hace muchos años, el 19 de diciembre de 2001, entré a un negocio de ropa deportiva ubicado sobre Av de Mayo. A unas cuadras nomás, empezaba de nuevo a juntarse la gente, gente que había sido echada de la Plaza y que se concentraría nuevamente con sus cacerolas y su enojo (diferente del que flamea hoy en día).
entré y había colgada una mochila Columbia Bugapack 24 litros, pregunté el precio y me dijeron 40 pesos. La compré y desde ese momento, hasta el día que me la robaron 4 años después, la amé. Todos mis amigos sabían lo que yo quería a mi mochila, era mi caparazón. Mi mochila tenía todo lo que yo necesitaba para moverme, para vivir. Amaba esa mochila, tanto, que años después, en un congreso en Rio Cuarto vi a unos chicos que tenían esa mochila y durante varios minutos pensé en robarla.
Esa mochila es, sin duda alguna, una buena mochila. Los cierres no se habían roto, las costuras estaban intactas, no se había descosido. Din duda, habríamos durado juntas mucho tiempo más. Las cosas no se dieron así, pero es el día de hoy que aun mido a mis mochilas con la vara de la Columbia (encontré un modelo, de otra marcar que se le parece mucho, aunque con detalles mejorados). Mi mochila siguiente fue una Montange, que como todos sabemos, pasan sin pena ni gloria. Antes Montange hacía buenas cosas, ahora no tanto. No son confiables. Pero se la bancó, esa mochila, se bancó y se sigue bancando muchas cosas.
En el año de mi primera campaña a Ushuaia me compre otra mochila que es la que tengo hoy por hoy: una Salomon de 24 litros mentirosos, que es muy cómoda, muy buena y resistente. Llevamos juntas tres años y no tiene un atisbo de rotura. Es una buena mochila.
Anoche soñe que me la robaban, de mi vista, trataba de buscar al que lo había hecho y no lo encontraba. Desesperación y tristeza. Darme cuenta de todas las cosas que llevo en ella, que no las tengo más. Eso es lo que me duele de mi mochila, perder cosas valiosas.
Me levanté triste. Vi a mi mochila sobre el puf y me tranquilicé. Hay pocas cosas que me pongan tan mal como perder mi mochila. Creo que mi espíritu nómade reside en ella. Que si tengo una buena mochila, la recargo y salgo, voy a donde quiera.
Pero mis sueños me generan angustia. No quiero que mi mochila se ponga celosa de como estuve mirando a la Outside de 23 litros. Quiero que sepa que me gustan sus detalles, los elestiquitos para sostener las correas, su buena espaldera y su cinto ancho para darle balance a la mochila.
Quiero que lo sepa y así decide quedarse conmigo. Porque tengo esa idea primitiva y animista de que las mochilas deciden quedarse con una. Espero que las cosas que tienen adentro sigan estando conmigo.
Para aquellos que tengan dudas: mi relación con las mochilas es fraterna, no perversa. Mis amigos han sido testigos de que las pongo sobre las sillas, las cuido y las trato como si fueran una parte de mi. No me doy cuenta, solo sé que me gustan y lo hago. Cuando me robaron la otra, mi amiga L me llamó compungida: sabía como me sentía y no quería que hiciera una locura. Esa es la relación que tengo con mis mochilas. Psicología al palo!
10 comentarios:
Talita, su relato de la mochila me conmovió.
No creo que exista nadie tan despelotado ni desapegado que yo con las cosas (igual voy mejorando).
Morí de ternura con la descripción de los cierres y elastiquitos. Conclusión: creo fervientemente, que la mochila, merece a su dueña... y que vivan felices comiendo perdices!y que nunca, nunca, pierdan las alas...
besos
Te entiedo a la perfección. Corría el año 2006; era el día de mi 14ºcumpleaños y mis abuelos tuvieron la gloriosa idea de llevarme a un shopping (un shopping!) a comprarme mi regalo de cumpleaños (odio comrpar ropa, odio los shoppings, odio la gente de los shoppings). En fin, buscaba en mi desesperación algo que me librara rápidamente del asunto este de que me compraran un regalo cuando la vi: una Head roja y marrón que clamaba mi nombre (Páaajaro, páaajaro). Y nada, ese fue mi regalo de cumpleaños que me acompaña hasta el día de hoy; ha cruzado el Río de la Plata, ha visto la cordillera de los Andes, a tenido tumultosos veranos en las costas de Rocha, y como buena mochila suburbana, ha pasado largos días encerrada en la ciudad en días de estudio y trabajo. Y la amo.
Ahora está unm poco rota en la parte de abajo y le he tenido que cambiar los cierres. Pero por lo demás, e sperfecta. Siempre que me fui de viaje, lo único que llevaba era esta mochila con toda mi ropa y algún morral accesorio.
Larga vida a las mochilas leales!
Ah! Pero estas loca!
Ya en serio creo que los hombres tendemos a darle poca importancia a cosas que la merecen un poco más.
Pienso en que cuando estudiaba mis compañeros Barones dejaban sus mochilas en el piso, en cambio las chicas las colgaban detras de las sillas o las dejaban sobre una mesa libre.
Personalmente con las mochilas me pasa lo mismo que con las mujeres, todo cuidado se va por el caño en cuanto pasa el encanto de lo nuevo, cuando sobreviene el primer descuido ya no veo caso en seguir cuidandolas. He sido tan descuidado que he llegado al punto de haber perdido dos durante noches de borrachera (me refiero a mochilas), con apuntes, pen-drives, escritos, ropa e incluso un ejemplar de Rayuela lleno de anotaciones y traducciones que es lo que mas lamento hoy.
Si tuviera que escribir mis maximas pondria que el estado de la mochila dice mucho de su dueño, por eso es que trato de cambiarla todos los años, año nuevo, mochila nueva, y no siento el mas minimo remordimiento por el abandono que sufren mis viejas mochilas; ¿Soy acaso un desalmado? No, no lo creo.
Anda al psicologo, anda con la mochila, obvio jaja.
Saludos!
El sutil encanto de las buenas metáforas
(cuanto más sencillas, más lecturas promueven)
Digo. Gracias. Saludo.
Violeta: jaja! espero que si, la quiero y la cuido. realmente me sentiría apenada si la perdiera. Quiero que nos quedemos juntas hasta ser viejitas las dos.
saludos!
Pajaro: guau!!! esa es una verdadera mochila viajera!!! realmente de esas que se quedan. un brindis por las mochilas que nos permiten viajar cómodas y conocer nuevos lugares!
saludos!
Naifa: gracias. si, puede serlo no?
le mando un beso!
No recuerdo haber tenido una relación odio-dependencia tan fuerte, como una vez con una mochila: la tiraría a la mierda/pero la necesito; la dejo acá ya mismo y sigo sin peso/pero…y después?; pesa 200 kg, la revoleo a la cdll y listo/pero es prestada y hay que devolverla; me pongo toda la ropa, agarro el pasaporte y al carajo/y el calzado, qué hago con el calzado?* Habiendo leído la mención de la psi al palo y la relación con la metáfora que plantea la Naifa me retiro de esta entrada muy procupada. Qué debo desentrañar?, cuál es el metamensaje?, eh?, eh?
Saludos.
*sí, había perdido toda compostura y debí haber patentado la cantidad de blasfemias que aporté ese día al idioma.
A vos te falla.
Mmmm... la verdad que no sé nada de mochilas, pero si por ahí de llevar cosas a cuestas, pero no era de eso sobre lo que quería escribirte. Hoy 21 de junio, empieza el invierno. Y es que hace como un año que te escribí saludándote por por ese nuevo ciclo que comenzaba para el hemisferio sur. Como pasa el Tiempo, Otro nuevo ciclo comienza, Feliz año nuevo Talita. A celebrar el Inti Raimi, Que este año sea abundante!
Ma. José
estimada, creo que debe sincerarse. Es evidente que "algo mas" pasó entre usted y esa Outside.
unoalseis: la entiendo, me ha pasado. al final, la tiré.
hay algo que ni yo alcanzo a entender sobre la mochila y la metáfora. pa mi que es más metonimia.
je!
saludos!
MarAzul: Feliz solsticio de invierno! que tenga un buen año nuevo y que empiece la etapa de crecimiento!
saludos
veronica: pero soy adorable
beso
Marielet: mire, se la voy a hacer corta, no empiece a chantajearme. no se nada de esas fotos que ud dice tener. fui fiel, sólo hablamos y estuvimos intercambiando opiniones. es una amiga de la infancia (?)
beso
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