
es la falta de entrenamiento. es el haberme mantenido al borde de estas situaciones una y otra vez. tres años es mucho tiempo si una lo piensa de esa manera. me olvidé de conciliar, me olvidé de cómo era hablar y escuchar para entender. claro, esos olvidos hacen lagunas y en las lagunas, una se puede ahogar. pero de eso se trata, de aprender a nadar tirándose al agua.
y te pido disculpas, mi amor, si en ese aprender me entra un poco del líquido elemento en la garganta y toso y me ahogo.
es que no sé, no me acuerdo.
tanto tiempo jugando a la escondida que ya no me suelo encontrar con facilidad.
porque flotar es fácil, tirás la cabeza hacia atrás y el punto de gravedad de tu cuerpo hace el resto, ni siquiera tenés que patalear. pero nadar, mojarse, saltar del trampolín, dar piruetas, hacer 25 largos de croll, eso implica trabajo, dedicación, esfuerzo y ganas.
y vos te olvidaste de eso, escondida en tu traje de baño, mojándote apenas las piernas cuando te sentabas a chichonear con alguien al borde de la pileta. pero no te metías, no vaya a ser...
y bueno, ahora te metes y empezás a recordar cómo era eso de nadar sin tragar agua y disfrutar de cada una de las brazadas.
pero hay veces que el agua entra igual y querés irte de nuevo a la seguridad del borde, a un toallón seco. pero del otro lado, dentro de la pileta, con propios y singulares miedos, estás vos.
supongo que serán las otras yerbas del amor, las que hacen que el amor siga siendo eso que no nos mantiene a flote sino lo que nos invita a nadar.
y te pido disculpas, mi amor, si en ese aprender me entra un poco del líquido elemento en la garganta y toso y me ahogo.
es que no sé, no me acuerdo.
tanto tiempo jugando a la escondida que ya no me suelo encontrar con facilidad.
porque flotar es fácil, tirás la cabeza hacia atrás y el punto de gravedad de tu cuerpo hace el resto, ni siquiera tenés que patalear. pero nadar, mojarse, saltar del trampolín, dar piruetas, hacer 25 largos de croll, eso implica trabajo, dedicación, esfuerzo y ganas.
y vos te olvidaste de eso, escondida en tu traje de baño, mojándote apenas las piernas cuando te sentabas a chichonear con alguien al borde de la pileta. pero no te metías, no vaya a ser...
y bueno, ahora te metes y empezás a recordar cómo era eso de nadar sin tragar agua y disfrutar de cada una de las brazadas.
pero hay veces que el agua entra igual y querés irte de nuevo a la seguridad del borde, a un toallón seco. pero del otro lado, dentro de la pileta, con propios y singulares miedos, estás vos.
supongo que serán las otras yerbas del amor, las que hacen que el amor siga siendo eso que no nos mantiene a flote sino lo que nos invita a nadar.
