
hay veces que me mata la imponderabilidad de ciertos actos.
es que no, no se puede ser como soy y salir impune del intento. ponele que sí. ponele que trato. ponele que voy con las mejores intenciones y que resulta que paf! cachetada en la cara y a la bolsa.
y después nadie se hace cargo de lo que a vos te duele semejante cachetón. porque te reís y te volvés a poner tu máscara de sho'ort y decís "ok, esto no me duele o me duele poco, ponele".
pero hay veces que la ovulación, el estar en ese lugar y en ese momento no te basta. y te ponés un poco sensible y las cosas te pegan por multiplicado. exponencial te diría.
y ya las cosas no giran por si mismas y te queres ir a tu casa y dejar la máscara a un lado y ponerte a pensar en vos, solo en vos por una vez en la vida.
pero no, sabés que de hacer eso sería como caer en una brutal espiral. como perder la cordura en un instante. como si te dejaras cachetear todas las veces de una sola vez. y así, no una, sino que tenés la cara marcada por los quichicientos cachetazos que te dieron esa semana, los que soportaste estoicamente.
al fin y al cabo, vos podés, como te enseño tu vieja y la puta ICAR, a poner la otra mejilla.
y no se porque escribo esto, si es por dolor o por bronca. pero es así. y te vas y te juntas y pones la mano porque sabes que al final, a la hora del llanto te quedás vos sola. y no hay tutía. sos vos y tus lágrimas y la impotencia de los imponderables. y la permanencia del cambio y el gran dolor, ese que preferís olvidar enredada en mil actividades más. pero que cada cosa que hacés te lo recuerda y cómo.
y sos capaz de reir hasta que te salten las lágrimas, una y otra vez. pero para reir, sí, mejor acompañada, pero para llorar, para llorar nena, mejor quedate en casa, mudo testigo él, testigo de las más inmundas prácticas del dolor, ese que nos obliga a retorcernos. él, testigo de lo que no sos ni serás.
si, capaz de reir hasta que te salten las lágrimas y de llorar por una luz que se filtra entre las persianas.
capaz de eso y de mucho más. pero que no se note, no, eso nunca. siempre cara de poker. impérrita frente a los desplantes ajenos. no seré yo quien me vaya. no. pero la vergüenza es patrimonio de los cobardes. y yo, cobarde una sola vez. después, ya no.
y después te cae L y te invita a tomar una cerveza y aceptás porque sino lo mismo. y le contás a ella, que te conoce porque las parieron por error dos madres distintas. "estas muy sensible hoy" te dice y se ríe de una carcajada sobre lo que le contás. y sabés que te hizo bien. porque sí, estás sensible, pero necesitas su abrazo y reirte un rato. le contás que te vas a casa de mamá R y que vás comer un asado mientras siguen con lo de las tetas, le decís que se venga.
y no va que que te dice que sí y cuando llegas y saludas a las talladoras de bustos y le contás que viene L se ríen y te dicen que justo la iban a llamar para que se venga.
hablás con ellas y resulta que sí, que estás un poco emotiva/hormonal, pero viene mamá R y te da un abrazo y un pancito con algo riquísimo y se ríen.
si, nos volvemos a reir mucho. y cenamos. y te sentís mucho mejor porque estás ahí, en ese lugar, en esa casa que es como que te cuiden un rato, si, que te cuiden, de vos misma sobre todo. ese núcleo duro de amigos a los que no renunciarías por nada en el mundo.
y R te promete que para tu cumple te conseguimos el jacket y te vestís a lo Marlene Dietrich y vos solo podés sentir el corazón contento y saltando de alegría. sí, el jacket y todos de traje para la fiesta.
Post scriptum: la verdad lo que me pasaba era una burrada andante, nada grave. pero el conjuro de las hormonas y un teclado enfrente de mi hicieron el resto. por lo demás, noche en solís con ellas y todo pasa, como la ciruela.