viernes, 31 de octubre de 2008
visibilidad viernes
me levanto, me baño, tomo el café con leche y me voy a al trabajo.
antes de tomarme el 105 voy al puesto de diarios y me compro el pagina 12.
me subo y saco el suplemento soy. yo sé, es medio tonto. naif si se quiere. pero lo hago.
soy visible todos los días, es decir, cualquier persona puede suponer, adivinar si se quiere, mi tortez. pero ese día en particular es mi día más visible.
bueno, este viernes empezaba asi, pero con un adicional. antes de ir al trabajo debía pasar por el hospital italiano y después venía lo peor.
hoy era el último dia de votación a juntas y centro de estudiantes en puan.
dios!!!! como odio la facultad los días de elecciones. realmente detesto ir esos dias.
ok, pero como estoy en el limbo, soy liminar (ni estudiante ni graduada) tenía que votar.
es asi como cerca de las doce del mediodia, mi ente liminar entro a la communitas de filo a emitir sufragio en juntas -ni te voto el madito centro de estudiantes- demasiado tengo ya de politica universitaria.
subo las escaleras al primer piso. bien, ningún aparato a notado mi presencia para darme un discurso sobre la necesidad de ganarle a franja (what??).
llego, casi esperanzada, al segundo piso por escaleras cuando un muchacho de rulos me pregunta:
-¿vas a votar?
-si claro, en junta de antropo
-ahh queres te muestro las bla bla bla
-decime nomás en donde voto a juntas
-en el tercer piso, ¿sabes en donde quedan los departamentos?
-ahhh, si gracias!!!! chau
después de eso pretendía pasar desapercibida hasta llegar al departamento de antropología.
caen, sicilantes, gotas de sudor por mi frente mientras evado, con eficacia de 007, los diversos cuadros de partidos que por ahi andaban.
llego al departamento, nadie nota mi presencia. entro cómoda hasta la puerta en donde una chica esperaba su turno a votar.
entra, sale vota y se va.
entro, salgo voto y me voy.
misión cumplida.
mi saco se bate en el aire con suficiencia mientras camino triunfalmente hacia la salida y...
justo ahi, justo ahi...
muchacha de voz percudida por el cigarrillo y hablar en las asambleas: votaste para juntas??
alicaída seudo james bond: (abort abort, he sido descubierta) si
muchacha de voz percudida por el cigarrillo y hablar en las asambleas: votas a centro??
alicaída seudo james bond: no
muchacha de voz percudida por el cigarrillo y hablar en las asambleas: y por qué?
alicaída seudo james bond: (porque le contesto!!!!!!????) porque ya no soy estudiante
no me dice nada y me alejo sonriendo. todo listo para tomarme el martini en el bar del hotel (bueno, maria ya basta, estas mal)
subo la rampa del tercer piso y zaz...
la veo.
no había pensado encontrarla. sabía que era de filo, pero yo no cursaba ya, así que mis posibilidades de cruzarla en la facu eran casi nulas...
la vi.
me vio.
la mire a los ojos.
me miro a los ojos!!!!
las dos cara de: ¿sos vos??? ¡¡¡si sos vos!!!
ahora, cualquier mortal -y cuando digo cualquier mortal, digo cualquiera- hubiera parado e inventado alguna excusa para entablar una conversación.
yo. yo no. yo...seguí caminando!!!!!!!!!
baje las escaleras.
ningún otro aparato molesto interrumpió mi salida. algo que me hubiera detenido siquiera a pensar, a volver sobre mis pasos y decirle:
"cheee que bueno que te encuentro, me quedé pensando en lo de rosario, estaría bueno armar algo!!, te dejo mi mail"
sé que suena a patetica excusa, pero fue lo que se me ocurrió.
seguí caminando, me tomé el subte y llegue al trabajo.
tal vez la vea mañana, en la marcha.
y sino...
pelirroja que me miraste en el tercer piso de filo, que hablamos en el encuentro en rosario, vos y yo nos vamos a encontrar... sabelo.
te lo firmo yo, de estricta etiqueta negra
salutes
jueves, 30 de octubre de 2008
el 60
esta fantasía esta anclada en dos hechos de la realidad:
fact Nº1: soy muyyyy distraída para cruzar la calle
fact Nº2: el 60 suele doblar muy rápido en esa esquina y ya se llevó puesta a una viejita minutos antes de que yo cruzara por ahi (una amenaza, bah)
bueno crucé la maldita intersección durante tres años cada vez que iba al trabajo asi que había chances de que me pisara por lo menos dos veces al día durante cinco días a la semana por tres años. (do the math) pero creo que es una alta probabilidad.
asi pese a mi delirio, sobreviví. nunca me pisó. ahora no paso por ahi, pero quien dice...
después de una serie de terribles encuentros con chicas con las que pretendía entablar algo parecido a una relación y que han terminado de manera desastrosa -pero casi sin consecuencias neurológicas- he tomado una decisión. y no consiste en tirarme debajo del 60.
he decidido que sólo hay una manera de encarar las relaciones a los treinta años y no terminar pensando que esta es o: a) la mujer de mi vida o b) ¿te pido un taxi?.
la mejor manera es quitarle la presión al evento. pero como engaño a mi cerebro para que no complote contra mi en una primera "cita".
aqui mi solución.
desde hace un tiempo a esta parte he decidido que al amor de mi vida la pisó el 60 hace dos años. nunca llegué a conocerla, asi que no me pone triste. no había nada que me atara a ella. nada. sólo sé que era el amor de mi vida. de ahora en más todas aquellas señoritas que conozca no serán el amor de mi vida, puesto que el amor de mi vida se murió.
eso le quita toda la presión al encuentro. sólo puede ser una experiencia amable con una persona amable que por ahi se transforme en un relación, quizás. pero no es la relación, esa ya no es posible. como dije antes se murió.
creanlo o no, funciona. es un gran ejercicio mental.
salutes
miércoles, 29 de octubre de 2008
CNTP
no son las siglas de alguna comisión que regula algo
resulta que estudié en un colegio técnico.
si, además de arqueóloga soy tecnica química. ¿de qué me sirvió?
bueno de esto...
resulta que esas siglas corresponden a una frase muy común cuando se hacen experimentos en un laboratorio y significan CONDICIONES NORMALES DE TEMPERATURA Y PRESIÓN.
ahora bien, resulta que cuando te dan un problema para resolver te dicen si las condiciones son normales de temperatura y presión. como esos datos ya estan dados, una resuleve el problema facimente.
pero lo gracioso sucede cuando una se va al laboratorio.
ahí nunca existen tales condiciones, porque tales condiciones no son "normales" es decir son un artificio matematico que te permite establecer algunas de las variables y dejarlas como fijas y asi no tener que preocuparse. por lo que el experimento nunca sale exactamente como esta planeado.
lo mejor de todo es que todo el razonamiento de los libros de química estan pensados en términos de Condiciones normales, salvo aquellos que se dedican a alterar alguna de las dos condiciones para ver que es lo que pasa (como por ejemplo en la termodinamia)
pero bueno, ete aqui mi problema. ¿cuales son las CNTP de la vida misma?
porque a mi me gustaría, realmente me gustaría, tener dos variables lo suficientemente controladas para poder manera las otras un poco mejor.
pero supongo que esto no funciona asi.
es decir, nos educan en CNTP y cuando salimos a la vida vemos que ni esas dos variables las tenemos controladas.
a la hora de hacer las cuentas los resultados salen redondos, pero cuando vamos al laboratorio vemos que no es asi, que jamás el experimento nos va a salir como dice el libro simplemente porque no estamos en CNTP, nunca.
y todo esto porque estoy escribiendo sobre paradigmas científicos y leyendo teoría de la práctica.
salutes
martes, 28 de octubre de 2008
somos amiuitos del facebook
A POR ELLOS! dice:
y ahora qué se hace?
bond, james bond dice:
no se nos ponemos cositas
bond, james bond dice:
asi la gente piensa que somos mejores amigos
A POR ELLOS! dice:
jajaja
A POR ELLOS! dice:
en serio, no sé para qué sirve ese facebook
bond, james bond dice:
yo tampoco
bond, james bond dice:
se que esoy ahi
A POR ELLOS! dice:
eso es bueno, saber donde estás, para esos días donde no te hallas
bond, james bond dice:
claro
linaje
mi abuela fue una de las mujeres más duras que conocí. esas mujeres que pueblan cuentos de garcía marquez.
mi abuela una vez me llevó a su cuarto y me contó esta historia.
su madre había muerto cuando ella y su hermano eran chicos. su padre se había vuelto a casar con una mujer que al parecer no quería mucho a sus hijos. mi abuela no me dio muchos detalles en su relato, pero me dió a entender que su padre los golpeaba (me dijo "me daba unas tundas, que madre mía") a su hermano y a ella. no dijo nada de algún abuso, pero imaginé también por ese lado.
a sus 17 años, mi abuela y su hermano deciden escaparse de la casa de su padre. la guerra civil ya había empezado en españa y su hermano se fue a pelear con los republicanos. nunca volvió.
para ese entonces, mi abuela ya había conocido al que sería mi abuelo, que también se había ido con los republicanos, con la promesa de que si volvía los dos se casarían.
mi abuela, se refugió en casa de una tías, fervientes franquistas (por no decir unas chupacirios), que la obligaron durante toda la guerra a llevar luto por un hermano que había caido por franco.
mi abuelo logra volver de la guerra en 1939 y se dirige hasta la casa del padre de mi abuela a pedirle su mano. el señor en cuestión le respondió a su pedido diciéndole que él ya no tenía hija alguna.
se casaron, tuvieron tres hijos y emigraron a argentina en 1952.
esta fue la unica vez que me contó algo en relación a su pasado, pero fue suficiente para entender la dureza de esta mujer. mi abuela reía pocas veces. pero su risa era muy franca. mi mamá una vez me dijo que no recordaba la última vez que su madre la había besado y abrazado.
mi abuela nunca supo dar cariño, pero lo dió como pudo. y se quedó viviendo hasta que sus hijos fueron lo suficientemente fuertes como para dejarla ir.
no la fui a ver antes de morir, me dijeron que preguntó por mi.
no quise ir.
tengo la unica foto en la que sale sonriendo. a su lado, mi abuelo. creo que él fue la única persona que la pudo hacer reir.
vengo de un linaje de mujeres fuertes, decididas, que se enfrentan a todos y a todo.
no puedo hacer menos que eso. esa es mi honra, y ese es mi homenaje a todas ellas.
lunes, 27 de octubre de 2008
despedidas
Despedidas
Las cosas habían cambiado poco desde esa primera vez y la música saliendo de los parlantes.
Ella sintiendo todo el cuerpo, todo un cuerpo nuevo, nuevos sabores, nueva boca. Para María también era todo nuevo, siempre lo era, cada vez. Así que lo aceptaba como se aceptan todas las cosas buenas de la vida, un alfajor terrabussi negro, o una coca helada a las tres de la tarde de la resaca.
Ese cuerpo en cadencias, que se agitaba, casi espasmódico, ese aprehenderse en cada gesto, esos besos que no se terminan nunca de dar.
Esa noche de ladrones, de escondidas, de juegos en la luz, y en oscuridades, de fríos, de una cama sin sábanas que no estaba esperando un estreno, más bien una misma repetición.
Música, una nota musical, un juego de saberse, de estrenarse, aunque ya se sabían por muchos otros lados. Un te amo que se cae, no entre sábanas, pues sabanas no había, sino entre los brazos y un libro y piernas estrujadas y pieles nuevas y que linda que sos pendeja, y vos también, que linda que sos.
Así, exactamente cinco meses después, en esa misma cama, que ya no olía a estreno, a nuevo, que ya tenía sábanas, que ya había sido testigo de las más variadas funciones, viciadas por una rutina, que no alcanzaba en tiempo a ser rutina. En esa cama, en ese cuarto, exactamente cinco meses después, con un día de calor, pues ya habían pasado cinco meses, los exactos meses de invierno, de un invierno de esos, de los más fríos que se recuerdan, Ella le decía a María que no la amaba más.
Así, como lo escribo ahora, en este estilo malamente plagiado a Cortazar, con un cigarrillo que se apaga, con la colilla que se interna, se lo dijo Ella a María.
Le dijo que no la amaba más, que no podía ni quería mentirse más. Ni que sueños ni que luchas, ya no había nada por que luchar, que se sentía cansada, que se sentía egoísta. Se sentía confundida. (¿confundida de que? ¿ya no me amas más? ¿cómo es posible?)
María lo sabía, lo sabía, lo sabía. Se sabía presa de un sueño que no podía durar demasiado, de amor en un telo, cuando ni un lugar para amarse tenían, fijáte vos, cuando tenían que dosificar ese amor en dos horas, porque ya no había ni tiempo ni plata ni nada. Y en ese sucio telo, porque fijate vos que no le digo hotel, le digo telo, María y Ella se cogieron dos horas y hablaron y lloraron y se dijeron cosas sucias al oído, y cosas hermosas a los ojos y se miraron las espaldas.
Y así Ella se lo dijo a María, que se quedaba, se quedaba en un lento sueño, en un lento sueño de amor que se termina, rota por todos lados, ahora sí más presa que nunca. María presa y Ella en libertad, como quien se va de una estación de tren.
Y Ella ya había marcado territorio y Ella ya había hecho nido en su casa y había puesto huevos que ahora salían lentos en cada rincón de esa casa que había sido lo que el telo nunca pudo haber sido. Y así es con la razón, querida Ella, que busca explicar hasta lo que la razón entiende, y deja de lado todo lo irracional, y así es como María buscaba aferrarse a esa razón, a todo lo racional que hay en esta vida para encontrar una explicación que calmara sus ansias positivistas, negras y rojas, de navaja de Ockham, cuando sabía (y esto siempre lo supo) que Ella no era de del lado de acá. No era del lado de la razón, no tenía explicaciones, porque obraba por impulso, por irracionalidad, por desacato a todas las leyes de los hombres y mujeres que se han empeñado en poner leyes y orden en algo que se empeña en no tener ni leyes ni orden, ni hombres ni mujeres.
De irracionales y racionales, de mentiras y verdades, de telo y casas y así como si nada se fueron escribiendo estas líneas que pretenden ser lo que nunca serán. Por que hay que tener mucha cuota de razón y todo el peso de la lógica, para poder explicar lo que no se puede explicar, porque no se puede conocer. Y así M se fue cayendo en el pasar de los días, lejos de todo aquello que alguna vez fue el nombre de la felicidad, lejos de un Buenos Aires que dejó de llamarse en tres letras para volver a ser Buenos Aires y sus olores. Y así M se hundió en el peso de la razón, para que toda la irracionalidad no se le cayera sobre los hombros y le ganara esta batalla, para que ya no volviera a sus lentas tardes de mate y espera, y solo le quedasen los mates y la computadora, esperando a que María se siente a escribir su cuota de seminario y dudas y que se reciba y haga las cosas según lo planeado, que es recibirse, doctorarse y que se yo que más, pero todo adentro de la razón, de lo planeado.
Pero de lo irracional, de lo que no se conoce, no se habla, no se dice, y del amor, y de ese amor, María no sabe si quiere saber, no sabe si quiere saber si va a quedarse con el sabor de una cama ya sabida, y de unas palabras que suenan a lo que tienen que sonar, cuando en esas palabras ya no hablan más de sabanas, ni de encuentros, ni un llego en el de las ocho y media, ni de un te invito un helado, ni de un que linda, linda que sos.
De esos cinco meses, en los que el amor se llamó con todos los nombres que uno cuando está enamorado le pone al amor, María se queda con uno, con el segundo, pero no por algo en especial, no por nada, sino porque elige ese, elige ese entre los cinco meses, elige junio, como se elige una hoja entre todas las hojas en blanco que se escriben, como se elige esta hoja, es decir, al azar, no sin cierta cuota de sino, pero más bien el azar.
y de estas palabras María elige las que escribe como si escribiéndolas exorcizara todo lo que de irracional hay en ella, como si en estas palabras pudiera escupir a toda la Ella que tiene en el cuerpo. Por que si vamos al caso, María tiene mucho de Ella en el cuerpo, mucho de irracional, mucho, aunque después lo niegue y diga que no, que no es así, que ella es una mujer racional, que llora, pero que llora por lo racional que es. Aunque después, siempre después, sepa muy adentro (donde se saben todas las cosas ciertas de la vida) que llora por lo que no fue, por lo irracional y, puesto que nadie puede llorar por lo que no fue y, puesto que si no fue, es que no era, y si no era, pues no existe y si no existe no se conoce y si no se conoce, pues para que llorar por eso.
Pero Maria llora por Ella, Ella la pendeja, Ella la niña, Ella, Ella la irracional, Ella la impulsiva, Ella la destruye puentes, Ella linda que linda que sos, Ella la que iba a ser compañera, Ella la copiloto.
¿Y de Ella? y de ella se sabe muy poco, no se sabe si la llora a María, si muy adentro suyo sabe (como se saben todas las cosas ciertas de la vida) que va a extrañar a esa parte racional, si la va a dejar ir como se dejan ir las verdaderas cosas buenas de la vida, como un alfajor terrabusi negro o una coca a las tres de la tarde de la resaca. Si sabe de los huevos que se empollan lejos en una casa que fue lo que el telo no supo ser. Si está siendo sorprendida en otras miradas, en otros cuerpos. Sí se sabe que se curará tanto más pronto que María, destrezas de juventud que le dicen, en donde se apuesta a que el más joven es el que tiene la capacidad o el vicio de sanar las heridas.
De la cobardía a la infamia, de quien no es cobarde y se deja amar, se entrega. De cuidados intensivos, de esto y aquello, y uno que piensa que la vida es un pagaré y que las cosas vienen más o menos por el camino por donde van. Así, después de esto, María se sigue acordando de una noche de Mayo en donde se durmió, como se suele decir, en brazos de los dioses, para despertarse, desnuda al lado de Ella, también desnuda. Sintiendo que eso, y no otra cosa, era la felicidad, que la felicidad no estaba empezando, sino que eso era ser feliz. Y sintió que Ella, la infantil, la pendeja, la copiloto, lo sentía también. Y que eso explica ahora sus lágrimas más racionales, no las irracionales, ya que de esas no tiene la explicación, ya que he dicho que esas lagrimas no tienen explicación posible, porque son lagrimas que no han de ser, porque nunca han sido.
Y de cigarrillos y colillas que se prendían y apagaban. De noches pegajosas y transpiradas, en donde Ella le escribe a María una carta, porque María se ha quedado dormida escuchando un disco. Ella se sienta a la computadora y empolla un huevo, un huevo que queda ahí esperando a ser abierto, uno más de los cientos que Ella deja caer por toda la casa y en toda la computadora.
De noches de cigarrillo sin alcohol, porque Ella no toma alcohol, de noches de puro amor y sexo, de cogerse con ganas y de hacer el amor lentamente, para volverse brillante, pura chispa. Eso, de cogerse con ganas, por eso llora María, esas lagrimas son racionales, porque María extraña coger con Ella, porque extraña el cuerpo de Ella.
Linda, que linda que sos, pendeja.
a casi un año de haber escrito esto, el recuerdo de su cuerpo aun me da descargas.
es casi lo único que recuerdo de ella. su cuerpo, básicamente la espalda. el resto, ha entrado en la franca indiferencia.
este es el paso final hacia el olvido.
me zambullo y disfruto
sábado, 25 de octubre de 2008
se va la primera
la primera chica que me hizo cerrar la boca del estómago, así al mirarla nomás.
tenía yo seis años y era el primer día de primer grado.
a muchos de mis compañeros ya los conocía. habíamos ido juntos al preescolar, en la misma escuela.
unos pocos más habían sido mis compañeros en los primeros pasos de los jardines de tres y cuatro.
entre ellos, estaba ella.
mi recuerdo, que es parcialmente inventado (aunque no se cuando lo inventé) consiste en lo siguiente:
yo entrando al grado que nos habían asignado, charlando con fernando o con alguien más, eso no lo sé con seguridad.
solo sé que en un momento levanto la vista y estaba ella mirándome y sonriéndome.
habíamos ido juntas al mismo jardín, mi mamá conocía a su mamá.
ella estaba hermosa lo que provocó el vuelco de mi panza.
peinada con dos trencitas (eso estoy casi segura que es mentira, porque la peinaba su hermano mayor y no le hacía trencitas le hacía colitas, pero yo la recuerdo con trencitas) y dos chuflines (lease gomitas para el pelo).
guarpapolvo blanco.
no me acuerdo más. es sólo eso.
seguimos juntas toda la primaria. nos hicimos amigas, no mejores amigas, pero si amigas.
fuimos juntas de viaje de egresados, yo absoluta y totalmente enamorada de ella.
lo más gracioso, es que hasta mi adolescencia, jamás sentí que estar enamorada de una chica fuera algo malo. era, mas bien, algo imposible. en mi cabeza de chica de pueblo chico en la década de los ochenta, era a la única persona del mundo a la que le pasaba eso.
por lo tanto J, era un amor imposible.
jamás me gustaron los chicos, nunca me interesó seducirlos. me interesaba, en cambio, la libertad que la sociedad les daba por el solo hecho de ser varones. los juegos que hacían, los inventos que inventaban. así, en mi infancia me la pasé jugando a los cowboys con mi hermano y con mi vecinito. con mi primo jugabamos a inventar los transmisores de star treek y jugar a la mañana en el gigantesco depósito del negocio de mi tío. a la hora de comer, escuchabamos a la abuela que nos gritaba para que fueramos a comer, acompañados por un "so pendones" (vocablo español que sirve como reemplazante de sinvergüenzas) por haber prendido un fuego cerca de las sabanas tendidas.
bueno, asi estabamos y entré a la secundaria. seguía absolutamente enamorada de J nos tocaron en divisiones distintas, pero nos seguiamos viendo. a esa edad, y viviendo en un pueblo, los más chicos empezaban a salir a los boliches. yo no, aun no me gustaba.
J empezó teniendo novios a los que yo inmediatamente odiaba con toda mi alma.
fue pasando el tiempo y la amistad con ella fue haciendose cada vez más grande, más profunda.
mi amor por ella, también.
juntas atravesamos momentos muy dificiles y sin que nos diéramos cuenta casi, el lazo que nos unía se fue haciéndo cada vez más estrecho.
aun seguía enamorada de ella y eso dolía.
(en otro post relataré mi fase heterosexual, que gracias a los dioses, duró poco)
así, cumpli 19 años y me vine a estudiar a capital
ella tambien vino, pero no duró mucho aca. buenos aires puede ser muy malo si se lo porpone.
yo seguía sintiendo muchas cosas por ella, pero sabía que en capital tenía una oportunidad muy grande para empezar a ser como yo sentía que debía ser (una torta, bah)
a J pude dejarla ir recién cuando conocí a C, quien sería uno de los amores más grandes que he tenido y de los más imposibles también.
desde que llegue a capital han pasado casi diez años. en ese tiempo, la amistad con J se fue haciendo cada vez más fuerte.
esta es la edad en que las verdaderas amistades decantan y te quedás con aquellas personas que realmente significan algo en tu vida. hace 27 años que nos conocemos. pero hace 10 años que somos casi como hermanas. pude dejar de amarla, porque fue casi un amor inocente, aunque en su momento me quemó. raro, porque la dejé de amar y, sin embargo, nos une el amor.
un año atras, en la fiesta de mi cumpleaños le dije, totalmente ebria, que ella había sido la primera chica que me había gustado y la primera chica de la que me enamoré.
ella, riéndose, me contesto: no me hagas la culpable de tu lesbiandez!!!!!!!
a ella, a mi primer amor, de inocencia pura, por esas trencitas que me gustaron cuando ni siquiera sabía qué era eso de que me gustara alguien.
por nuestra amistad y hermandad.
viernes, 24 de octubre de 2008
azar
desde que tengo memoria, siempre quise ser arqueóloga. ni sabía que era, solo sabía que quería hacer eso. la vida pasó, como pasa siempre y los últimos años de la secundaria llegaron. tenía que dar ese salto. elegir. la química me gustaba, no voy a negarlo. la idea de que todos las cosas de la vida tuvieran explicacion desde lo físico y químico calmaba mis ansias positivistas, empiristas y obsesivo-compulsivas.
pero cuando tuve que elegir, hice algo que jamás había hecho. elegí. elegí ser arqueóloga. ser eso que no sabía que era, pero desde por lo menos los siete años, sabía que quería hacer.
me fui. me fui a buenos aires, y comecé el cbc.
de ahi en adelante, ya no supe como fue, pero me embarque en la carrera de antropología en la facultad de filosofía y letras.
mucho no entendía, mi amor y desición por la arqueología no conocía racionalidades. era algo viseral, impulsivo.no sabía como.
tuve, claro que si, mis dudas. pero alguien -como siempre, una mujer- me impulsó a seguir.
terminé mi carrera tarde, desalentada por las pocas perspectivas de ejercer mi profesión. hasta que la suerte, el azar y algo que aun no puedo explicar, me hiceron encontrar a una persona que creyó en mi, solo como potencia.
aqui estoy, "siendo" lo que siempre quise. de manera qe cuando alguien me pregunta que es lo que hago, siempre contesto con una sonrisa: yo? yo soy arqueóloga. del club y arqueóloga.
PD: si es cierto, tengo el sombrero de indiana jones, todos las/os arqueólogas/os tenemos algo que nos lleva a la aventura... pero lo mio es puro fetiche.
PD 2: además mucho tiempo después me encontré con que cumplo los años el mismo dia que el se se considera padre fundador de la arqueología en argentina ¿casualidad?
PD 3: m: ¿no habias empezado este blog para hablar de tu suerte en el amor?
voz en mi cabeza: bueno, empezaste por esto, quien te dice...
un comienzo
Un aprenderse, un saberse, un sabor amargo en una boca que no dejaba de repetir su nombre, nombre que se desvanecía en esa tarde de primavera que anunciaba tan bonito un verano caliente.
M. miraba el atardecer como se mira algo que se va, que dura lo poco que tiene que durar y es tan lindo que sea así.
Se fue a la estación, tenía visitas, de esas que le ayudaban a pasar el fin de semana. Cosas de todos los Domingos de ese verano, cortar el pasto, preparar el fuego. Se fue a la estación a esperar a las visitas. Pero M. no esperaba visitas, se puede decir que ciertamente las esperaba, pero no las esperaba a ellas, la esperaba, como quien espera que ese cielo negro que anuncia tormenta de verano no se caiga a baldazos de agua fría en quince minutos, cosa que efectivamente sucederá. M. la esperaba a ella, esperaba verla bajar del tren, saludarla con un fuerte abrazo. Mirarse, reírse, saber que había despertado, que esa realidad era la realidad, que lo anterior era, lo que se decía, un mal sueño.
No bajó, no vino. Sí vinieron sus visitas, las saludó.
No sabía si había un tiempo para curarse ni un tiempo para esperar. No había que esperar a nadie, nadie iba a bajar de ese maldito tren. Solo para contemplarlo, solo para mirarlo, solo para saber que habían cosas que se marchaban y cosas que venían. Que tal vez ella era de las que se marchaban y sabía que era de las que no vuelven.
La certeza se despejaba sola en su cabeza una vez más. M. sabía que ella no iba a elegirla nuevamente. Cualquiera fuera la razón no había manera de volver. Siempre que bajara de ese tren, si es que alguna vez volvía a bajar, lo haría viniendo desde otro lugar. Desde ese otro lugar que M. empezaba a odiar, con un odio sordo, opaco. Igualmente, sabía que las probabilidades de que bajara de ese tren nuevamente desde ese otro odiado lugar, incluso, eran pocas. No volvería a Mercedes. No iba a pasar. M. se marcharía de Mercedes en Abril del año que viene, con una beca en la mano, con las ganas de empezar algo nuevo, con el sabor del deseo cumplido. Un departamento en capital, las mañanas y las tardes trabajando en su tesis. Las noches en casa, sus amigos, extrañando las tardes de mate y sol en Mercedes, pero disfrutando lo nuevo en su vida.
Tal vez a fin del año que viene, se sintiera preparada para empezar algo de nuevo. Tal vez a fin de ese año, sintiera que no había que esperar ese tren. O que tal vez en ese tren iba venir alguien más. Alguien diferente, nuevos olores, cuerpos y bocas. Ese empezar de nuevo una vez más. Más tranquila, reservándose un poco, cuidándose. Y sin embargo, cada tanto se preguntaría tirada en la cama, desnuda, fumándose ese cigarrillo que se resistía a dejar, antes de dormirse, luego de una noche de coger o hacer el amor (que más da) si valía la pena amar así, si se podía reservar, si cuando uno ama se reserva. Se acordaría (en secreto) de ese tren, de ese invierno. De ese darse a pleno. Esa forma de entregarse, que nunca más había podido y (sobre todo) querido hacer. Amar racionalmente, psicológicamente, metódicamente, pacientemente, reservadamente. Dejar lo intensamente, apasionadamente, locamente, entregadamente del amor en un vagón de TBA rumbo a Mercedes, para que alguien, que no era M. ciertamente, lo esperara en el andén de la estación a las ocho y veintitrés de la tarde.
Amar en colectivo o en subte, racionalmente, dando de a poco, en cuenta gotas. Ese amor que no se escapa de las manos, ese amor mentiroso.
Otro buen amor, diferente, para no caer en ese odiado, sordo y opaco lugar. Otro amor que inaugurara el año a besos, a mordidas en el cuello, en los hombros, ese encontrarse en otros ojos, saberse amada, amar (racionalmente, lógicamente, psicológicamente), pero amar al fin. Jugar con un nuevo cuerpo, disfrutarlo como se disfrutan las cosas buenas de la vida. Aceptarlo como se acepta todo bueno de la vida. Decirse las cosas en los ojos y en las espaldas, escribirse el cuerpo, buscarse y encontrarse.
Así ese año empezaría con M enamorada (racionalmente, lógicamente, psicológicamente, cuidadamente) queriendo su tesis, su amor, su gato, su departamento y de vez en cuando, muy de vez en cuando, cuando ella se durmiera luego de coger o hacer el amor (que más da) pensaría en ese tren y en la persona que estaría esperando ese amor de los que aman locamente, apasionadamente, intensamente, entregadamente. Pero de tonta solo tengo la suerte (gracias Julio por esa frase tan acertada), diría entre risas, apagaría el cigarrillo, la abrazaría, como se abrazan las cosas buenas de la vida y se quedaría dormida soñando con un tren que se va, con ella adentro.
Esto lo escribí en noviembre de 2007, aquejada por un amor que se había ido hace meses y que, de alguna manera enfermiza, esperaba que vuelva. No volvió -gracias a todos los dioses-. Si vino la beca y el depto en capital. Si vino uno de los mejores años de mi vida, en materia profesional, de amistades, de amor. El poder de las palabras. Austin tituló un libro una vez que se llamaba How to do things with words. Si, las cosas se hacen de palabras, de gestos, de práticas, de dolor. Pura pragmática y pura performance.
De alguna manera, empiezo de nuevo en este escribir, a hacer cosas con las palabras. a poner en gesto lingüístico para que se haga realidad. De mentiras y verdades, de sueños y de como poner en palabras aquellas cosas que sueño.