por Pili
En algunos momentos puede ser extremadamente conveniente saber que decir, lamentablemente no es algo que me caracterice, y no me malinterprete, no caracteriza al género humano en general, puesto que la palabra es un magnifico artificio del cual nos valemos para expresar no se que cosas, que, aparentemente habitan en nuestro interior, y se encuentran terriblemente desesperadas por ver la luz artificial de una bombita de 100 watts. Pero resulta, de alguna manera, útil saber de que modo conjurar el artificio para salir airosos de las situaciones más angustiantes y atormentadoras de la vida. Decir hola en el momento adecuado, te amo, dame un vaso de agua, gracias o no decirlo, puede ser realmente problemático, porque las palabras nos hablan.
No era mi fuerte, y no lo es, el tino de saber que decir. Cuando mi boca articulaba algún sonido, seguro, era la palabra equivocada en el momento equivocado. No tenía el don. No comprendía las reglas del juego. Hablar o quedarme callada no significaba para mí una gran diferencia, sin embargo, los otros consideraban tal cosa un agravio mortal, de aquellos que no se arreglan con una tímida sonrisa de arrepentimiento.
Culpable de no entender como manejarme frente a la situación de comunicarme con los demás, y sola por tal motivo, buscaba la manera de hacerme ser humano sin ofender la integridad de ningún respetable ciudadano.
Le confieso que en algunos momentos sentí que estaba conversando con alguien, pero la sensación se desvanecía tras los sonidos sin sentido que rebotaban en mis oídos, y enseguida me preguntaba si aquello, tan poco estimulante, era lo que todos llamaban dialogar. Luego recordaba mi imposibilidad y trataba de escabullirme, siempre respetuosamente, hacia algún lugar lo suficientemente oscuro para que nadie tratara de conversar conmigo de nuevo en un tiempo relativamente largo para poder recuperarme de la cadenciosa decepción.
El máximo problema es que las palabras son acción de primera calidad, puesto que hieren, redimen, alivian, respetan o se convierten en el reducto de una pasión que no encontrará manera alguna de respirar sino a través del verbo que se desmaya en los labios tímidos de mi pequeña humanidad.
Balbucear descontroladamente sin sentidos era lo que mejor sabía hacer. Y aunque las palabras se agolpaban en mi garganta deseosas de salir, el resultado era siempre frustrante. Consideraba al lenguaje como el truco más poderoso y vil que la superioridad nos había entregado, a medias, pero que estaba allí y nos vivía, nos ataba a la cordura de la vida en armonía con los agentes que nos rodean, así como con el ambiente que nos alberga.
Sin embargo, no hablar significaba no ser. Significaba simplemente estar por fuera de la lata que nos hace iguales y competentes para la vida en comunidad. Significaba, la imposibilidad de poner en juego el arte de tener calidad de persona. Significaba, más que la soledad, que esta llena de palabras, el silencio eterno. Pero el silencio en el bullicio, en la no capacidad de apropiarse de aquella porción de éste estado de solidez que nos corresponde por el simple hecho de transitarlo.
Realmente envidiaba a aquellas personas capaces de entregarse sin sobresaltos a los explícitos placeres de la vida, puesto que yo era, simplemente, incapaz de tal empresa. El solo hecho de pensar en el roce íntimo que provoca una prolongada conversación, o el dejar al descubierto ciertos pensamientos muy profundos me aterraba.
Tratar de avanzar me provocaba terrible pánico, sin embargo el quedarme quieta me llenaba de una angustia tan dura como aletargante. Una vez más un jardín de senderos que se bifurcan corría apresuradamente delante de mi.
No conozco otra forma de pensar más que en palabras, y esto era precisamente lo más terrible de mi humillante incapacidad, miles de palabras me atormentaban día a día, mañana tras mañana. Así viví una vida oscura, llevada adelante con incalculable paciencia de artesano. Moldee cada una de mis reacciones con precavida intención, horizontal y color verde. Todo era horizontal y color verde.
15 comentarios:
Hermoso post. Escribís muy lindo y expresas muy bien lo que sentis.
Besos
Erica; no me atribuyo la autoría de estas palabras. son de pili. y es cierto, escribe muy bien.
Ya sé, pero debí aclarar que le "hablaba" a ella :D
Lo expresado por Pili está totalmente bien expresado. Lo único q' podría decir es lo q' me vino a la mente, luego de leerlo. Adjudicado a un filósofo chino.
Las palabras se usan para comunicar ideas. Cuando la idea es comprendida las palabras se olvidan. ¿Dónde estará el hombre que haya olvidado todas las palabras?
Con Él me gustaría conversar.
Saúdos Talita.
Aplauso e inclinación de cabeza para Pili.
Artus: la verdad es que escribe bien la señora pili...
salutes a ud
talita, la oveja? o me confundo?
la oveja quien? que pili? ohh expliquese...
oohhhh es la edad, me estoy confundiendo!
sepa disculpar!
No me marees pili la que escribe el post yo no la nombre, jajaja
cierto escribe lindo ella
pero no me aclara. a que se refería?
pensé que eras otra persona,
ahhh Lola, penso que era lo oveja? por los rulos podría ser, pero no, soy talita nomás.
salutes
Gracias a todos por su comentarios. Artus, a mi también me gustaría conversar con ese hombre o esa mujer, pero tengo el presentimiento de que las ideas por si mismas no viven en este lugar.
Gracias Talita por hacerme el honor de publicar en su blog algo escrito por mi.
Saludos.
Pili.
Gracias, mi Pili, para todas tu palabras... en esto post... y en el lugar que todas extrañamos... y gracias, mi compañera, por esto blog que me gusta cada dia mas... Un pedacito muy grande de mi corazon està con ustedes de el primero dia que hablay con dos de la tres Maria... y ve extraño cada vez que pienso a mi Argentina... Mil y mil besos...
Tanita: mil más para ud. que se la extraña tanto (mancare era?)
Muy bueno tu perfecto italiano... yo te extrano es tu mi manchi en italiano... tu lo sabes...
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