lunes, 27 de octubre de 2008

despedidas

Despedidas

Las cosas habían cambiado poco desde esa primera vez y la música saliendo de los parlantes.

Ella sintiendo todo el cuerpo, todo un cuerpo nuevo, nuevos sabores, nueva boca. Para María también era todo nuevo, siempre lo era, cada vez. Así que lo aceptaba como se aceptan todas las cosas buenas de la vida, un alfajor terrabussi negro, o una coca helada a las tres de la tarde de la resaca.

Ese cuerpo en cadencias, que se agitaba, casi espasmódico, ese aprehenderse en cada gesto, esos besos que no se terminan nunca de dar.

Esa noche de ladrones, de escondidas, de juegos en la luz, y en oscuridades, de fríos, de una cama sin sábanas que no estaba esperando un estreno, más bien una misma repetición.

Música, una nota musical, un juego de saberse, de estrenarse, aunque ya se sabían por muchos otros lados. Un te amo que se cae, no entre sábanas, pues sabanas no había, sino entre los brazos y un libro y piernas estrujadas y pieles nuevas y que linda que sos pendeja, y vos también, que linda que sos.

Así, exactamente cinco meses después, en esa misma cama, que ya no olía a estreno, a nuevo, que ya tenía sábanas, que ya había sido testigo de las más variadas funciones, viciadas por una rutina, que no alcanzaba en tiempo a ser rutina. En esa cama, en ese cuarto, exactamente cinco meses después, con un día de calor, pues ya habían pasado cinco meses, los exactos meses de invierno, de un invierno de esos, de los más fríos que se recuerdan, Ella le decía a María que no la amaba más.

Así, como lo escribo ahora, en este estilo malamente plagiado a Cortazar, con un cigarrillo que se apaga, con la colilla que se interna, se lo dijo Ella a María.

Le dijo que no la amaba más, que no podía ni quería mentirse más. Ni que sueños ni que luchas, ya no había nada por que luchar, que se sentía cansada, que se sentía egoísta. Se sentía confundida. (¿confundida de que? ¿ya no me amas más? ¿cómo es posible?)

María lo sabía, lo sabía, lo sabía. Se sabía presa de un sueño que no podía durar demasiado, de amor en un telo, cuando ni un lugar para amarse tenían, fijáte vos, cuando tenían que dosificar ese amor en dos horas, porque ya no había ni tiempo ni plata ni nada. Y en ese sucio telo, porque fijate vos que no le digo hotel, le digo telo, María y Ella se cogieron dos horas y hablaron y lloraron y se dijeron cosas sucias al oído, y cosas hermosas a los ojos y se miraron las espaldas.

Y así Ella se lo dijo a María, que se quedaba, se quedaba en un lento sueño, en un lento sueño de amor que se termina, rota por todos lados, ahora sí más presa que nunca. María presa y Ella en libertad, como quien se va de una estación de tren.

Y Ella ya había marcado territorio y Ella ya había hecho nido en su casa y había puesto huevos que ahora salían lentos en cada rincón de esa casa que había sido lo que el telo nunca pudo haber sido. Y así es con la razón, querida Ella, que busca explicar hasta lo que la razón entiende, y deja de lado todo lo irracional, y así es como María buscaba aferrarse a esa razón, a todo lo racional que hay en esta vida para encontrar una explicación que calmara sus ansias positivistas, negras y rojas, de navaja de Ockham, cuando sabía (y esto siempre lo supo) que Ella no era de del lado de acá. No era del lado de la razón, no tenía explicaciones, porque obraba por impulso, por irracionalidad, por desacato a todas las leyes de los hombres y mujeres que se han empeñado en poner leyes y orden en algo que se empeña en no tener ni leyes ni orden, ni hombres ni mujeres.

De irracionales y racionales, de mentiras y verdades, de telo y casas y así como si nada se fueron escribiendo estas líneas que pretenden ser lo que nunca serán. Por que hay que tener mucha cuota de razón y todo el peso de la lógica, para poder explicar lo que no se puede explicar, porque no se puede conocer. Y así M se fue cayendo en el pasar de los días, lejos de todo aquello que alguna vez fue el nombre de la felicidad, lejos de un Buenos Aires que dejó de llamarse en tres letras para volver a ser Buenos Aires y sus olores. Y así M se hundió en el peso de la razón, para que toda la irracionalidad no se le cayera sobre los hombros y le ganara esta batalla, para que ya no volviera a sus lentas tardes de mate y espera, y solo le quedasen los mates y la computadora, esperando a que María se siente a escribir su cuota de seminario y dudas y que se reciba y haga las cosas según lo planeado, que es recibirse, doctorarse y que se yo que más, pero todo adentro de la razón, de lo planeado.

Pero de lo irracional, de lo que no se conoce, no se habla, no se dice, y del amor, y de ese amor, María no sabe si quiere saber, no sabe si quiere saber si va a quedarse con el sabor de una cama ya sabida, y de unas palabras que suenan a lo que tienen que sonar, cuando en esas palabras ya no hablan más de sabanas, ni de encuentros, ni un llego en el de las ocho y media, ni de un te invito un helado, ni de un que linda, linda que sos.

De esos cinco meses, en los que el amor se llamó con todos los nombres que uno cuando está enamorado le pone al amor, María se queda con uno, con el segundo, pero no por algo en especial, no por nada, sino porque elige ese, elige ese entre los cinco meses, elige junio, como se elige una hoja entre todas las hojas en blanco que se escriben, como se elige esta hoja, es decir, al azar, no sin cierta cuota de sino, pero más bien el azar.

y de estas palabras María elige las que escribe como si escribiéndolas exorcizara todo lo que de irracional hay en ella, como si en estas palabras pudiera escupir a toda la Ella que tiene en el cuerpo. Por que si vamos al caso, María tiene mucho de Ella en el cuerpo, mucho de irracional, mucho, aunque después lo niegue y diga que no, que no es así, que ella es una mujer racional, que llora, pero que llora por lo racional que es. Aunque después, siempre después, sepa muy adentro (donde se saben todas las cosas ciertas de la vida) que llora por lo que no fue, por lo irracional y, puesto que nadie puede llorar por lo que no fue y, puesto que si no fue, es que no era, y si no era, pues no existe y si no existe no se conoce y si no se conoce, pues para que llorar por eso.

Pero Maria llora por Ella, Ella la pendeja, Ella la niña, Ella, Ella la irracional, Ella la impulsiva, Ella la destruye puentes, Ella linda que linda que sos, Ella la que iba a ser compañera, Ella la copiloto.

¿Y de Ella? y de ella se sabe muy poco, no se sabe si la llora a María, si muy adentro suyo sabe (como se saben todas las cosas ciertas de la vida) que va a extrañar a esa parte racional, si la va a dejar ir como se dejan ir las verdaderas cosas buenas de la vida, como un alfajor terrabusi negro o una coca a las tres de la tarde de la resaca. Si sabe de los huevos que se empollan lejos en una casa que fue lo que el telo no supo ser. Si está siendo sorprendida en otras miradas, en otros cuerpos. Sí se sabe que se curará tanto más pronto que María, destrezas de juventud que le dicen, en donde se apuesta a que el más joven es el que tiene la capacidad o el vicio de sanar las heridas.

De la cobardía a la infamia, de quien no es cobarde y se deja amar, se entrega. De cuidados intensivos, de esto y aquello, y uno que piensa que la vida es un pagaré y que las cosas vienen más o menos por el camino por donde van. Así, después de esto, María se sigue acordando de una noche de Mayo en donde se durmió, como se suele decir, en brazos de los dioses, para despertarse, desnuda al lado de Ella, también desnuda. Sintiendo que eso, y no otra cosa, era la felicidad, que la felicidad no estaba empezando, sino que eso era ser feliz. Y sintió que Ella, la infantil, la pendeja, la copiloto, lo sentía también. Y que eso explica ahora sus lágrimas más racionales, no las irracionales, ya que de esas no tiene la explicación, ya que he dicho que esas lagrimas no tienen explicación posible, porque son lagrimas que no han de ser, porque nunca han sido.

Y de cigarrillos y colillas que se prendían y apagaban. De noches pegajosas y transpiradas, en donde Ella le escribe a María una carta, porque María se ha quedado dormida escuchando un disco. Ella se sienta a la computadora y empolla un huevo, un huevo que queda ahí esperando a ser abierto, uno más de los cientos que Ella deja caer por toda la casa y en toda la computadora.

De noches de cigarrillo sin alcohol, porque Ella no toma alcohol, de noches de puro amor y sexo, de cogerse con ganas y de hacer el amor lentamente, para volverse brillante, pura chispa. Eso, de cogerse con ganas, por eso llora María, esas lagrimas son racionales, porque María extraña coger con Ella, porque extraña el cuerpo de Ella.

Linda, que linda que sos, pendeja.

a casi un año de haber escrito esto, el recuerdo de su cuerpo aun me da descargas.
es casi lo único que recuerdo de ella. su cuerpo, básicamente la espalda. el resto, ha entrado en la franca indiferencia.
este es el paso final hacia el olvido.
me zambullo y disfruto

4 comentarios:

mondo dolce dijo...

no quisiera sacarte de tu adiós y su zambullida, ni de su disfrute, sé que hay una distancia abismal desde ya sabemos cuándo,mal que me pese, por haber jugado un juego que todavía no era mío, y te encontré, sin embargo. sólo quería saber sobre una molestia, si la hubiera, te tengo dentro de mis otros mundos, en mondodolce, si es que esto te disgustara, no tengo más que apretar un par te teclitas, es solo un sí o un no...

talita dijo...

no hay molestia, no hay disgusto.
no aprete las teclitas, uste lo dijo, jugó un juego que no era suyo.

If... dijo...

Debo confesar, no es sólo la arqueología... estos también me encantan. Pero siendo tan íntimos, me da por callar.

talita dijo...

me alegra que le gusten. no calle, si así lo desea. si los escribo aqui es porque de alguna manera no han dejado de ser tan íntimos
salutes