esta vez no soy yo la que escribe, es decir, no es talita, sino quien escribe a talita, es decir, yo.
en este post, que es un iterregno entre los post sobre mitos yamana que escribe talita, vengo a escribir yo, que no es talita, si no otra, la que escribe lo que talita escribe.
y no puede ser talita quien escriba esto puesto que talita no es, ni será nunca, una mujer enamorada. ella me lo dijo claramente: "talita enamorada aburre, por favor, que nunca se enamore talita".
cumpliendo esa promesa, hago yo -y no talita- este pequeño interruptus entre temas que seguro pueden ser más interesantes que lo que puedo escribir y por eso los escribe talita y no yo.
bueno, disculpada ella -talita- sobre el tema que pienso abordar y quedándo claro que esto no tiene nada que ver con ella, comienzo.
soy yo la que me descubrí sonriendo al llegar a Miranda y encontrarla sentada en una mesa parecida a la que nos habíamos sentado hace un año cuando nos citamos a por un café (mentira, me pedí una cerveza) y en la cual comimos una ensalada.
llegué y la bese, mientras ella se reía también, al tiempo que dejaba a un lado todos mis bártulos y procedía a acomodarme en la silla. después de mirarnos un rato y desafiando a la tradición del afuera nos tomamos de la mano y pasamos a las mesas del interior, en un entrepiso.
ahí pedimos la ensalada Jacinta (mi favorita) y la acompañamos con un Cosmopolitan (ella) y un Mojito (yo).
pero hace un año no, hace un año, nos quedamos afuera, no pedimos la Jacinta sino la Roberta (que tiene berenjenas que a ella le gustan) y una cerveza para compartir. aun no sabía yo -la que escribe, no talita- si le había caído bien y la noche terminó confirmando mi sospecha: seríamos buenas amigas.
pero hay cosas que no se sabe muy bien porqué pasan y terminan pasando igualmente, desafiando los pronósticos más pesimistas de las que nos sabemos trajinadas en esto de conocer gente.
parece que yo -no talita- dije algo. algo que no pensé o registré. no fue una un pase de magia, una frase hecha. no. fue producto de una discusión que tuvimos por Tecnópolis y la necesidad de la divulgación del conocimiento científico. nunca supe el por qué, supongo que lo dije sin pensar en seducir y de ahí su fuerza seductora. no sé tampoco, porque ese día no estaba in the mood. aunque hice -no talita- lo que sé de manual para llamar la atención de la dama.
podría haber sido cualquier cosa. podría haber dicho lo opuesto, o con otras palabras más educadas. podría haber hecho gala de mis casi 10 años en Filosofía y Letras. pero no. no lo hice y fue lo mejor que hice esa noche (al parecer). no lo del manual, no lo que aprendí de aquella profe de teatro que mi dio tips de levante. no lo que aprendés después de que aprendes a invocar a talita. eso no.
fui yo -y repito, no talita- la que dijo:
"los científicos tenemos que hacer divulgación, porque si no lo que hacemos no es ciencia, es una gran paja mental"
aunque claro, nobleza obliga, como buena chica que soy, esa noche dormí sola. porque si fuera talita la que estuviera escribiendo esto, seguro, seguro, esa noche dormía acompañada.