a esa mujer a la que nunca le escribí.
a esa mujer que me regaló su cuerpo una noche hace mucho tiempo ya, para taparme y curarme de un dolor tan grande. que me dejó posar mis manos sobre la piel pintada de su baja espalda.
a esa mujer que no supo cuanto se llevaba de mi esa noche interminable, en sus labios junto a los mios, en su cuello, su cintura, en sus piernas enredadas en mi tronco, en su panza de madre.
a esa mujer a la que no le supe decir que aquello que se llevaba era lo poco que le podía dar de mi, pero era casi todo lo que tenía para dar.
a esa mujer que nunca supo lo que me gustaba ni cuanto la había deseado y que solo el bad timming había provocado ese desencuentro que fue encuentro.
y nunca le escribí ni le pude decir que si hubiese sido al revés, mi cuerpo hubiera estado dispuesto a taparla y a curarla en una noche interminable. que si ella me hubiese permitido, le hubiera dicho que yo también quería hacer con ella lo que alguna vez ella había hecho conmigo.
a esa mujer nunca le escribí. porque no pude, porque no hubo el tiempo dentro del tiempo para hacerlo y ahora que ha pasado tanto (tiempo y lugar) le escribo. quizás porque aquel dolor ya ha desaparecido, quizás porque nuestro bad timming perdurará por siempre, pero una debe apostar con el desencuentro del encuentro.
y tal vez piense que mi escritura es intempestiva y se entromete en su universo. nada más alejado de mi deseo. no es eso lo que persigo.
mi deseo es que sepa de una vez lo que tengo para decirle. que no es esto, sino algo más. que no escondo otra virtud que las que me conoce y que mis defectos son los que le han encendido la carne más de lo que pude haber pensado.
que de lo poco que le pude dar no me lamento. si, me queda como tristeza el no haber sabido decirle antes las palabras que aun me callo.


