memorias desencadenadas...
Saúdos.
Ana: muchas gracias.
Artus: tiene ud razón. mi memoria es sensorial, pero también comparto con ud los recuerdos de perfumes alientos (en mi caso en la base del cuello) y los gestos. pero ellos siguen siendo sensoriales. lo que siempre me llamó la atención es que los recuerdos aparecen en esas horas de la mañana...
saludos oh maestro de armas
Hermoso, Talita.
Besos!
Ceteris: muchas gracias!. salutes a ud
Beautiful.
Evidentemente tenés más desarrollado el sentido del tacto en cuanto a lo perceptivo.
En mi caso son tacto, olfato y vista.
Besos!
La felicito por su memoria!! Y felicito también a esas pieles que permitieron tan lindo relato.
Evidentemente, leyéndola a ud, descubro que mi sentido del tacto no está muy desarrollado. Sólo puedo recordar sonidos, olores e imagenes.
Saludos cordiales
He quedado sin palabras, Talita.. incluso sin aliento he quedado ante tanta belleza!!
Le dejo un beso!!
...la piel. La piel me hace querer o rechazar a alguien. Si mi piel por casualidad roza la de otra persona y ambas pieles no armonizan, nunca más me simpatizará esa persona...
raro.
lindo post Talita
Erica: (reprimo el chiste fácil). creo que es la piel la que me permite evocar los otros sentidos. siempre tuve una particular fascinación con las pieles (pero no a lo Hanibal, advierto). salutes y es un placer que le haya gustado.
Caro: mi memoria es mi punto fuerte y mi talón de aquiles. Vamos! que seguro que su sentido del tacto esta desarrollado, lo que le falta es la memoria de la piel, que no es lo mismo.
the teary-eyed: me hace ud sonrojar!! haberla dejado sin aliento, mire que atrevida que soy!
Angie: no es tan raro, al menos a mi me pasa exactamente lo mismo. yo me relaciono mediante la piel...
salutes a todos
La memoria... si.
Besos.
Verónica: la memoria...
salutes
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